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Editorial

Con la mirada puesta en los jóvenes

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Publicado en el nº 2.622 de Vida Nueva (Del 19 al 25 de julio de 2008).

A muchos jóvenes hoy les falta esperanza. Se quedan perplejos ante las preguntas que se les presentan de manera cada vez más apremiante en un mundo que les confunde, y con frecuencia no saben bien hacia dónde tienen que dirigirse para encontrar respuestas. Ven la pobreza y la injusticia y desean encontrar soluciones. Sienten el desafío de los argumentos de quienes niegan la existencia de Dios y se preguntan cómo responder. Ven los grandes daños perpetrados contra el ambiente natural por la avidez humana y luchan por encontrar estilos de vida en mayor armonía con la naturaleza y con los demás”.

Con la prosa certera a la que nos tiene acostumbrados, Benedicto XVI traza las preocupaciones de una juventud que ha nacido y está madurando en la sociedad de la posmodernidad, donde el abanico de ofertas es tan amplio y donde la religión lucha por recuperar su legítima función de dar sentido a la vida. En su tónica habitual de apelar a la razón, el Papa recuerda -y se lo dice a todas las personas, aunque lo haga a través de los jóvenes-: “El Espíritu nos orienta hacia el camino que conduce a la vida, al amor y a la verdad. El Espíritu nos orienta hacia Jesucristo”.

Cuando se escriben estas líneas, Benedicto XVI apenas ha tenido tiempo de instalarse en el Kenthurst Study Center, en Sydney, la residencia en la que tomará fuerzas para presidir los actos principales de la 23ª Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Pero los más de 200.000 peregrinos llegados de 77 países que participan en ella reflexionan ya sobre estas palabras del Pontífice, que ha recogido el testigo de Juan Pablo II en su encuentro con los jóvenes. A los que temían que Joseph Ratzinger no iba a ser capaz ni de congregar a las masas ni de insuflarles el aliento necesario, la JMJ de Colonia les demostró que “la juventud del Papa” es “ésta”, la de entonces y la de siempre, siempre y cuando se mire hacia ellos y se les dé protagonismo, cuando se les ponga en el eje de la pastoral y se confíe en ellos para el futuro, sin conformarnos con los ‘fuegos artificiales’ en que pueden convertirse estas convocatorias.

En otra clave más interna, si alguna delegación está especialmente nerviosa es la española, y así estará hasta el domingo 20, cuando se anuncie oficialmente que Madrid acogerá la siguiente JMJ, ya en 2011. Sería un gesto más del afecto y la cercanía del Papa hacia toda la Iglesia española. Y 22 años después de la JMJ en Santiago de Compostela, una llamada a los católicos a salir a la calle sin vergüenza para manifestar un seguimiento concreto, en un país muy afectado por la secularización y el alejamiento de los jóvenes, que realizan muestras importantes de desapego a los valores religiosos y desconfianza a la institución.

Vida Nueva asume con esfuerzo, pero con satisfacción, la cobertura de este acontecimiento eclesial de primer orden, desplazando a nuestro habitual cronista vaticano, Antonio Pelayo, como enviado especial y testigo privilegiado de este encuentro del sucesor de Pedro con el futuro de una Iglesia que busca rejuvenecerse.