¿Está preparado el laicado para transformar el rostro de la Iglesia actual?


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El congreso

Era sin duda una de las grandes apuestas del actual plan pastoral de la Conferencia Episcopal Española y, sin duda, no ha defraudado. A lo largo de este fin de semana el gran Congreso de Laicos 2020 “Pueblo de Dios en Salida” a juzgar por quienes en él han participado, no ha defraudado. Todo el laicado español, por encima de barreras geográficas o eclesiales, ha mostrado un frente unido para acomodar el paso de la Iglesia local a las exigencias del tiempo presente. Más allá de las programaciones diocesanas, el congreso ha dejado un claro empeño de poner en práctica la nueva evangelización que propone Francisco en la exhortación ‘Evangelii gaudium’.



A pesar de que en el congreso podrían haberse oído más voces laicas, el proceso preparatorio y las jornadas de estos días pueden servir para despertar la conciencia de bautizados y mostrar toda la creatividad evangelizadora que necesita la situación actual. Obispos, políticos, teólogos, ingenieros o periodistas han trazado un perfil de las características necesarias para ponerse en marcha y ser auténticamente una Iglesia en salida y liderar unas comunidades más desclericalizadas en las que cada quien desarrolla plenamente su vocación dentro del pueblo de Dios. El completo despliegue de esta web al respecto da buena cuenta de ello.

El ejemplo

No es que la conciencia laical surja ahora de la nada. La renovada comprensión de lo secular, en general, y del laicado, en particular, que ha aportado el Vaticano II ha sido determinantes. El concilio no solo ha dejado una riada de desafección en quienes no encontraron sentido a su vocación en una comunidad eclesial en continua ‘aggionamento’, también nos ha dejado una pléyade de iniciativas laicales destinadas a la evangelización.

Hace solo una semana en España se celebraba la campaña 61 de Manos Unidas. Un ejemplo de laicidad en camino emprendido en 1959 por un grupo de mujeres de la Acción Católica. En 1960 respondían al llamamiento de la FAO para declarar la guerra al hambre montando la primera campaña al respecto. Ese año entregarían en Roma 3.000 euros para financiar un proyecto en la India con motivo del año del refugiado. Pocos años después, en 1954 recaudarían ya 54.000 euros; en 1966 la cifra sube hasta 138.000… En 2007 la recaudación sería de 62 millones de euros –el récord hasta ahora, en 2018, última memoria, fue de 47.248.884 euros–. Una iniciativa laical de compromiso de primer orden.

Esta propuesta se fue construyendo con la voluntad de unas mujeres a base de ayunos y colectas para llamar la atención de la injusticia que viven los empobrecidos del mundo. Tardaron 10 años en obtener un respaldo explícito del episcopado y solo obtendrían su personalidad jurídica desde 1978.

La Acción Católica, los cursillos de Cristiandad, la renovación carismática, la resignificación de la tercera orden y de los movimientos laicales vinculados a las congregaciones… son una muestra de una historia que no ha sido en balde.  

La tentación

En un momento en el que todos los adolescentes tiene las “tentaciones” en cualquier conversación trivial, el papa Francisco, en su mensaje al congreso, advierte de una de las más dañinas que puede vivir el laicado: el clericalismo. La denuncia al respecto en ‘Querida Amazonía’ es clara, aunque no se traspase la línea roja del celibato, la ordenación de diáconos permanentes casados o las mujeres diaconisas.

La inculturación de la ministerialidad” por la que apuesta el Papa encuentra respuesta huyendo precisamente del clericalismo. Aunque Francisco cuestiona la falta de respuesta que ha habido hasta ahora en la provisión de misioneros, diáconos permanentes o vocaciones destinadas a estas diócesis periféricas; no deja de hacer un llamamiento para que “la ministerialidad se configure de tal manera que esté al servicio de una mayor frecuencia de la celebración de la Eucaristía” (núm. 86), pero sin clericalizar el papel del laico en la comunidad cristiana o absolutizando el papel del sacerdote que preside la eucaristía. “Cuando se afirma que el sacerdote es signo de ‘Cristo cabeza’, el sentido principal es que Cristo es la fuente de la gracia: Él es cabeza de la Iglesia porque tiene el poder de hacer correr la gracia por todos los miembros de la Iglesia” (núm. 87). Por eso, recuerda que “los laicos podrán anunciar la Palabra, enseñar, organizar sus comunidades, celebrar algunos sacramentos, buscar distintos cauces para la piedad popular y desarrollar la multitud de dones que el Espíritu derrama en ellos” (núm. 89).

Ahora bien, esto no se logra sin la mutua comprensión de laicos y sacerdotes-obispos. Puede que congresos como el de este fin de semana cumplan a este fin tanto a unos como a los otros.