José María Guibert: “El liderazgo ignaciano es muy democrático, se reencarna en muchas personas”

  • Dos nuevos libros repasan las lecciones de liderazgo que aportan al mundo de hoy san Ignacio de Loyola y sus seguidores en la Compañía de Jesús
  • El rector de la Universidad de Deusto cuenta a Vida Nueva cómo el del fundador de los jesuitas aúna el “liderazgo de servicio” y el “transformacional”

El Centro Loyola Donostia acogió este lunes, 13 de noviembre, una edición del DeustoForum Gipuzkoa dedicado al “liderazgo ignaciano”. Dos libros y sus autores han servido de referencia: El liderazgo ignaciano. Una senda de transformación y sostenibilidad (Sal Terrae) del rector de la Universidad de Deusto, José María Guibert, e Ignacio de Loyola, un líder para hoy (Mensajero) del sociólogo Francisco Xabier Albistur.

Estas dos obras, desde diferentes enfoques, presentan a los líderes de instituciones de espiritualidad ignaciana a través de los valores y principios de los documentos carismáticos de la Compañía de Jesús; así como los efectos sociales que las acciones de san Ignacio generaron en personas e instituciones de su tiempo. Vida Nueva ha podido hablar con el jesuita José María Guibert sobre la actualidad del liderazgo ignaciano en una sociedad en búsqueda de referentes.

PREGUNTA.- A partir del libro, ¿cuál el modelo de líder de Ignacio de Loyola?

RESPUESTA.- Es una persona que sabe lo que quiere, que ve el liderazgo como un servicio. Partiendo de la espiritualidad ignaciana, pone su confianza y esperanza en Dios. Pero busca poner todos los medios posibles para hacer con otros eso que es bueno. Es alguien que quiere a los suyos, que destaca por ello. Busca su bien, su formación, su empoderamiento y su crecimiento. Y se fía de los suyos, confía plenamente en sus capacidades y en sus respuestas, según tiempos y lugares.

P.- ¿Qué otros jesuitas, a lo largo de los siglos, han dejado su impronta en la guía tantas personas que se han contagiado del carisma ignaciano?

R.- Curiosamente el liderazgo ignaciano es muy “democrático”, en el sentido que no busca personalismos, o caudillos únicos que destaquen por sí solos. El modo de proceder ignaciano afecta a todas las personas implicadas. Posibilita que las personas maduren y cambien. Y muchos pueden aplicar esos principios. Si uno lee los escritos de san Francisco de Javier, o repasa la vida de Pedro Arrupe hay muchos elementos comunes. Recientemente se ha publicado un libro con textos de veinte jesuitas de la primera generación. Y se aprecia como el carisma ignaciano no es de una sola persona: se reencarna en muchas personas y se hace algo muy corportativo. Mismos valores en distintos contextos. 

P.- ¿Qué podemos aprender hoy de ese liderazgo ignaciano?

R.- Por un lado, que la tarea de liderar y gobernar es importante. Es una responsabilidad. Hay que pensar en primer lugar en las personas y luego en las tareas. Sin las personas, las tareas complejas no se pueden realizar. Por otro, caer en la cuenta que las organizaciones pueden ser humanizadoras, ayudando a las personas, o pueden ser lugares tóxicos, donde las personas sufren. Cuidar los modos de proceder es otra de las enseñanzas del liderazgo ignaciano.

P.- ¿Qué otros liderazgos presentes en la sociedad actual desenmascara este estilo de liderazgo?

R.- Hago referencia en el libro al “liderazgo de servicio” y al “liderazgo transformacional”. El liderazgo de servicio, que no ha de ser necesariamente de inspiración religiosa, ve la tarea de liderar como un servicio y un bien a las personas y a la sociedad. El liderazgo transformacional no busca solo con que el líder haga que se cumplan las tareas, dando premios o castigos, sin cambiar las cosas. Busca que las personas cambien, que aporten, que hagan propuestas, y que la organización también aprenda, sea flexible y mejore. Todos hemos de cambiar en servicio a la misión.

Actualizado
14/11/2017
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