Rafael Salomón
Comunicador católico

¿Cómo me mira Dios?


Compartir

Hoy por la mañana al abrir mis ojos quise sentirme visto y amado por Dios, al mismo tiempo admirar sus obras y ver su creación ¿Sería posible experimentar algo así? De esta forma inicia la siguiente reflexión, donde el sentido de la vista me “habla” del amor de Dios. Todo sucedió al amanecer, abro los ojos, para ver más y mejor. Es mirar todo lo que me rodea, porque ahí también está el Señor.



Miro a mi alrededor, la casa donde vivo, la oficina, la calle que cruzo, los coches que pasan, el teléfono que suena, la lluvia que cae, la luz que me ilumina y descubro que todas las cosas tienen tu huella Señor.

Al mirarlas con tus ojos me devuelven el destello, la novedad, la sorpresa, el saber que están ahí, porque alguien las puso para mí. Mirar así, significa amar, observar con el corazón, con cuidado, con paciencia, mirar lenta y largamente la creación, un paisaje, un ser humano. «Tú eres el Dios que me ve». También dijo: «¿De verdad he visto a Aquel que me ve?». Génesis 16, 13.

mirada

Los diferentes rostros de Dios

Y alguna vez te has preguntado: ¿cómo me ve Dios? Es inspirador pensar que Dios nos ve de una forma tan distinta a cómo nosotros nos vemos y como otras personas nos ven, que realmente no se puede hacer ninguna comparación. Estoy seguro que se abrirían más nuestros ojos, veríamos mucho más tan solo al pensar que Dios nos mira con ese amor de padre y con esa misericordia propia de Él, será una mirada que representaría el embelesamiento por cada uno de nosotros, supongo que así sería la mirada de Dios.

Indudablemente a veces la realidad se vuelve violenta y deseamos cerrar los ojos y dejar de mirar. “Pero Yavé dijo a Samuel: «No mires su apariencia ni su gran estatura, porque lo he descartado. Pues la mirada de Dios no es la del hombre; el hombre mira las apariencias, pero Yavé mira el corazón.” 1 Samuel 16.

Hoy deseo con toda el alma abrir mis ojos para mirar sin prejuicios, mirar como un acto bondadoso para entender y admirar lo que Dios ha creado para todos nosotros. Ver para encontrar el mensaje, mirar con atención porque ahí también está el Señor. Cuando veo con atención descubro los diferentes rostros de Dios, los cuales son tan diversos que me sorprendo siempre que los reconozco.

Abrir mis ojos y dejar que esas imágenes entren en mi corazón y de esta manera me hablen de Él, de su inmenso amor y de la vasta creación. Nunca deberíamos  olvidar la manera como Dios mira a sus hijos, sin duda lo hace de una forma única, mira a aquellos que le buscan y le aman perfectos, amados, perdonados, restaurados, salvos.

Porque en Jesús, todos aquellos que se acercan a Dios reciben toda la gracia del Evangelio, esto representa toda clase de bendición y recompensa. Así que, mirarle a Dios y dejarnos mirar por Él es vivir una experiencia amorosa y única.