¿Qué nos ha dejado el 2018?


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En estos días, en este portal web se han repasado los pliegos, las portadas, las noticias más vistas o las películas del año. Por eso yo en esta entrada del blog del 31 de diciembre quiero elegir tres momentos eclesiales que el papa Francisco nos ha dejado en este 2018.

Muchas son las noticias o los temas que podrían pasar por esta página: el Encuentro Mundial de las Familias que ha dado el espaldarazo definitivo a una renovada pastoral familias, los diferentes viajes de Francisco a múltiples periferias, la exhortación apostólica sobre la santidad, las filtraciones y acusaciones internas, las últimas y significativas canonizaciones… Sin embargo, he querido quedarme con una carta, un sínodo que espera su exhortación y una oración compartida.

Una carta

La carta es una respuesta a una situación que se ha intensificado en los últimos años, al ver la luz pública numerosos casos de abusos a menores cometidos por eclesiásticos, religiosos y seglares dentro de su compromiso eclesial en la catequesis o en las instituciones católicas. El viaje a Chile, el encuentro de algunas víctimas –sin mirar al reloj con el Papa–, un significativo acto penitencial en la misa de clausura de Encuentro de la Familias en Irlanda, la convocatoria de una reunión específica sobre el tema con los presidentes de las conferencias episcopales, la aplicación de protocolos más estrictos por la diócesis ante datos tan elocuentes como el informe de Pittsburg… son algunos de los titulares en este año difícil para el Vaticano y algunas iglesias locales que han tenido que lidiar con las consecuencias de haber tenido pederastas y encubridores en sus filas.

Pero el gesto que mejor puede ayudar a comprender la respuesta actual de la Iglesia en este momento es, seguramente, la carta que el papa Francisco ha escrito a todo el pueblo de Diossobre la cuestión.En su texto, el pontífice no disimula la “vergüenza y arrepentimiento” que siente por no haber sabido proteger a los más pequeños. Sentimientos que deben transformarse en compromiso para llevar adelante una verdadera “transformación eclesial y social” para desterrar la pederastia y el encubrimiento.

“El dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor”, reconoce Francisco al hacer presente que las heridas de las víctimas “nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de muerte”. “Nunca prescriben”, señala taxativamente.

A la hora de apuntar las causas, Francisco apunta de nuevo que es “imposible” alcanzar el cambio sin que sean protagonistas todos los bautizados, para lo que es necesario acabar con el clericalismo, una “manera anómala” de entender la autoridad dentro de la Iglesia. “Favorecido sea por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo”, concluye.

Un sínodo

Un segundo momento ha sido, sin duda, el Sínodo de los obispos dedicado a la pastoral juvenil y vocacional. A la espera de que el papa Francisco publique la exhortación apostólica pertinente, no podemos permitir que las claves del sínodo queden sepultados por el drama de los abusos o por discusiones intraeclesiales sobre la propia sinodalidad, porque en la pastoral juvenil se decide –en buena medida– el propio futuro de la Iglesia y considerar el tema de los jóvenes en la comunidad eclesial como un elemento banal o una cortina de humo es, sin ningún género de dudas, una negligencia pastoral.

Mientras, el proceso y la asamblea sinodales nos han dejado una serie de propuestas que ya son pautas de trabajo. Los 167 puntos del documento final son una llamada a crecer en caminos de acompañamiento y encuentro de tal manera que los jóvenes se sientan en los auténticos protagonistas de pertenencia a la comunidad eclesial. Esto no está reñido con dejar que el Señor haga su trabajo en el corazón o en el entendimiento de cada joven ni con la necesidad de unos educadores y acompañantes en la fe cuyo testimonio y fragilidades sirvan de aliento en su insustituible camino de maduración personal. Ya sea en lo analógico o en lo digital, para quienes tienen clara su afectividad o no, para quienes, para los de dentro y los de fuera, para los de cerca y los alejados, para los indiferentes y para quienes –muertos en vida– creen saberlo todo…

Una oración

Como tercer momento de este 2018 repasando la agenda informativa del papa Francisco me quedo con la jornada de oración que el pontífice organizó en la ciudad italiana de Bari con otros líderes religiosos para rezar por la paz en Oriente Medio. Con la veneración de las reliquias de san Nicolás, una oración en el paseo marítimo y una reunión a puerta cerrada… el ecumenismo, el 7 de julio de 2018 se sintió intensamente.

La llamada a la asunción de responsabilidades ante los patriarcas y los jefes de distintas iglesias cristianas fue una de las realidades que Francisco no quiso ocultar al denunciar como “Oriente Medio hoy llora, sufre y calla mientras otros lo pisotean”.

Aunque yo me quedo con las palabras que Francisco no dijo en público y que las circunstancias –un sábado y a comienzo de la tarde– en las que se distribuyeron creo que las han hecho pasar un poco desapercibidas. Un mensaje que sería hasta de una asamblea de Naciones Unidas. Apenas tres páginas en las que Francisco llama a todos, especialmente a los líderes religiosos, a recuperar las profecía.

Mirando las propias miserias de las Iglesias, Bergoglio clama que “sentimos que debemos convertirnos al Evangelio y hacerlo con urgencia ahora, en la noche del Oriente Medio en agonía. Como en la noche angustiosa de Getsemaní, no será la huida o la espada lo que anticipe el amanecer de la Pascua, sino el don del sí a imitación del Señor”.

Ensalzando el testimonio de los cristianos de Oriente Medio, Francisco no ha dejado de señalar a los culpables porque “es esencial que quien tiene el poder se ponga decidida y sin más dilaciones al servicio verdadero de la paz y no al de los propios intereses. ¡Basta del beneficio de unos pocos a costa de la piel de muchos! ¡Basta de las ocupaciones de las tierras que desgarran a los pueblos! ¡Basta con el prevalecer de las verdades parciales a costa de las esperanzas de la gente! ¡Basta de usar a Oriente Medio para obtener beneficios ajenos a Oriente Medio!”, sentenció.

Una última idea, por no repetir todo el discurso: “Son demasiados los niños que han pasado la mayor parte de sus vidas viendo con sus ojos escombros en lugar de escuelas, oyendo el sordo estruendo de las bombas en lugar del bullicio festivo de los juegos. Que la humanidad escuche el grito de los niños, cuya boca proclama la gloria de Dios. Solo secando sus lágrimas el mundo encontrará la dignidad”. Este es parte del fracaso de 2018. Una oportunidad para 2019.