Editorial

37ª Asamblea del CELAM: la locomotora latinoamericana

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La 37ª Asamblea General Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), celebrada en Tegucigalpa del 13 al 18 de mayo, ha traído consigo no solo la renovación de su cúpula directiva, sino el anuncio de una reestructuración a fondo del organismo eclesial. Este anuncio hace que los obispos se embarquen en un proceso de reforma que busca ser algo más que un cambio nominal en los departamentos que lo conforman.



La cita hondureña ha servido, por lo pronto, para materializar un sano ejercicio de autocrítica y, por tanto, de madurez, en tanto que ha dado esquinazo a la tentación de quedarse atrapados por la inercia, como si lo ya establecido fuera lo único posible. Frente a ellos, los líderes de la Iglesia latinoamericana y del Caribe han apostado por abrir un proceso sinodal de consulta a todos y cada uno de los Episcopados. ¿El objetivo? Conocer de primera mano qué necesidades tienen las Iglesias locales y cómo puede responder el CELAM a estas inquietudes. Cabe esperar que sean capaces de hacerse eco de las preocupaciones de los pueblos a los que están llamados a servir y a acompañar en sus alegrías y desvelos. Por eso, si verdaderamente se confía en que Tegucigalpa suponga un punto de inflexión, se deberá retomar el método de reflexión “ver, juzgar y actuar” que ha abierto tantos caminos.

Bienvenido sea, por tanto, este ejercicio de ‘ecclesia semper reformanda’ desde el discernimiento comunitario y la escucha del Espíritu. Entre otras cuestiones, porque el CELAM no puede permitirse el lujo de mirar para otro lado ante los gritos de los vulnerables de hoy, escudándose en no contar con una estructura, medios o modos de hacer adecuados. De la misma manera, tampoco puede ir a remolque en una comunidad católica universal que necesita de su voz profética.

Y no solo porque América concentre el mayor número de católicos del planeta, sino porque el CELAM ha sido también la cuna donde se han forjado las líneas magistrales del pontificado de Francisco a través del ‘Documento de Aparecida’, referencia inexcusable para la exhortación programática ‘Evangelii gaudium’.

De ahí la necesidad de que el CELAM recupere ese ardor misionero que le ha hecho ir por delante en reflexiones teológicas y apuestas pastorales durante las últimas décadas. No se trata simplemente de arropar y respaldar al primer Papa latinoamericano de la historia –que también–, sino de ejercer de locomotora de ideas, propuestas y acciones que abran camino al resto de Iglesias, jóvenes y envejecidas, para demostrarles, como ya están haciendo, que están llamados a ser discípulos misioneros entre los empobrecidos de la tierra.