¿Calará la propuesta de paz de Francisco?


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La ceremonia

El pasado viernes, 30 de septiembre, el presidente ruso, Vladimir Putin, presidió una solemne ceremonia para visibilizar la anexión rusa de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk y de las regiones de Jersón y Zaporiyia, ocupadas por sus tropas. Unas regiones ucranianas que son empleadas por Putin para mantener la moral de los seguidores más acérrimos a los que la guerra se les empieza a hacer demasiado larga y mucho menos “quirúrgica” de los esperado.

El presidente defendía su causa de “luchar contra un genocidio” sufrido por los rusos en la región del Donbás y denunció los “planes imperialistas” de Occidente al estilo de Estados Unidos a quien señaló como generador de “catástrofes humanitarias, ruinas y vidas arrancadas”. “La avaricia, el deseo de mantener su poder, es la razón de esta guerra híbrida que libra Occidente contra Rusia. No quieren vernos como un socio o como un aliado, sino como una colonia. Quieren atacar nuestros valores”, reclamó.

Y es que los valores rusos forman parte del discurso de Putin, en el que la tradición cristiana no es un elemento ajeno. “Hoy necesitamos consolidar a toda la sociedad y la base de esta unión solo puede ser la soberanía, la libertad, la actitud constructiva, la justicia. Nuestros valores son el amor por el prójimo, la misericordia y la compasión”, señaló. Putin citó al ortodoxo Iván Ilyín: “Si considero que mi Patria es Rusia, quiere decir que amo, contemplo y pienso a la rusa, canto y hablo a la rusa, confío en las fuerzas espirituales de mi pueblo. Su espíritu es mi espíritu, su destino, mi destino, sus sufrimientos, mi pesar, su florecimiento, mi alegría”. Para el presidente, “estas palabras entrañan una gran elección espiritual que hicieron durante más de 1.000 años de la existencia del Estado ruso muchas generaciones de nuestros antepasados”.

El ángelus

Los que acusan al papa Francisco de lamentar la invasión de Ucrania sin una alusión explícita al presidente Vladimir Putin se han encontrado este domingo con un ángelus del todo inesperado. Rompiendo la tradición, el pontífice dejó de lado la reflexión del evangelio del día para hacer el llamamiento más explícito interpelando directamente al presidente ruso, al ucraniano y a toda la comunidad internacional.

“El curso de la guerra en Ucrania se ha vuelto tan grave, devastador y amenazador que es motivo de gran preocupación”, decía el Papa nada más asomarse a la ventana del Palacio Apostólico. “Me afligen los ríos de sangre y lágrimas derramados en los últimos meses. Me duelen las miles de víctimas, especialmente niños, y las numerosas destrucciones, que han dejado a muchas personas y familias sin hogar y amenazan con el frío y el hambre a vastos territorios. ¡Ciertas acciones no pueden ser justificadas nunca! !Nunca!”, clamaba el pontífice.

Ante la escalada de violencia y de amenaza armamentística, hizo sus interpelaciones más directas: “Mi llamamiento se dirige ante todo al presidente de la Federación Rusa, rogándole que detenga, también por amor a su pueblo, esta espiral de violencia y muerte. Por otro lado, entristecido por el inmenso sufrimiento de la población ucraniana tras la agresión sufrida, dirijo un llamamiento igualmente confiado al presidente de Ucrania para que esté abierto a propuestas de paz serias”. Se esperan reacciones, de un lado y de otro.