España

Marta y el pequeño Joaquín, testigos de la ternura de León XIV

| 09/06/2026 - 13:38





Nada más terminar ayer la oración de León XIV en la Almudena, Vida Nueva, mientras la verja de salida permanecía cerrada en espera de que el Papa y la reina emérita, Doña Sofía, salieran en sus respectivos coches, fue testigo de una escena realmente bella.



Una joven madre, vestida de amarillo, sostenía a su hijo pequeño en brazos. Era algo llamativo, pues en la acera de enfrente estaba aglomerada una multitud, mientras que allí, en una zona acordonada por la policía, permanecían ellos solos.

Bajo el estruendo de las campanas de la catedral

Bajo el estruendo de las campanas de la catedral, bullentes de alegría sin fin, y bajo un sol de justicia, pasó lo que tenía que pasar: el papamóvil se paró y el Papa se detuvo ante la madre y su hijo. Cogió al pequeño, lo bendijo y habló brevemente con la madre. Tras irse León XIV, ella abrazó con emoción a los policías de la zona y se dirigió a la zona llena de fieles, recibiendo una ovación estallante de todos.

El Pontífice agustino ha repetido este gesto muchas veces desde que está en España, pero estaba claro que, esta vez, había una historia distinta detrás de esto… Y, tras compartir el vídeo en las redes sociales, despertando un notable eco en mucha gente, Vida Nueva tuvo la respuesta: se trataba de Marta Baeza y su hijo Joaquín, quien tiene síndrome de Down y padece una cardiopatía por la que se ha debido de operar y espera al menos otra intervención quirúrgica.

Como ella misma nos relata, “todo ocurrió sobre la marcha. Tengo ocho hijos, siendo Joaquín el pequeño. Los había recogido en el colegio y, en un impulso, decidí que teníamos que ir a ver al Papa. Cogimos el tren, andamos bastante y, ante el calor que hacía, fuimos todos a un bar cercano a la catedral”.

“Con eso ya estábamos felices”

Al ir hacia la Almudena, el Papa ya les saludó y les dio su bendición a distancia: “Con eso ya estábamos felices”… Pero decidieron quedarse para tratar de ver otra vez a Robert Prevost.

Entonces, al verla allí con el más pequeño de todos, “los policías, que son unos ángeles, me pidieron que les acompañara… Y nos pusieron ahí, solos, justo por donde estaba previsto que pasara el Pontífice. Otra cosa es que nadie podía imaginar lo que luego sucedió: que se parara y nos dedicara ese momento con tanta ternura”.

Marta Baeza y sus hijos

Como concluye Marta en su conversación con Vida Nueva, hubo otra cosa más: “León XIV ha bendecido a mi hijo, pero siento que a quien ha querido dar paz ha sido a mí, pues su mirada estaba en mí todo el rato. Y, de hecho, me preguntó qué tal estaba”.

Como en tantos discursos ofrecidos en su viaje por España, también en lo sencillo, en lo aparentemente invisible, Robert Prevost demuestra que cada vida importa y que todas son igualmente dignas.

Por su fuera poco, tuvieron un último regalo: “Mi marido Juan salía de trabajar tarde. Nos dijo que trataría de venir a acompañarnos frente a la Almudena. Parecía imposible que llegara con el tráfico cortado, pero, sin saber que estaba, llegó justo para ver ese momento único con sus propios ojos”.

Marta Baeza y su hijo Joaquín, con el Papa. Foto: Miguel Ángel Malavia