En una crisis de magnitud sin precedentes, el jueves 30 de julio, la frontera sur en Ceuta se desbordó ante la inacción de la policía marroquí y se calcula que entraron 75.000 personas (casi todos, marroquíes, pero también hubo inmigrantes subsaharianos).
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Aunque la gran mayoría volvieron a cruzar la frontera horas después, en pleno caos, con muchos tratando de pasar a nado desde Marruecos, hubo en torno a 150 muertos. Aunque se teme que puedan ser más y sus cuerpos ni siquiera lleguen a encontrarse.
Ante hechos de una gran magnitud
Como destaca a Vida Nueva Sonia Martínez, abogada y técnica de Migraciones que pertenece al Equipo de Incidencia Política y Análisis Jurídico de Cáritas Española, “desde el primer momento supimos que, a nivel institucional, para tener una radiografía completa de los hechos, debíamos tener prudencia. Era evidente que estábamos ante hechos de una gran magnitud y que avanzaban con mucha rapidez”.
Eso sí, en contacto desde el mismo jueves con los compañeros de Cáritas Ceuta, “ya desde esas primeras conversaciones me impactó que aflorara en ellos su gran preocupación por la seguridad de las personas”.
Y es que “conocen bien la zona y saben que hay corrientes muy fuertes que te pueden arrastrar hasta Málaga. Ya ahí sentían que podía haber muchos muertos, siendo eso lo que más les angustiaba. Como luego tristemente se confirmó, tenían razón al expresar ese miedo”.
Gran solidaridad de la inmensa mayoría de la sociedad ceutí
Además, Martínez aplaude “la gran solidaridad de la inmensa mayoría de la sociedad ceutí, que ha vuelto a ser ejemplo de una resiliencia brutal”. A nivel de Iglesia, “me quedo con esa mirada centrada en la acogida al que se siente como un hermano, poniendo el foco en el respeto a su dignidad”.
Así, “más allá de los procedimientos legales que deben cumplirse por parte de cada uno”, ante una crisis de la envergadura de esta, en la que están en juego vidas humanas, en Cáritas tienen claro que “es básico desnudar las narrativas de odio que están al servicio de ciertas estrategias políticas, siendo un hecho que tienen consecuencias directas en el destino de muchas personas”.
Totalmente alejada de esas dinámicas “partidistas”, Cáritas “ha trabajado desde el primer momento para ponerse a disposición de las Administraciones locales y de otras ONG y entidades de Iglesia”.
De la mano con la Iglesia local
En red, “como nos caracteriza, hemos sido conscientes de que podíamos ayudar más apoyando a la Delegación de Migraciones de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, que destinó su colecta dominical en todas las parroquias a los afectados por esta crisis. Y así lo hemos hecho, yendo de la mano con ellos”.
Pasados unos días, “la prioridad sigue siendo la misma que el jueves: poner la mirada en las personas que están sufriendo. Ellas son el centro”.
Lo que ejemplifica “una escena que me trasladaron desde Caritas Ceuta cuando, al salir de una reunión de coordinación entre entidades del tercer sector, se encontraron en la puerta a un matrimonio con su bebé en brazos, los tres en el suelo. Ese sufrimiento es el que te golpea el corazón”.
De ahí que Martínez apele “al factor humano, que pasa por transmitir a nuestros compañeros y a todos los que acompañan, que están pasando por un trance muy doloroso, un mensaje esencial: ‘Estamos con vosotros’. Sin duda, su desgracia es nuestra desgracia. Somos hermanos”.
