Hermana Lucía: la última pastorcita de Fátima, venerable

El Papa también reconoce el martirio de Manuel González-Serna Rodríguez y sus 19 compañeros sacerdotes y laicos de Sevilla

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“Durante la audiencia concedida al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, el papa Francisco ha autorizado hoy la promulgación de los Decretos relativos a las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Lúcia de Jesús e do Coração Immaculado, monja profesa de la Orden de las Carmelitas Descalzas; nacido el 28 de marzo de 1907 en Aljustrel (Portugal) y fallecida el 13 de febrero de 2005 en Coimbra”.



Así anunciaba la Santa Sede este jueves que la hermana Lucía, la última pastorcita de Fátima, guardiana del “tercer secreto” de la Virgen, será considerada venerable para la Iglesia católica. Tal como recoge Vatican News, Lucía nació en Aljustrel el 28 de marzo de 1907, y, en 1917, tuvo una serie de apariciones de la Virgen María en la Cova de Iria, en Fátima (Portugal), junto con sus dos primos Francisco y Jacinta Marto.

Tras la prematura muerte de sus primos, que fallecieron pocos años después a causa de la gripe española y fueron canonizados por el Papa Francisco en 2017, Lucía quedó como única depositaria del mensaje que le fue confiado por la Virgen, el cual transcribió en cuatro documentos entre 1935 y 1941.

Otro escrito, fechado en 1944, contenía la tercera parte, el llamado “tercer secreto”, y fue enviado a Roma, abierto por primera vez en 1960 y no divulgado por san Juan XXIII y san Pablo VI. Fue san Juan Pablo II, particularmente devoto de Nuestra Señora de Fátima, quien dio a conocer el secreto en el año 2000.

20 mártires de la Guerra Civil

El decreto también reconoce a 20 mártires de la fe durante la guerra civil española de 1936. Entre ellos, figura Manuel González-Serna Rodríguez, nacido en Sevilla en 1880 y nombrado párroco de la cercana Constantina en 1911. Detenido la noche del 19 de julio de 1936 por milicianos republicanos, fue ejecutado en la sacristía cuatro días después.

En ese verano de 1936, al comienzo de la guerra civil española, otros 9 sacerdotes y 10 fueron asesinados en Sevilla y sus alrededores, a menudo tras ser detenidos y sin juicio previo, en el clima de persecución que los republicanos establecieron hacia todo aquel que profesara ser miembro de la Iglesia católica. Mariano Caballero Rubio vio quemada su parroquia en Huelva antes de ser detenido, el seminarista Enrique Palacios Monrabà fue detenido y asesinado junto a su padre a la edad de 19 años. Entre los mártires había también un abogado, un farmacéutico, miembros del consejo parroquial y un botones de las monjas clarisas, que vivía con su madre viuda cerca del monasterio.

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