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Editorial

Francisco: un pensamiento profético

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Durante tres días, Barcelona se ha convertido en la capital de Jorge Mario Bergoglio. La Ciudad Condal ha acogido un congreso internacional que ha desgranado el pensamiento teológico y pastoral de Francisco con una apuesta de contenidos y ponentes que no se había realizado hasta la fecha en España.

Esta convocatoria llega en un momento del Pontificado en el que no pocos han dado por terminado el baile de máscaras de una oposición velada, para dar un paso al frente y posicionarse activamente contra las reformas de Francisco. Subestimar su talla intelectual se ha utilizado como baza para cuestionar la autoridad papal y el fundamento de su eclesiología.



Este desprecio gratuito no deja de ser una extensión del desdén brindado desde parte de Europa y de la Curia romana hacia todo lo procedente de la periferia eclesial y, en especial, de América Latina. Estos juicios verdaderamente autorreferenciales y sin argumentos no han impedido que, desde el Sur, se fortalecieran los cimientos de un proceder metodológico que parte de la realidad y de la vida para conectar con lo más Alto, la metodología de la encarnación, del Dios hecho hombre. Hoy, esas reflexiones constituyen la centralidad del magisterio papal y, por tanto, del ser y hacer de toda la Iglesia.

Bergoglio ha vivido y bebido de estas fuentes, que no son otras que las del Concilio Vaticano II, contribuyendo en primera persona, como pone de manifiesto el ‘Documento de Aparecida’. De ahí se nutre la teología del pueblo, que solo puede brotar de lo cotidiano que experimenta un pastor.

Ideas renovadoras que no nacen en un laboratorio

Con estas premisas, no son de extrañar las resistencias que puedan generarse ante paradigmas renovadores, tales como la fidelidad creativa, la pirámide invertida, la opción preferencial por los pobres, la misercordia y la comunión como brújulas… Conceptos que no nacen de un laboratorio de ideas, sino desde los gritos de un mundo doliente, del diálogo con los hombres y mujeres de este tiempo, al estilo del papa Pablo VI.

Una teología pastoral con los pies en la tierra, alejada de postulados intelectualoides inmovilistas que, poco o nada, tienen que ver con la encomienda de contribuir a la misión de una Iglesia ‘semper reformanda’. Porque la teología no ha de buscar encerrar a Dios en una probeta, sino posibilitar el contacto del ser humano con lo trascendente.

El teólogo ha de confrontarse con las heridas del mundo, para buscar respuestas y reforzar el compromiso con los últimos desde el misterio trinitario. Así se descubre esta teología y pastoral bergogliana en salida, que reconoce la pluralidad y la diversidad en la comunión, con diferentes tonalidades. Profética, poliédrica y, sobre todo, católica.

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