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En el Año de la Misericordia: camino a la reconciliación en el País Vasco

Mari Carmen Hernández, víctima de ETA, viuda de un concejal del PP asesinado en Durango en el año 2000

VN profundiza en el estado actual del gran drama del terrorismo de ETA, cuyas heridas siguen abiertas

Mari Carmen Hernández, víctima de ETA, viuda de un concejal del PP asesinado en Durango en el año 2000

Mari Carmen Hernández, viuda de un concejal del PP asesinado por ETA en Durango, participa en iniciativas que buscan el encuentro entre víctimas y presos arrepentidos

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA y RUBÉN CRUZ | Solo hace cuatro años que ETA anunció que no volvería a matar. Aún no ha entregado las armas. Tampoco se ha disuelto ni ha pedido perdón. Todavía siguen muy presentes los años de plomo, cuando no había semana en que no hubiera un asesinato o una nueva víctima de la extorsión. Hablamos de 856 asesinados y más de 700 atentados. También existieron el GAL, el Batallón Vasco Español, las torturas. Hoy hay más de 500 presos de ETA dispersos en cárceles de toda España. Siguen muy presentes tantas y tantas historias de dolor, de mirar hacia otro lado por miedo o por convicción. Una mayoría opta por no hablar de ello, por pasar página. Otros, cada vez más, reivindican que el único modo de llegar hacia una reconciliación auténtica es huir de los tabús y compartir sus respectivas experiencias.

Hablar. Todos. Al menos todos los que, recorrido su propio camino y ejercida la autocrítica sobre la actitud personal y colectiva desarrollada en este último medio siglo, abrazan la misericordia. Bien porque son conscientes de no haber actuado bien, bien porque aceptan el perdón que otros les ofrecen.

¿Y la Iglesia vasca? Acusada desde ciertos sectores en esos años duros de equidistancia y de frialdad ante las víctimas de ETA, con el obispo Setién entonces como centro de la mayoría de los ataques, la institución también recorre su propio camino y ejerce la autocrítica. En realidad, ese proceso lo hacen los miembros de la Iglesia, pastores y fieles de a pie. Cada uno el suyo. Aunque la conclusión general, según ha podido captar Vida Nueva in situ durante la realización de este amplio reportaje, es que, si bien a veces pudo faltar calor hacia determinadas víctimas, se buscó condenar todos los usos de la violencia, vinieran de donde vinieran.

Además, desde los años 80, cuando surgió Gesto por la Paz (al que siguieron otras plataformas como Elkarri y Lokarri), muchos cristianos salieron a la calle a comprometerse por la convivencia y conformaron espacios de diálogo. Aunque entonces fuera misión casi imposible. Ahí nació un camino que hoy puede estar más cerca de culminar con un abrazo.

  • 1. Mari Carmen Hernández: “No se puede vivir con odio”

Si hay una persona referente en el proceso de sanación que sostienen quienes quieren una sociedad vasca reconciliada, esa es Mari Carmen Hernández. Por lo que dice, por cómo lo dice y por ser ella quien lo dice. Por su mirada generosa, por su tono cálido y por su inmensa capacidad de perdón.

A su marido, Jesús Mari Pedrosa, concejal del PP en la localidad vizcaína de Durango, le asesinó ETA el 4 de junio de 2000. Cerca de su casa, de un tiro en la nuca. Había renunciado a llevar escolta porque no quería que le impidieran vivir como quería en su tierra. Dos meses después, morían en Bilbao los cuatro integrantes del comando que había acabado con la vida de su esposo, al explotarles en su coche los 25 kilos de dinamita que transportaban.

Ella lo dijo entonces y lo repite ahora en conversación con esta revista, en una mañana fresca, andando con paso pausado y sonrisa tímida por el bilbaíno parque de Doña Casilda: “No me alegré, una muerte nunca puede alegrarte. Eran unos chicos jóvenes que no sabían lo que hacían y no tuvieron tiempo de reflexionar sus actos y arrepentirse. Yo los perdoné, nunca he tenido odio. He sentido rabia e impotencia, pero con odio no se puede vivir”.

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Desde 2007, Mari Carmen forma parte de varios proyectos que incluyen espacios de encuentro restaurativo entre víctimas y presos de ETA que se han desmarcado de la banda y han pedido perdón.

La primera vez se vio con Iñaki Rekarte, miembro del comando Santander que asesinó a tres personas en 1992: “No iba a que me pidiera perdón, pero sí tenía muchas preguntas que hacerle. Hizo lo que hizo siendo muy joven. Ahora era otra persona. Entonces, me reconoció que, cuando mataban, no veían a personas, sino a objetivos. El encuentro acabó dándonos un abrazo. Fue bonito que dos personas unidas por el dolor compartiéramos un momento así”.

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  • 2. Txelis, el ideólogo de ETA que se topó con Dios

  • 3. José Ramón Treviño, sacerdote que ha cumplido condena por “colaborar” con ETA: “Todos saben que soy un hombre de paz”

  • 4. Cuando la ley fue orillada. Inés Núñez reclama al Estado que se reconozca que su padre murió víctima de violencia policial

  • 5. Una Iglesia de puentes y misericordia. Las diócesis vascas impulsan espacios de reflexión, oración, encuentro y diálogo

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En el nº 2.968 de Vida Nueva. Del 12 al 18 de diciembre de 2015

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