Valérie Aubourg: “A través de las mujeres y de María se da la renovación católica”

Catedrática de Antropología y Etnología, experta en religiones contemporáneas y fenómenos

¿Están las poblaciones inmigrantes transformando la manera en que se vive lo sagrado en el catolicismo contemporáneo? A través de cantos, peregrinaciones y oraciones diarias, ¿están los inmigrantes devolviendo vitalidad y color a la vida religiosa en Francia? Hablamos de esto con Valérie Aubourg, catedrática de Antropología y Etnología, experta en religiones contemporáneas y fenómenos espirituales, y directora de la nueva Facultad Eclesiástica de Ciencias Sociales de la Universidad Católica de Lyon, cuya inauguración será en septiembre de 2026.



PREGUNTA.- Profesora Aubourg, ¿ha notado algún cambio hoy en día en la relación con lo sagrado, o más ampliamente, en la relación con la religión y la práctica religiosa?

RESPUESTA.- No estoy segura de que el término “sagrado” sea el más apropiado, pero sin duda ha habido una evolución en la relación con la religión, la fe y la práctica religiosa. La religión no es solo un conjunto de creencias o actitudes. Es una ética, un conjunto de comportamientos y prácticas, con algunos actos recomendados o incluso prescritos y otros prohibidos. Esta dimensión práctica, la de la ortopraxis, se ha atenuado significativamente desde el Concilio Vaticano II.

P.- ¿Qué ha sucedido?

R.- Se favoreció un cristianismo más interiorizado e intelectual, centrado más en las actitudes que en los ritos visibles. Toda una serie de prácticas –vestimenta, gestos, objetos de devoción, abstinencias, signos distintivos– fueron relegadas al rango de formas anticuadas, asociadas a la religión de los antepasados o a corrientes tradicionalistas. Este movimiento formó parte de una modernización de la sociedad que tendió a eliminar los rituales.

Poblaciones migrantes

P.- ¿Y hoy?

R.- Hoy se están volviendo a valorar estas prácticas. No lo llamaría exactamente un resurgimiento, ya que reaparecen en un contexto diferente al anterior al Concilio. Prácticas largamente subestimadas están recuperando protagonismo: la misa del Miércoles de Ceniza, las sotanas, las peregrinaciones, el rosario, los actos visibles de piedad. Y es aquí donde los migrantes católicos desempeñan un papel importante.

Aquellos que he estudiado, concretamente de sociedades asiáticas, africanas, latinoamericanas o criollas, no han experimentado el mismo abandono de estas prácticas. Llegan con un catolicismo que favorece las peregrinaciones, los pasos, las ceremonias religiosas, las devociones y una práctica más rigurosa de la Cuaresma. Existe un terreno común entre estos católicos y un sector del catolicismo francés que ahora está reviviendo estas prácticas.

Es importante aclarar, sin embargo, que la práctica también está evolucionando entre las poblaciones migrantes. En sus países de origen, muchos asistían a misa con mayor regularidad y se unían a coros o grupos de oración. En Francia, la práctica tiende a individualizarse más. Siguen rezando, pidiendo el bautismo de sus hijos y encomendándose a Dios, pero la participación colectiva y la implicación en la parroquia se vuelven más irregulares debido a las limitaciones de tiempo, la vivienda, el cuidado de los niños o el trabajo.

Influencia del islam

P.- Se habla con frecuencia de la influencia del islam en esta renovada relación con la práctica religiosa, ¿está de acuerdo con esto?

R.- Sí, en parte. En la sociedad francesa en su conjunto, el islam desempeña un papel fundamental hoy en día. Lo mismo ocurre en el catolicismo, aunque solo sea por comparación. Existe un respeto por prácticas visibles como el ayuno durante el Ramadán, y algunos católicos sienten que, ante este compromiso, ellos mismos podrían hacer más. De este modo, se produce una forma de emulación.

Pero para los inmigrantes católicos, la cuestión es más compleja. Muchos provienen de sociedades donde el islam ha estado presente desde hace mucho tiempo, donde existen matrimonios mixtos y una convivencia arraigada en los barrios, a veces incluso dentro de las familias. Su relación con el islam no es la de una otredad reciente. Al mismo tiempo, algunos llegan con una imagen más deteriorada del islam, vinculada a la violencia terrorista que sufrieron en su país de origen. Su experiencia es ambivalente.

P.- El papel de la mujer parece fundamental para esta renovación. ¿Qué lugar ocupan?

R.- Es absolutamente crucial. Entre los migrantes católicos, sin duda hay, proporcionalmente, más hombres practicantes que entre los católicos franceses asentados desde hace varias generaciones. La fe sigue siendo un apoyo importante para ellos ante la precariedad, las dificultades con el empleo, la vivienda, la salud o la experiencia del exilio. Muchos atribuyen la mejora de su situación a Dios o a la Virgen María.

