.


Editorial

Tiempo de vacaciones en clave cristiana

Compartir

Publicado en el nº 2.618 de Vida Nueva (Del 21 al 27 de junio de 2008).

Llega el verano y, con él, el tiempo especialmente dedicado al ocio y al descanso para unos y a la atención de los que descansan y viajan, para otros. Lamentablemente un sector de la población no disfruta de periodo vacacional por carecer de trabajo. A la hora de enjuiciar este periodo estival y su perspectiva, una mínima ética de solidaridad cristiana nos hace posicionarnos en primer lugar con ese sector, prioritariamente joven y a la espera de un primer empleo o en el desempleo como consecuencia de la crisis económica. Descanso y servicio se alternan en estos meses estivales, meses tradicionalmente destinados a la necesaria recuperación del tono vital, tras un año de esfuerzo y trabajo. Vida Nueva ofrece su pequeña aportación con un Pliego dedicado a las distintas actividades del verano que nos han llegado. Siguiendo una tradición, nuestra oferta informativa pretende mostrar la riqueza de muchos grupos y asociaciones en estos días. Esperamos que sea de gran provecho a los lectores. Varios aspectos se destacan con el tiempo de verano y, como cristianos, tenemos que tenerlos en cuenta.

Atendemos en primer lugar al tráfico. El trasiego es más intenso en estos meses y desde las instancias públicas se pide una mayor prudencia al volante. Los responsables de la pastoral de la carretera han puesto en marcha su plan anual, que coincide en el tiempo con el programa de la Dirección General de Tráfico y que tiene ese matiz creyente que fue puesto de manifiesto el pasado año en las Orientaciones para la Pastoral de la Carretera, publicadas por el Pontificio Consejo de Emigrantes e Itinerantes, como también hace el Departamento de Turismo de la Conferencia Episcopal Española.

Hay, además, que tener en cuenta en estos meses el grave deterioro ecológico que sufren algunos lugares de playa o de montaña que son más frecuentados. La inquietud ecológica es algo que advertimos en algunos obispos que en estos días han elegido como tema de sus cartas pastorales el problema del medio ambiente. Una apuesta de la Iglesia en estos ámbitos es una apuesta por la obra creadora.

Por último, el turismo, interior o exterior, exige de todos una acogida cálida y fraterna; un trato humano y una atención importante a quienes nos visitan. El turismo religioso es cada vez más importante, junto con el cultural.

Tiempo de descanso y de asueto que también es tiempo para una mayor atención a la lectura, a la reflexión y oración; a la serena contemplación de la naturaleza, al deporte y a las actividades de tiempo libre. Un mayor tiempo a la familia y a los amigos ofrecen la oportunidad de restaurar muchos elementos que el curso y el trabajo han podido deteriorar. Son variados los elementos que entran en juego en este tiempo. El cristiano ha de vivirlos con una mirada limpia, refrescante y solidaria. Ya lo dijo en una ocasión un prelado en los años de la crisis de los 90: No pueden los gritos y risas de los que más tienen, ahogar las lágrimas y los lamentos de los pobres que buscan un trabajo digno. El cristiano tiene que ofrecer el paradigma de unas vacaciones en clave evangélica.