Alfonso Carrasco: “Los profesores de Religión son pioneros”

Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo

La publicación del currículo es, en cierto modo, un punto de llegada y un punto de partida. El obispo de Lugo, Alfonso Carrasco, presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, valora en Vida Nueva la publicación de este documento que orientará la clase de religión del mañana.



Caminar juntos

PREGUNTA- Ha concluido el trabajo de elaboración de los nuevos currículos de Religión con un método nuevo y una amplia participación. ¿Qué balance hace la comisión de esta experiencia?

RESPUESTA- La experiencia ha sido buena y enriquecedora. Haber adoptado un método participativo ha supuesto expresar a la comunidad educativa la voluntad decidida de los obispos de seguir cuidando la asignatura de Religión y la importancia que reconocen al protagonismo y a la experiencia de los profesores. Comunicar estas certezas claramente ha sido un bien, ayudando a percibir que existe un horizonte de futuro para esta asignatura y promoviendo el compromiso y la colaboración de todos. 

Por otra parte, este método ha enriquecido mucho la elaboración del currículo, facilitando que la Comisión diese pasos importantes en la renovación de los planteamientos y los contenidos. Confiamos en que la participación de tantos en el proceso de su elaboración ayude ahora a la comprensión y a la acogida del currículo. Y deseamos, en particular, que este método pueda tener continuidad, comenzando por compartir la experiencia de la nueva programación, sus dificultades, ventajas e inconvenientes; será muy importante para la fecundidad de la clase de Religión y para el trabajo futuro de la Comisión.

En el balance pesa mucho también el valor de las relaciones establecidas y el agradecimiento por la colaboración generosa de muchas personas, expertas en pedagogía, psicología, profesores de teología y de formación del profesorado, titulares de escuelas concertadas, responsables de fundaciones escolares, de asociaciones de familias, de editoriales, y, de manera particular, delegaciones diocesanas de enseñanza y profesorado de religión. Las muchas aportaciones que nos llegaron por las vías abiertas con el “Foro virtual” y con la publicación de los borradores del currículo, fueron de gran ayuda, a veces de modo muy concreto; y querría agradecerlas también expresamente.

Elaborar de este modo el currículo, con tantas y tan diversas colaboraciones, nos ha enseñado de nuevo que caminar juntos resulta imprescindible en una tarea educativa que necesita de todo el Pueblo de Dios.

Una oportunidad

P.- ¿Cómo se traducirá esta nueva propuesta curricular con la variedad en la carga lectiva de las autonomías?

R.- En aquellas Administraciones educativas que han dado a la asignatura una carga lectiva superior a la mínima determinada por el Ministerio, será posible una programación más acorde con los objetivos educativos de este ámbito de enseñanza. La dificultad será mayor en aquellas Comunidades Autónomas que se ha dejado reducido a una hora semanal; será un desafío para el profesorado conseguir que la contribución de la clase de Religión resulte suficiente, de modo que no se pierdan aspectos importantes de las competencias personales y sociales previstas por la Ley. En todo caso, incluso el mínimo de una hora puesta a disposición para la asignatura es siempre, para nosotros, una ocasión educativa importantísima; y nos alegramos de que esté asegurada por nuestro marco jurídico.

Por supuesto, la variedad de regulaciones podrá significar una diversidad en la integración de la asignatura en el conjunto del currículo y en las actividades de cada centro educativo, en lo que también influirá la carga lectiva que se haya adoptado. Y, a pesar de que todas la Comunidades Autónomas tienen un mismo currículo de Religión aprobado por la CEE, podrá haber también alguna variedad en la programación, particularmente en lo referente a las situaciones de aprendizaje.

Nuevos desafíos

P.- Después de este trabajo tan intenso para sintonizar los currículos con los principios de la Lomloe, ¿sigue la comisión valorando de la misma manera la ley educativa?

R.- La Comisión parte de una valoración primera de la Lomloe: es la Ley de educación actualmente vigente, que hemos de aceptar como tal, para estar presentes en el sistema educativo. Esta presencia es la primera forma de defensa de la libertad de enseñanza y de los derechos de las familias. Ello no quita el imprescindible juicio crítico con respecto a opciones, teóricas y prácticas, propias de la Ley.

El trabajo de los currículos ha servido sin duda para profundizar en los principios pedagógicos de la LOMLOE, a los que debe adaptarse también la asignatura de Religión; y creemos que puede hacerlo, que esta pedagogía no implica necesariamente contradicción con planteamientos cristianos. Por otra parte, no es una novedad completa y en nuestras escuelas, también concertadas, hay ya experiencia de trabajo con estos principios pedagógicos; otra cosa será ver con cuánto éxito se consigue ponerlos en práctica.

La descripción del entorno cultural implicada en la Lomloe, dependiente también de la UE y de la UNESCO, es una realidad con la que se confrontarán inevitablemente alumnas y alumnos; por ello, en la medida en que implica la dimensión moral y religiosa de la persona, constituye un desafío para la clase de Religión, la cual habrá de ofrecer al alumnado la posibilidad de verificar razonablemente la respuesta de la fe a estas grandes cuestiones humanas.

Los límites de los planteamientos culturales propios de la Ley siguen pareciéndonos los mismos que percibimos desde el principio, vinculados a una escasa percepción de la trascendencia, de la dimensión propiamente religiosa de la persona. Sigue siendo necesario, por tanto, valorar e integrar mejor la libertad de conciencia y los derechos de las familias, poner en el centro la formación integral del alumno, superando la tentación de perspectivas utilitaristas. Son realidades que habrán de ser testimoniadas por la presencia de la escuela de identidad cristiana y la asignatura de Religión católica.

