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La Iglesia latinoamericana discutirá en congreso sobre la prevención del abuso de menores

  • El encuentro es convocado por el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor, con sede en la Ciudad de México
  • A partir de las reflexiones y análisis que se aborden, se generarán redes y relaciones, “que permitirán fortalecer el trabajo preventivo”

Del 6 al 8 de noviembre próximo, tendrá lugar el “Congreso latinoamericano sobre la prevención del abuso de menores en la Iglesia católica” en la Universidad Pontificia de México. El tema central  se desarrollará en torno al análisis y a la reflexión en materia de infancia, prevención del abuso sexual en la Iglesia, medidas cautelares, procesos integrales de prevención y discernimiento vocacional.

En entrevista para Vida Nueva, el sacerdote Daniel Portillo Trevizo, director del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME) -organismo que convoca el encuentro- se refirió a los avances que ha tenido la Iglesia en México en este tema.

Sobre el congreso, manifestó que uno de los objetivos es “la generación de redes, de relaciones, que permitan fortalecer el trabajo preventivo, así como identificar las comisiones y diversos equipos de trabajo que están ya inmersos en esta labor”.

A su vez –añadió– el Congreso permitirá tener una noción de lo que la Iglesia Latina ha padecido en cuanto al abuso se refiere, así como de las estrategias que se han implementado para hacer justicia a tal realidad. “Aquí la importancia de la interdisciplinariedad, pues diversos expertos, desde la ciencia que dominan, aportan herramientas y métodos concretos para bien de la Iglesia y la sociedad en general”.

Una red que coincida en principios y filosofía

Por otro lado, Daniel Portillo se refirió al trabajo que ha realizado el CEPROME en la prevención del abuso: “evidentemente trae consigo sus desafíos particulares, porque es una realidad latente, y además es un tema que interpela a quien trabaja dentro de una estructura eclesial”.

En relación con las problemáticas concretas que ha enfrentado como director de este centro, consideró que “la más latente podría ser la incertidumbre que genera invertir (en todos los sentidos) a un proyecto de este alcance, pues implica un trabajo de tiempo completo, un verdadero compromiso, total transparencia, relaciones, recursos y, por supuesto, sensibilidad para acompañar a quien se ha visto afectado por algún abuso”.

No obstante, manifestó que pese a esas “dificultades, han sido más las satisfacciones de poder ver que las metas trazadas se van llevando a cabo, así como un sinfín de personas convencidas y comprometidas con éste apostolado”.

A tres años de haberse creado el CEPROME, su director consideró que el mayor acierto ha sido el prestar atención al trabajo en conjunto. “Afrontar la cultura del abuso de manera solitaria resulta sumamente complicado, como si sólo ‘nosotros’ tuviésemos la ‘fórmula’ para ello. El trabajo en conjunto te permite dimensionar tus avances e identificar aquello en lo que hace falta seguir creciendo, compartir estrategias, sumar esfuerzos, crear una red que coincida en principios y filosofía”.

Daniel Portillo enfatizó que el CEPROME tiene como uno de sus principios el trabajo colegial y sinodal, caminar en conjunto: “sabemos la importancia y el alcance que tanto las diócesis y cada conferencia episcopal tienen en sus respectivos territorios. A final de cuentas, hablando en un sentido estricto, son ellas las que deben responder a cada uno de sus desafíos. CEPROME viene a ser una opción y un espacio de formación para que las diócesis y conferencias formen y capaciten a los diversos agentes de pastoral”.

Los avances en México

Para el sacerdote, el hecho de que se hable abiertamente del tema, en comparación de años o décadas pasadas, es ya un gran avance para la Iglesia en México. “Ahora bien –dice– no todo se queda en ‘habladurías’, sino que diversas diócesis, presbiterios, seminarios e instituciones educativas, han solicitado formación al respecto, se acercan para solicitar asesoría en cuanto a protocolos y códigos de conducta. Esas acciones son pasos importantes, pues no es nada sencillo hacerlo, se necesita de mucha valentía”.

En todo proceso –añadió- “hablar de avances implica también tomar en cuenta ‘lo que falta’, claro, sin obsesionarse ni por uno ni por otro, pero tener una visión amplia y objetiva del contexto. Lo menciono porque aún existen sectores del país, que por razones diversas, incluso que desconozco, aún no se percibe interés alguno por iniciar un trabajo. Espero que sea cuestión de tiempo para que puedan sumarse y trabajar en sintonía como pueblo fiel Mexicano”.

Finalmente, refirió que la realidad del abuso, tanto dentro como fuera de la Iglesia, es un tema y una realidad, “además de triste, incómoda”, por lo que consideró que es necesario asumir un compromiso, “pues lamentarse solamente no aporta mucho; se necesitan acciones concretas y resultados palpables que avalen el trabajo que se está realizando”.

Consideró que no se debe tener miedo de invertir los recursos necesarios para este trabajo, no sólo económicos, sino personales, de tiempo, de reflexión académica. “Lo he dicho en anteriores espacios, y lo sostengo, puede parecer que la prevención cuesta, pero atender a una víctima cuesta mucho más. De tal manera que la prevención es un compromiso y una responsabilidad de todos”.

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