Tribuna

La vocación del catequista

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Memorias para el encuentro

El tema nos cala hondo. Evoca lo que somos, no solo lo que hacemos… sino fundamentalmente lo que somos.

Personalmente vivo la catequesis como un espacio de encuentro donde, los que hemos recibido las distintas “memorias de la fe”, somos convocados, llamados a compartirlas. El tema es que, estas memorias de la fe no son memorias muertas, sino vivas. Hablamos en nuestras prácticas catequísticas-pastorales de situaciones, experiencias que son realidades vivas, hablamos de Alguien que nos acompaña, nos llama, nos envía. Esta es la realidad que nos diferencia con quien enseña hechos de la historia…. Nuestra historia, es una historia viva.

Por eso me gusta hablar de memorias vivas.

Hay tres imágenes bíblicas que son “memorias vivas de nuestra tradición judeo-cristiana” que nos pueden ayudar a rezar, desde la Palabra (sede de la memoria), nuestra vocación catequística:

1. La memoria del barro

“Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra sopló en su nariz un aliento de vida y el hombre fue un ser viviente” (Gn 2,7).

“Dios nos formó del barro” y sopló sobre nosotros un aliento, “ruah”1, soplo de vida. Somos tierra, con todo lo bello que eso significa y a la vez, el recuerdo permanente del humus = polvo = humildad. La “adamah”2, la tierra no nos permite sentirnos mesías, salvadores de la humanidad pecadora. La adamah, es memoria de nuestra horizontalidad, nos recuerda el proyecto original de Dios en donde todo era bueno y en donde Dios nos pensó a la par de muchos hermanos y hermanas. La adamah nos convoca a recordar quienes somos, de dónde venimos, a contemplar las raíces de nuestra historia personal y de fe reconociéndonos en un gran colectivo humano en el corazón de la Casa Común.

Como catequistas nuestro eco, es el eco del Dios del génesis que nos recuerda que somos fraternidad universal, somos con otros, donde caminamos todos por igual pisando y siendo la misma tierra.

Nuestra catequesis ¿invita a la inclusión, al respeto, a la tolerancia, al reconocimiento del otro como hermano nuestro más allá de su credo, pensamiento, criterios, etc.?

2. La memoria del fuego

“Y allí se manifestó el ángel del Señor bajo la apariencia de una llama que ardía, pero no se consumía. Entonces Moisés se dijo: voy a acercarme para contemplar esta maravillosa visión y ver por qué no se consume la zarza. Cuando el Señor vio que se acercaba para mirar, lo llamó desde la zarza: ¡Moisés, Moisés! El respondió: aquí estoy. Dios le dijo: no te acerques y quítate las sandalias porque la tierra que pisas es Y añadió: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob. Moisés se cubrió el rostro porque tenía miedo de ver a Dios. El Señor siguió diciendo: He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, el oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias. Voy a bajar para librarlo del poder de los egipcios. Los sacaré de este país y los llevaré a una tierra nueva y espaciosa, donde mana leche y miel… Ve, pues yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo” (Ex 3,2-10).

Dios elije la imagen del fuego para hacerse presente en una realidad concreta. Los verbos son muy claros: escucha, mira, conoce, baja, libera. La vocación de Moisés es concreta, encarnada, desafiante.

En la primera memoria, la del barro, Dios nos convoca a caminar por la misma tierra junto a muchos y muchas que peregrinan con nosotros pero agrega una característica: en compromiso permanente con las múltiples realidades de dolor, esclavitud, injusticia y muerte que nuestra realidad nos grita. Como con Abel (Gn 4,10), la sangre de los justos clama a Dios, grita por justicia.

Como catequistas no podemos dejar de ver, escuchar, conocer y comprometernos en las diferentes realidades de dolor e injusticia y trabajar concretamente por su liberación. Toda catequesis no es catequesis cristiana si no manifiesta de manera clara su opción ineludible por los más pobres y vulnerados.

Como catequistas nuestro eco, es eco del Dios del Éxodo que no hace oídos sordos, ni ojos ciegos ante el dolor de su gente. El fuego que arde sin consumirse es muy simbólico: la pasión, el amor, la sed de justicia de Yhaveh por su gente no se consume, no se termina, es eterna. Y nos invita a vivir apasionados de la misma manera por Él y por su gente en un anuncio catequístico liberador.

Nuestra catequesis, ¿es liberadora?

¿Nos preocupamos más por los sacramentos que en gestar cristianos críticos, incluso de nuestras mismas prácticas pastorales? ¿Catequizamos para un cristianismo más jugado, vivo, dinámico profundamente evangélico y sobre todo libre?

3. La memoria del encuentro

“Para ESTAR CON ÉL”: Jn 1,35-42.

Al día siguiente estaba Juna con dos de sus discípulos. Viendo pasar a Jesús, dice: Ahí está el Cordero de Dios”. Se lo oyeron decir los discípulos y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y al ver que lo seguían, les dice: ¿Qué buscan?. Ellos respondieron: Rabí (que significa Maestro) ¿dónde vives?. Les dice: vengan y vean. Fueron, pues, y se quedaron con él aquel día. Eran las cuatro de la tarde”.

