Pliego
Portadilla del Pliego, nº 3.313
Nº 3.313

La Pascua, entre turbiedades y agudezas

Hace algo más de un año, acosada por los avances rastreros de la presbicia –hasta allí ralentizada por la miopía de alta graduación–, comencé a utilizar lentes estenopeicos. Se trata de gafas con una retícula negra opaca, agujereada según la necesidad del usuario. Los orificios concentran la luz que los atraviesa, haciéndola impactar directamente sobre la mácula de la retina, zona de máxima agudeza visual. En unos 15 meses, he alcanzado una precisión en la vista que jamás había logrado en mi larguísimo recorrido de miope, además de reducir en más de una dioptría el defecto de refracción (por cierto, les recomiendo su uso). Es preciso, eso sí, en los inicios de la ejercitación, soportar el entrenamiento de los músculos oculares, que se resisten a focalizar, provocando mareos o cansancio.



Esta experiencia resuena en mí al abordar la presente reflexión. En tiempos borrosos como los que vivimos, del mismo modo que aquellos primeros cristianos, podemos dejarnos abrumar por la oscuridad creyendo que la historia se ha salido de control. Ojalá podamos sostener una mirada que asiente lo que es, y se abra paso entre las tinieblas del miedo, el dolor, la incertidumbre… Cuando afrontamos la negrura y toleramos los ritmos confusos del proceso de ejercitación, la luz se cuela por las grietas y puede permitirnos ver con una finura inusitada la novedad que desea manifestarse.

A lo largo de la vida creí que el misterio pascual se había desatado tras los tres días de sepulcro. Sin embargo, registro que la iniciativa se manifiesta muchísimo antes, frente al clima de desolación que venía jaqueando al mundo antiguo y suscita la respuesta de lo Alto. Ya en la Anunciación, y aun anticipadamente en las promesas del primer testamento, se proclama la Palabra que reclama movimiento: “No temas”. De ella brota el Verbo, la Acción. El evangelio entero es una provocación a salir de las parálisis, sorderas, mutismos, a atravesar todas las muertes y renovar la adhesión a la abundancia. En épocas de crisis, necesitamos como nunca recibir el desafío: “¿Por qué lloráis?, id a Galilea”.

Lo muerto, muerto está

Pasado el extenso sábado de la pandemia, con los duelos que conlleva, atravesados por contextos de conflicto de toda índole, nos dirigimos como las mujeres al sepulcro. Como siempre, la tentación es aferrarse a lo que ha desaparecido, petrificarnos como la mujer de Lot en la añoranza de lo que no existe: la “buena moral” impregnada en la sociedad, la fluidez catequética, los templos llenos, la confianza absoluta en sacerdotes y consagrados, y tantas nostalgias similares. No obstante, lo muerto, muerto está; y allí sí que no hay retorno. El momento del llanto pasó. Es hora de ungir, agradecer, honrar y dejar partir.

“Decían entre ellas, ¿quién nos correrá la piedra?”. Una sensación que a menudo nos inunda, de que es abrumador lo que afrontamos, que el obstáculo sobrepasa nuestras fuerzas. Cuando la oscuridad nos ahoga, descendemos a nuestras tumbas que más atrapan, esas que están asociadas a los mayores desamparos, la impotencia, el registro de nuestra insignificancia. Mausoleos útero, que nos cobijan en asfixia infantilizante: ¡tan arduo es salir de allí!

Cada quien conoce su piedra, la que paraliza y en ocasiones nos impide emprender siquiera el intento, en la presunción de que será infructuoso. Cuando logramos arriesgar ese primer paso, la respuesta resulta un tierno guiño: “La roca ya ha sido retirada”. Comenzar el movimiento de coraje disipa los escollos, y lo que se veía infranqueable simplemente ya no está allí. Nótese que lo descubren ‘al mirar’; es la atención la que desvela la apertura, que hubiera pasado desapercibida si hubiesen permanecido afianzadas en la decepción. “Si Cristo es la Puerta, ¿el Espíritu será la Abertura?”, se preguntaba el místico y mártir Christophe Lebreton.

En búsqueda

“Buscáis al que no está aquí”, les dice el joven. ¿Dónde está, el que no está? Quizás un movimiento pascual sea ese: renunciar a creer que sabemos dónde encontrarlo, y ponernos genuinamente en búsqueda. “¿Adónde te escondiste, Amado…?”. Dónde está quien ha salido del sepulcro. ¿Será que, al igual que en la vida de nazareno, ha abandonado los templos para lanzarse al encuentro de quienes deambulan por los caminos? Ese Dios del nombre inabarcable no se deja encerrar en la tumba de categorías que lo limitan, sino que insiste en la propuesta de que vayamos tras Él, de que estemos donde va estando; en la dinámica que, al moverse, crea.

Las mujeres vislumbran un indicio en la ausencia. “Mirad el lugar donde lo habían puesto”, contemplad el vacío. Bienvenidas las hendiduras, las incisiones y los cortes: son los quiebres en la oscuridad, los que permiten ver lo invisible. Dice el poeta Hugo Mujica: “Hay tajos / que son de amor / que nos abren un adentro; / hay tajos, / esos mismos tajos, / que nos salvan de nosotros, / que nos regalan su afuera”. En la saturación de presencia, cuando todo parece evidente, también estamos ciegos a lo inédito; nuestros ojos colmados no perciben lo que aún no se ha manifestado. En el juego de luces y sombras, de adentros y afueras, ellas pueden hacerse testigos de la presencia incomprensible.

De Jerusalén a Galilea

La provocación continúa: “Irá antes que vosotros a Galilea”. No cabe duda de que siempre se anticipa; como la oveja, sale del carril y explora para hallar los pastos frescos. ¿Cuándo comenzamos a creer que lo encontraríamos en las estructuras, formalidades, tradiciones, al que, aunque respetuoso, no dudó empero en quebrar reglas para abrazar la vida? El acontecimiento de la Resurrección se anuncia en Jerusalén, pero se vuelve eficaz en Galilea

Salieron temblando del sepulcro, fuera de sí, y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo. Es María, la de Magdala, la que regresa “cuando todavía estaba oscuro”. Dentro de las bendiciones de la mañana que repite diariamente el Pueblo de Israel, la primera reza: “Bendito seas, oh Eterno, Dios nuestro, Rey del universo, que das al gallo la inteligencia para distinguir entre el día y la noche”. (…)

Pliego completo solo para suscriptores


Índice del Pliego

A MODO DE MARCO

LAS PRIMERAS SENSACIONES

PREGUNTAS QUE MOVILIZAN

REVELACIONES DESDE EL CAMINO

PERMANECER EN AISLAMIENTO

TIEMPO DE APERTURAS

VOLVER A GALILEA

LOS ENVÍOS

LAS SÍNTESIS DE LOS TEXTOS: PARA QUÉ FUERON ESCRITOS

PARA SEGUIR ANDANDO

Lea más: