Vigilia de León XIV en Montjuic: “Dios no ha venido a juzgar el mundo con su pecado”

  • “Estamos llamados a no juzgar las ‘noches’ de la sociedad que nos rodea”, afirma el Papa ante 40.000 fieles en el Estadio Olímpico
  • El cardenal Omella sueña con “una Barcelona que sea también ciudad de Dios, como la quería Antoni Gaudí”
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León XIV, en la Vigilia de oración en el Estadio Olímpico de Barcelona

“Dios no ha venido a juzgar el mundo con su pecado y la noche de su infidelidad, sino que ha enviado a su Hijo para salvarlo, para dar al mundo la vida eterna”. Así se ha expresado el papa León XIV durante su homilía en la Vigilia de oración en el Estado Olímpico de Barcelona, en la que ha alternado el castellano y el catalán.



En la Ciudad Condal también había ganas de Papa. Lo han demostrado los 40.000 barceloneses que han rezado junto al Pontífice, que ha entrado por Montjuic pocos minutos antes de las 20:00 horas a bordo del papamóvil, volviendo a bendecir a decenas de bebés. Y lo ha hecho después de bendecir 40 ambulancias que sor Lucía Caram envía a Ucrania en medio de la guerra.

Antes, en el preacto, los fieles han podido entrar en calor con las actuaciones de Conchita, Beret, Alfred García, Álvaro Soler o Siloé. En esta parte, los asistentes han podido escuchar también una mini-ponencia del columnista de Vida Nueva Francesc Torralba sobre Antoni Gaudí y las palabras de Maite Gaudí, sobrina del arquitecto de Dios.

Cardenal Omella, por “la comunión y la caridad”

La bienvenida, como no podía ser de otro modo, a cargo del cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, que ha presentado a León XIV, de manera enérgica, “la juventud del Papa”, provocando el júbilo de los presentes, que han coreado el tradicional cántico.

El purpurado ha reclamado “una Barcelona que sea también ciudad de Dios, como la quería Antoni Gaudí”. Y en esa ciudad de Dios, el Papa ha podido ver, en primera persona, a un grupo de castellers de Vilafranca del Penedés.

“Santo Padre, los castellers son una bella manifestación de lo que somos capaces de hacer los seres humanos cuando trabajamos unidos y con un mismo fin”. “Estas torres humanas recuerdan mucho las torres de los apóstoles que vemos en la Sagrada Familia, probablemente sirvieron de inspiración al venerable arquitecto Antoni Gaudí”, ha aseverado.

Tras las palabras del purpurado, todo el estadio, en actitud de recogimiento, ha escuchado la invocación al Espíritu Santo y la plegaria pronunciada por León XIV.

León XIV: “Estamos llamados a dialogar con la penumbra”

Hacia el ecuador de la celebración, se ha pronunciado el Evangelio, acompañado por la homilía del Pontífice.

“Nuestro caminar, nuestro desear y todo aquello que abrazamos y vivimos cotidianamente, en las alegrías y en las derrotas, en las aspiraciones y en los proyectos, es la expresión de nuestra búsqueda continua: somos mendigos de amor, tenemos hambre y sed de verdad“, ha dicho León XIV con la vista puesta en Nicodemo.

“Mientras avanzamos lentamente, con pequeños pasos, estamos llamados a dialogar con la penumbra de nuestra misma condición humana: nos falta la verdad completa, no conocemos en profundidad el misterio de nosotros mismos y el verdadero rostro de los demás, no siempre logramos comprender la verdad escondida de la realidad que nos rodea”, ha agregado el Pontífice.

Según la palabras del Papa, “el camino de la fe no es una senda paralela respecto a la de nuestra existencia humana, sino de dos itinerarios que están siempre entrelazados. Como hemos escuchado en el Evangelio, Dios ha amado tanto al mundo hasta darnos a su Hijo unigénito y, en Él, se unió para siempre a nuestra carne. Él está siempre junto al Padre y junto a nosotros”.

Y, con todo, “a veces experimentamos la noche de la fe, la fatiga de creer, el cansancio del espíritu, el sentido de la desproporción ante la llamada del Evangelio, la amargura de nuestros fracasos y el miedo a no ser capaces”, ha puntualizado Prevost.

Para el primer papa agustino de la historia, “estas noches —que acompañan nuestra vida, el camino de la fe y la historia en la que vivimos— son un lugar de bendición, un espacio para renacer, un vientre que siempre alumbra vida nueva. Estas noches nos despojan y nos devuelven a lo esencial; nos quitan las máscaras humanas y religiosas que usamos de día”.

Por eso, “también nosotros estamos llamados a no juzgar las ‘noches’; ni las noches de nuestra vida, ni las de la Iglesia, ni las de la sociedad que nos rodea”, ha subrayado el Papa.

León XIV, en la Vigilia de oración en el Estadio Olímpico de Barcelona

León XIV, en la Vigilia de oración en el Estadio Olímpico de Barcelona. Foto: EFE

En este punto, León XIV ha pedido a todos los presentes pensar en su camino personal, pero también “en las noches de nuestro camino eclesial y de España, de sus ciudades, de sus antiguas y nuevas pobrezas, de su sociedad y cultura”, para preguntarse: “¿Cuáles son las noches que atravesamos? ¿Qué nos sugieren?”.

“Entrando en ellas y mirando con humildad y sin prejuicios la realidad de lo que somos, ¿qué estamos llamados a cambiar?, ¿dónde debemos renovarnos, en qué dirección queremos ir, qué sociedad queremos construir?”, se ha preguntado el Papa.

El Pontífice ha instado a los creyentes catalanes a no dejar de “buscar, de cuestionarnos y de dialogar, con Dios y entre nosotros, también en el corazón de la noche”.

“Caminemos juntos en la fe que armoniza la diversidad de nuestras ideas y sensibilidades, para buscar la verdad que nos guía hacia el bien común, para que este país sea un espacio acogedor para todos, donde cada uno es respetado en su dignidad de persona y amado por lo que es”, ha agregado Prevot.

Y ha completado el Papa: “Abrámonos al don del Espíritu, buscando al Señor y acogiendo la luz de su Evangelio, con la certeza de que experimentaremos en nosotros una vida nueva, una presencia que bendice, un amor gratuito que nos ayudará a pasar de la noche a la luz. Porque Dios quiere que nada se pierda y ya desde ahora desea darnos la vida eterna, para conducirnos a la felicidad que no tiene fin”.

León XIV ha concluido su alocución con el deseo de que “el Señor nos conceda, por intercesión de la Virgen María, abrirnos a Él y hacernos sacudir por el viento de su Espíritu”. Más tarde, todo Montjuic ha rezado el Padrenuestro antes de recibir la bendición del Pontífice.

La celebración ha llegado al final con la actuación de Sergio Dalma con la Escolanía de Montserrat. Y ha cerrado el acto el himno de esta visita -‘Alza la mirada’-, mientras el Papa se ha marchado a saludar a un grupo de enfermos, poniendo punto y final a su primer día en Barcelona.

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