Es el tercer paso, que resignifica las dos imágenes anteriores. Nos sabemos tierra, comprometidos con nuestros hermanos, pero el espíritu, la mística, el estilo para vivir todo esto, es el que nos marca el “estar con Él”.

Pienso que hay un peligro muy claro en nuestra vocación catequística, y es que se transforme justamente en una “profesión”, un cargo, un horario, un trabajo. Todo lo que hacemos, sea en las escuelas, como en las parroquias, en los barrios, todo tiene sentido partiendo de Él y finalizando en Él como principio y fin de nuestras jornadas, el alfa y el omega.

El texto muestra una jornada que inicia en el grupo de Juan Bautista, pero finaliza en la comunidad de Jesús.

  • La escena no se da en el marco de trabajos (no se da en faena de pesca, ni en curaciones) sino se presenta a discípulos previamente Tanto es así que les basta una frase de Juan para dejar todo y seguir a Jesús.
  • Juan Bautista no usa para señalar a Jesús títulos triunfalistas, sino que usa “Cordero de Dios”, es decir marca un estilo. Inmediatamente se nos presenta de trasfondo las tradiciones del éxodo, el cordero de la pascua, la sangre que marca los umbrales de las puertas… Y a la vez Juan Bautista señala a los discípulos que también ellos van a ser discípulos del Cordero de Dios. Queda claro que Juan está encuadrando la situación: seguir al Cordero de Dios no es un camino de gloria, de Jesús fue muy claro en su rechazo al poder y al uso de títulos: huyó frente a la posibilidad de hacerlo rey y señalo claramente que “los poderosos hacen sentir su poder: entre ustedes. No debe ser así” (Mc 10,35-45). El único poder entre nosotros es el servicio.

Nuestra catequesis ¿es una catequesis triunfalista, mágica, poderosa?

¿Qué Jesús presenta tu catequesis? ¿Tu vida habla de Jesús? Recuerdo una de las frases de Francisco: es muy posible que para los jóvenes de hoy tu vida sea el único evangelio que lean. 

  • La pregunta de Jesús ¿qué buscan?

La búsqueda debe ser una característica permanente de quienes nos decimos cristianos. La búsqueda desinstala, incomoda, invita a la investigación y al estudio, pone de manifiesto nuestros límites, invita a la superación, a levantar los horizontes, a no quedarnos con la inercia de lo que siempre se hizo así. La pregunta de Jesús nos interpela, nos desarma, nos traspasa.

¿Qué buscas? ¿Cómo es tu seguimiento? Nuestras catequesis, ¿son “paquetes armados a la perfección” o proyectos abiertos a la pregunta, a la duda, al dialogo, lo cual permite que todos (incluso los que nos gusta preguntar y cuestionar mucho) nos sintamos invitados y bienvenidos? 

  • Ellos responden: ¿dónde vives?

¿Dónde vive Jesús en tu colegio, tu parroquia, tu familia? ¿Vive Jesús en tu catequesis? ¿Lo nombras? ¿Hablás de sus opciones, sus criterios, sus gustos?

  • Vengan y vean: la raíz de la vocación catequística radica en el llamado a “estar con Él”. La transmisión de la fe es un ida y vuelta permanente entre encuentros: nuestro encuentro con Jesús y nuestro encuentro con los catecúmenos. Si no “estamos con Él”, si no hay encuentro previo con Jesús, es una mera transmisión de contenidos o lindas experiencias que resbalan por la vida de nuestros niños y

Nuestros actuales catecúmenos, los niños y jóvenes de hoy están atiborrados de experiencias, información, etc., si lo nuestro no apunta al encuentro, es un dato más, una experiencia más, un clic más dentro de los tantos que linkean cada día.

Como catequista, ¿das lugar al encuentro con Jesús? ¿Nuestra catequesis, es una catequesis de encuentro?

¿Entendemos que el encuentro equivale a reconocer un “otro” al que no tengo que convencer, formatear, sino escuchar y compartir mi experiencia con Jesús?

  • Las cuatro de la tarde: esta es la evidencia del encuentro. El encuentro marca, deja huella e invita a la acción. No resbala. Queda en la

Que la memoria del barro, del fuego y del encuentro nos animen a deconstruir catequesis de inercias, ritualistas y ajenas a la vida de los chicos y chicas actuales, y construir con esperanza y una fe fuerte una catequesis de encuentro, de diálogo, de alegría, de fiesta, de experiencia. De esto depende que la memoria siga viva.

 

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SCHÖKEL, LUIS ALONSO. DICCIONARIO DE HEBREO BÍBLICO

  1. ruah= aliento vital, alma, espíritu. (Pag. 692)
  2. ha adamah, la Tierra. 1. Como material o elemento: tierra, polvo, arcilla. El hombre, los animales hechos de la tierra (Gn 2,7; 2,19; 3,19; Job 5,6; Is 45,9; Jer 18,1-6 imagen del alfarero). Elemento común a todos los nacidos de ella, de la tierra. Hermana horizontalmente. Diferencio de (ha adom = el hombre) atribuído directamente al género humano. La raíz es la misma para simbolizar la entrañable unión del ser humano con toda la gran Casa Común. (Pag 33)