La posibilidad de una utilización de la enseñanza al servicio de ideologías propias de determinados grupos de poder no está nunca excluida, por supuesto; tampoco por los principios propios de la Lomloe, a pesar de la frecuente apelación a la necesaria “laicidad” del Estado.

La propuesta cristiana

P.- ¿Cómo sintoniza la nueva propuesta con elementos tan variados como la Doctrina Social de la Iglesia, la Agenda 2030 o las propuestas del papa Francisco? 

R.- Nuestra propuesta busca conscientemente estar en sintonía con la Doctrina Social de la Iglesia y con la propuesta del papa Francisco. Las referencias a la Agenda 2030, en cambio, provienen de su presencia en los planteamientos y objetivos de la Ley y, por tanto, de su actualidad en la vida de la escuela y de la sociedad; son cuestiones con las que niños y jóvenes tienen que confrontarse de hecho, y en las que no podemos dejarlos solos, generando la impresión de que el Evangelio no tiene que ver con la vida real, con el mejor modo de estar hoy en el mundo. Creemos seguir en esto las enseñanzas del papa Francisco –de salir al encuentro de las personas en su realidad concreta–, su propuesta de promover un “Pacto Educativo Global” y su magisterio particular, por ejemplo en Laudato si’ o en Fratelli tutti. El currículo está atento, además a los grandes temas de Doctrina Social –referidos a la paz, la dignidad de toda persona y los derechos fundamentales, el rechazo de las discriminaciones e injusticias, la justicia en las relaciones económicas y sociales, en las relaciones entre los pueblos y con la naturaleza, etc.– que tienen hoy gran actualidad.

Otros aspectos están igualmente presentes, por supuesto, relativos a los contenidos de la fe en Dios, al Credo cristiano, a las verdades morales fundamentales, a la historia de la Iglesia, al diálogo interreligioso, etc. Aunque estos contenidos del currículo no son directamente doctrina social, la hacen posible, pues esta doctrina depende radicalmente de la comprensión de la verdad de la persona, de la madurez de su conciencia moral y de los aprendizajes de las correspondientes competencias –virtudes.

P.- ¿Hay elementos ideológicos de la Ley Celaá que son incompatibles con la propuesta cristiana?

R.- La Lomloe no contradice directamente estas afirmaciones cristianas, ni impide que nosotros las hagamos en el currículo. Sin embargo, nos parece imprescindible que algunas de sus posiciones, por ejemplo sobre el “género”, no se conviertan en vías para la introducción de una ideología desde el poder político; por el hecho mismo, que contradiría la neutralidad del Estado y la libertad de la sociedad, y porque podría conllevar elementos y perspectivas incompatibles con una antropología cristiana. También desde este punto de vista se comprende que pueden tener muchas repercusiones en la práctica las reservas que la Ley introduce con respecto a la libertad de conciencia y de enseñanza.

Profesores creativos

P.- ¿Qué tipo de docente de ERE reclaman los nuevos currículos?

R.- El currículo reclama un docente con pasión por las personas que le son confiadas para su educación, con pasión por el Evangelio y con claridad sobre cómo la fe ilumina y hace posible la vida humana, personal y social. Es decir, un profesorado, ante todo, con vocación, con compromiso personal por su relación viva con la Iglesia, por su inteligencia de la razonabilidad de la fe y por su afecto real por quienes le son encomendados. Por ello, los currículos piden hoy del docente un esfuerzo particular de formación, sobre todo teológica y pedagógica; para comprender bien el modo en que se plantean contenidos y propuestas, el sentido y la aportación específica de la asignatura, así como los principios y métodos pedagógicos. Así podrá cumplir su misión educativa y estar en la escuela participando y colaborando activamente en su vida, con plena dignidad académica. De hecho, este ha sido el caso en muchos cambios legislativos anteriores: docentes de Religión han sido pioneros, y una ayuda para todos en sus centros educativos.

Me parece oportuno insistir también en el cuidado de una relación viva con la Iglesia, algo exigido no sólo jurídicamente, sino por la lógica misma del currículo de Religión; pues el docente habrá de valorar la identidad y el enraizamiento religioso del alumno en su comunidad cristiana, y habrá de saber mostrar cómo la fe en el Evangelio ilumina razonablemente la persona, su vida moral y religiosa, su destino personal y su misión en la sociedad.

Siguiente tarea

P.- ¿Cuál es el siguiente frente de la Comisión con el Ministerio de Educación y Formación Profesional?

R.- Ya se ha anunciado por el Ministerio de Educación y Formación Profesional la voluntad de repensar el estatuto del docente. Esto afectará a nuestra Comisión, al menos por lo que implica para el profesorado de Religión. Será sin duda un desafío, pues hay muchas cuestiones abiertas; pero es también una oportunidad. Esperamos poder afrontarlo en diálogo con el Ministerio y con la participación de la comunidad educativa, en primer lugar de los docentes mismos, pero también de los centros universitarios de formación del profesorado, con los que estamos en contacto.

Por supuesto, desde el Ministerio podrían plantearse también nuevas cuestiones, que pidiesen respuesta por nuestra parte. Nosotros hemos ofrecido siempre disposición al diálogo y colaboración leal, como creemos corresponde a las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Procuraremos seguir por este camino, bien sabiendo que en esta relación estamos al servicio de los derechos de las familias, de la libertad de enseñanza y, por tanto, de nuestra libertad como cristianos, como Iglesia, para estar presentes y ser también protagonistas en nuestro sistema educativo.

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