Las mujeres son las más visibles. Son ellas quienes se encuentran en las ceremonias religiosas, santuarios, grupos de oración y redes informales. Y a menudo ejercen un auténtico liderazgo religioso, sin ser reconocidas como tales por la institución.

Joven migrante participando en misa

Joven migrante participando en misa. Foto: Vatican Media

P.- ¿Nos puede dar algún ejemplo?

R.- Conocí a mujeres que durante años habían dinamizado vastas redes a través de ‘WhatsApp’ para congregar a cientos de migrantes –africanos, criollos y caribeños–. Difundían información sobre encuentros para rezar el rosario, convocaban conciertos de alabanza, vigilias de sanación e informaban de visitas de predicadores. Estas citas eran muy informales, variadas, pero muy estructuradas.

Otras mujeres, comprometidas con su parroquia, prestan servicios litúrgicos esenciales, preparan celebraciones y organizan grupos de oración que incluyen a africanos, antillanos y algunos franceses, pero su compromiso no es reconocido. Este es un punto crucial. Estas mujeres ocupan posiciones de liderazgo en la difusión de prácticas, devociones, información y reuniones. Promueven un catolicismo ordinario, transnacional y móvil, apenas institucionalizado pero muy activo. Y esto permanece en gran medida invisible para la jerarquía católica.

Es importante añadir a esto la importancia de la devoción mariana. La oración a María, María Desata Nudos, la petición de protección, ayuda e intercesión… todo esto también le da al catolicismo un fuerte matiz femenino. A través de las mujeres y a través de María, se desarrolla un papel decisivo en la renovación católica.

P.- ¿Esta renovación implica a la liturgia?

R.- Sí, pero de forma ambivalente. Por un lado, estas poblaciones son muy atentas a los ritos, a su observancia escrupulosa, a todos los signos que el catolicismo posconciliar a veces había atenuado: incienso, cenizas, gestos, objetos, el peso simbólico de la celebración. Se ven acompañadas por una demanda de una liturgia más marcada y sacralizada. Al mismo tiempo, llegan con otras expectativas litúrgicas que no siempre encuentran en Francia: más canto, ritmo, movimiento corporal, la importancia de los coros, a veces danza, procesiones más elaboradas, mayor expresividad.

Sospechas de “comunitarismo”

P.- ¿Hay dificultades?

R.- Estos elementos son difíciles de introducir en las parroquias francesas. A menudo se perciben como folclóricos o se reprimen en nombre de una determinada concepción de la integración. Aquí entra en juego un factor importante: la visión republicana francesa de la integración, concebida en términos de individuos más que de comunidades.

En cuanto un grupo desea rezar de maneras más ligadas a su historia u orígenes, surgen sospechas de “comunitarismo”. Esta lógica también impregna la Iglesia. Explica en parte por qué algunas peticiones de misas africanas o formas litúrgicas específicas se conceden con reticencia. Sin embargo, estos mismos inmigrantes son claramente conscientes de que dentro del catolicismo francés existen otros “círculos cerrados”, con mayor reconocimiento social.

P.- ¿En los ambientes carismáticos se crean los mejores puentes?

R.- Sí, sin duda. Tanto en los círculos carismáticos católicos como en los evangélicos, el encuentro entre la población local y los migrantes es más intenso. Allí se forjan verdaderas amistades, a veces incluso uniones. La fe compartida crea un vínculo más fuerte que en el contexto parroquial habitual. Son también espacios donde las expresiones de piedad, sanación, liberación, canto y oración colectiva encuentran su lugar con mayor facilidad.

Incoherencia

P.- ¿La Iglesia en Francia está suficientemente preparada para estas expectativas?

R.- Tiene los recursos para satisfacer estas necesidades, y a veces lo hace, por ejemplo, a través de equipos de exorcismo, que me han impresionado mucho por la calidad de su escucha y apoyo. Pero…

P.- ¿Pero?

R.- Tengo la impresión de que muchas veces se exige a las personas una gran coherencia entre sus creencias, prácticas y estilo de vida antes de que se les facilite el acceso a los ritos. Hay muchas personas que presentan peticiones que no se corresponden con esta coherencia perfecta. Por ejemplo, desean que un niño reciba el bautismo para protegerlo, o quieren una boda o una bendición sin necesariamente cumplir con los cánones establecidos.

Y debido a nuestro temor al “pensamiento mágico”, podemos sentirnos tentados a mantenerlos a distancia. Y es una lástima, porque estas personas están llamando a las puertas de la Iglesia. Los ritos podrían ser una puerta de entrada para ellas. Al exigir demasiado desde el principio, corremos el riesgo de que sus expectativas se dirijan a otros ámbitos que el catolicismo podría perfectamente satisfacer.


*Entrevista original publicada en el número de mayo de 2026 de Donne Chiesa Mondo. Traducción de Vida Nueva

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