León XIV en la vigilia de Montjuic. Foto: EFE
Tras su primera escala en Madrid, el viaje de León XIV a nuestro país ha continuado, desde este martes 9 de junio, en Barcelona, donde permanecerá dos días. En la capital catalana, después de rezar por la mañana en la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, su gran acto de masas ha tenido lugar esta tarde en el Estadio Olímpico Lluís Companys.
Acompañado por decenas de miles de personas, el Papa ha presidido una vigilia de oración que ha transcurrido en un gran jolgorio, en una jornada como la que tuvo lugar, el 25 de julio de 1992, cuando ese mismo recinto deportivo acogió la inauguración de los Juegos Olímpicos, que dieron lugar a la Barcelona moderna que hoy conocemos.
Si a las cuatro de la tarde ya estaban abiertas las puertas, a las seis empezó la celebración, que aunó testimonios con momentos de reflexión, incluida una conversación sobre Antonio Gaudí en la que estuvo presente una de sus familiares, Maite Gaudí, que habló de su “historia de conversión”.
Por supuesto, no podía faltar la música, con actuaciones como las de Conchita, Beret, Alfred García o Álvaro Soler, que emocionaban a los presentes mientras iban accediendo autoridades como Artur Mas, Josep Rull o Salvador Illa. Todos ellos iban saludando a los obispos, sentados frente al altar.
A las 19:35, mientras actuaba Álvaro Soler, las pantallas de televisión han mostrado la imagen del Papa en la puerta y el estadio ha rugido. Aparecía al lado de sor Lucía Caram, que le acompañaba mientras Prevost bendecía 33 ambulancias solidarias que serán enviadas para atender a las víctimas de la guerra de Ucrania.
Y, en el momento más álgido, en vez de una nueva intervención musical, ha subido al escenario el pensador Francesc Torralba, quien ha ofrecido un impresionante testimonio apelando a la esperanza. Algo que él conoce de primera, pues se ha agarrado a ella y a la fe tras la muerte de su hijo.
Ejemplo de esta Iglesia madura que peregrina en Cataluña, aterrizada en el día a día de los suyos, en sus luces y en sus noches oscuras, ha sido el cántico de Siloé, que, desde la belleza, ha animado a seguir adelante: “La vida es tuya, sé valiente”.
Así, justo en el momento en el que el papamóvil ha entrado en el estadio, la canción proclamaba que “Cristo ha resucitado”. Mientras, a un lado del altar, Conchita miraba con hondura a la grada. Y es que la vuelta de honor que León XIV ha dado ha durado casi 20 minutos. A cámara lenta, se iba deteniendo con todos, cogiendo a decenas de bebés en sus brazos.
Tras retirarse para revestirse para la liturgia, ha sido recibido por un gran castell, aplaudido de un modo enfervorizado por todos. El arzobispo barcelonés, el cardenal Juan José Omella, en su emocionado saludo, le ha explicado que esta torre humana, símbolo de la rica cultura catalana, llama a “edificar una nueva Barcelona que sea ciudad de Dios, como la quería Gaudí”.
Y es que “otra humanidad es posible cuando todos miramos hacia arriba, cuando alzamos la mirada”. Ha seguido un momento de silencio para invocar la venida del Espíritu Santo y una talla de Cristo crucificado que ha sido procesionada solemnemente hasta el altar.
La parte central de la ceremonia fue el turno de preguntas, en el que tres jóvenes abordaron realidades muy dolorosas, como la depresión, el suicidio o la violencia machista.
A la joven que trató de quitarse la vida, el Papa le respondió con mucha emoción y aplaudió el hecho de que “te has levantado”. Agradeciendo “el milagro maravilloso” de tener “una segunda oportunidad” para “volver a confiar en la vida”.
Esas son “horas de soledad, angustia y dolor, como las que experimento Jesús en Getsemaní”, como ha remarcado el Pontífice, que ha animado con un enérgico “Dios no nos abandona”.
Esas noches oscuras fueron las que también sufrió la última joven, una chica de 20 años cuyo padre trató de matar a su madre y, tras asesinar a otra persona que quiso impedirlo, acabó en la cárcel. Su madre cayó en la droga y ella en un centro de menores. Fue allí donde “conocí a Jesús y me bauticé”. Hoy, vive “con una familia cristiana” y, poco a poco, “quiero perdonar a mi padre”.
Como a la anterior joven, el Papa, cuyo discurso en esta vigilia puede considerarse el más interpelante de todos los ofrecidos en España desde el punto de vista de la salud del alma, la abrazó con emoción y se ganó el aplauso de reconocimiento de todos los presentes.
Antes de marcharse, León XIV ha dejado una frase que puede resumir todo lo vivido: “Somos mendigos de amor. Tenemos hambre y sed de justicia”.
La ceremonia, todo un homenaje a la rica identidad cultural catalana, donde sonó con fuerza la rumba y se simbolizó una fe encarnada en un pueblo que sabe mirar más allá del mar, concluyó a lo grande, con Sergio Dalma cantando junto a la Escolanía de Montserrat.
Entusiasmadas en la grada, Vida Nueva se ha encontrado con el testimonio de María Ángeles y María Dolores, dos josefinas de la Caridad que comparten comunidad junto a 34 hermanas en Vic. La primera de ellas ya estuvo “aquí mismo, en Montjuic, el 1982, cuando vino Juan Pablo II. Como hoy con León XIV, fue un regalo muy grande. De hecho, recuerdo que tuvimos la suerte de cantar en el coro”.
Luego, en 1993, cuando Wojtyla repitió visita a España, “el Papa fue a inaugurar una residencia nuestra en Sevilla y también pudimos acompañarle”.
Más de tres décadas después, Robert Prevost “está mostrándonos cómo es un hombre de Dios. Hemos seguido a tope estos días suyos en Madrid y está dejando un testimonio de fe maravilloso. Ojalá la gente participe con el corazón y aproveche la santidad que transmite”.
Para María Ángeles, “es evidente que hay una sed de Dios en nuestro tiempo y esto puede ser un espaldarazo para que muchos vuelvan a la fe”.
Secunda la idea María Dolores, que también pudo estar en el viaje de Juan Pablo II en 1982: “Yo pude estar en Montserrat, justo en el año en que tomé mis primeros votos, por lo que siempre he dicho que él ha sido mi Papa”.
Las dos se sienten muy cercanas a León XIV. Por muchos motivos, aunque por uno muy especial, como explica María Ángeles: “Tenemos comunidad en Chiclayo, en Perú, donde él era obispo. Cuando le eligieron papa, nuestras hermanas estaban felicísimas. Siempre han dicho que es un hombre muy bueno, sencillo, cercano y que transmite paz”. Algo clave “en un tiempo como este, de tanto ruido”.
Su compañera añade otro dato que refleja como es Prevost: “Cuando hubo un huracán y se inundó Chiclayo, en esa imagen que ha dado la vuelta al mundo, con él con unas botas de agua en medio del agua, que le llega por las rodillas, era al visitar nuestra comunidad. Allí tenemos un hogar para niños y se vio muy afectado, aunque aguantaron los muros y lo hemos podido recuperar”.
Desde esa simbólica imagen, María Dolores concluye apelando a que “León XIV viene a vernos en un momento clave para la sociedad, que está muy removida. Él puede ofrecernos esa chispa que nos hace falta para volver a vibrar, pues estamos apagados”.
En la misma portería en la que un gol de Kiko en el último minuto nos dio la primera medalla de oro para el fútbol olímpico español, en 1992, sin duda, León XIV ha marcado otro “golazo”.