Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol y presidente de la Subcomisión para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española. Foto: Archivo
El 30 de julio entraron a España, vía Ceuta, más de 75.000 personas y cerca de 200 de ellas murieron ahogadas, aunque parece que pronto nos olvidamos de ellos. No así el obispo de Mondoñedo-Ferrol y presidente de la Subcomisión para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española, Fernando García Cadiñanos, que, pese a los más de 1.000 kilómetros que le distancian de la ciudad autónoma, conversa con ‘Vida Nueva’ cómo ha seguido de cerca la crisis migratoria de una frontera despojada de dignidad.
PREGUNTA.- Un mes después de esta última crisis migratoria en Ceuta, ¿cómo valora la acción eclesial?
RESPUESTA.- Como Iglesia nuestra tarea es acompañar, estar cerca, hacer oír la voz. Me consta que las parroquias y Cáritas han estado muy cerca de las personas de Ceuta y de los migrantes que allí se encuentran, acompañando, ayudando, orando, dando esperanza y horizonte. Los centros de acogida de la Iglesia están desbordados y se ha hecho una campaña de recogida de donativos para poder llegar mejor a todas las necesidades.
También se ha hecho un esfuerzo por iluminar esta realidad. Desde diferentes instancias hemos tratado de alzar la voz para sensibilizar en esta situación muy compleja, que tiene muchas aristas y que supera lo puramente humanitario. Desde el mensaje de la Iglesia no podemos sino estar cerca de las víctimas, repudiar toda violencia, defender la dignidad de toda persona y presentar los principios de la doctrina social como luz y camino para esta situación.
P.- Algunos sectores juzgan a la Iglesia por su defensa de la acogida al extranjero. ¿Se puede conjugar el derecho a migrar con la defensa de las fronteras?
R.- La migración, que pertenece al fenómeno más amplio de la movilidad humana como característica estructural de nuestra época, es una realidad muy compleja que no puede ser abordada desde una única banda. Son muchos los actores que han de intervenir y que, por tanto, participan en la gestión de esta. La Iglesia siempre ha planteado tres principios fundamentales en este tema:
Se conjugan así el bien particular y el bien común. Desde luego, no es fácil, por lo que se requiere la actuación de todos a nivel global en un sistema económico capitalista que genera exclusión y fractura social. Pero, sin duda, debe ser factible articular vías legales y seguras para facilitar las migraciones.
P.- No sé si la opinión pública, en medio de tantas narrativas de odio, tiene hoy demasiado claro quiénes son las víctimas y quiénes los verdugos. ¿Los migrantes suponen una amenaza para nuestro país?
R.- Los migrantes no son una amenaza: así lo descubrimos en tantos rincones de nuestro país donde la integración es un hecho y donde tantos migrantes están colaborando en el desarrollo económico, social, humano y religioso de tantas comunidades. En esta crisis se ha demostrado que los migrantes han sido utilizados y siguen siendo utilizados por oscuros intereses. Esto es muy triste y lamentable.
No seremos auténticamente humanos si no nos duelen y consideramos como hermanos nuestros a ese número indeterminado de personas que han muerto en el paso de la frontera, siguiendo cantos de sirena que alguien ha lanzado y que es el último responsable de sus muertes. Pienso en sus familias y en tantos proyectos de esperanza truncados. En estas cuestiones me da la impresión de que se fomenta una “guerra entre pobres” para despistarnos de las auténticas causas del problema.
P.- La Iglesia no ha olvidado estos días a los ceutíes que viven una situación de tensión. ¿Cómo se puede apelar al “fui forastero y me acogisteis” en una comunidad eclesial como la de Ceuta?
R.- No es fácil, pero es que el Evangelio siempre es provocador y contracorriente. Durante estos días me convenzo cada vez más que necesitamos ser iluminados por la luz de la fe para situarnos adecuadamente, como creyentes, en esta realidad compleja que nos toca vivir. Necesitamos alzar la mirada… Sin duda, la luz del Espíritu está suscitando hoy gestos concretos y mensajes que hacen realidad esta propuesta del Señor.
Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol y presidente de la Subcomisión para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española. Foto: Archivo
La sociedad ceutí ha dado muestras de ser una sociedad integrada e integradora, aunque hoy está muy tensionada. Por eso, hay que ayudarla para que no se sientan solos y crean que es un problema que tienen que resolver aisladamente, cuando les supera. Desde luego hay que desechar toda violencia y toda hostilidad, y buscar vías de diálogo y legalidad.
Y en un contexto en el que la gobernanza del Estado y la comunidad internacional se ha de hacer presente y garantizar también los derechos fundamentales. La reivindicación de sus derechos fundamentales no puede ser alternativa a la fraternidad. Se ha planteado el debate así: o estás con los migrantes, o estás con los ceutís, y no es cierto. Entre todos hemos de salir de este dilema que puede ocasionar muchas consecuencias negativas.