Al presentar un subsidio sobre el medio ambiente, Juan Manuel González asegura: “Necesitamos convertir nuestro consumo desmedido y esa necesidad de acumular, aun cuando lo que tenemos ya es suficiente”
Obispo Juan Manuel González Sandoval. Foto: Vatican News
El obispo de la Diócesis de Tarahumara y responsable de la Dimensión Episcopal del Cuidado Integral de la Creación de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, Juan Manuel González Sandoval, pidió a los católicos mexicanos reducir el consumo de agua, energía y materiales.
Al presentar el subsidio titulado ‘El medio ambiente. Las señales urgentes y lo que elegimos responder’, aseguró: “Necesitamos convertir nuestro consumo desmedido y esa necesidad de acumular, aun cuando lo que tenemos ya es suficiente”.
Señaló que el consumo de cada persona debe ser valorado nuevamente: “la mejor forma de actuar en consecuencia no es solo reciclar, sino reducir: siempre que consigamos consumir menos agua, menos energía y menos materiales, estaremos en una franca conversión”.
El obispo González aseveró que cada ser humano está llamado a relacionarse de forma distinta con los bienes de la naturaleza, “desde un sentido de cooperación, para lograr formas armónicas de habitar juntos la misma casa”.
Explicó que la humanidad tiene dos oportunidades sostener un proceso de cambio: “conversión personal, que requiere revisar la manera en que vivimos, cómo usamos lo necesario para la subsistencia… y la forma en que nos deshacemos de lo que ya no consideramos útil”.
Destacó que la segunda oportunidad está en las políticas públicas, en los modelos económicos y en las estructuras de producción; es indispensable -dijo- que las estructuras que rigen la política, la economía y la tecnología cambien también.
En el documento presentado al celebrarse el Día del medio ambiente (5 de junio), el obispo afirmó que si no cambiamos nuestros esquemas económicos, “si no redistribuimos la riqueza o rompemos las asimetrías sociales, no habrá una verdadera conversión“.
Ejemplificó que la instalación de parques de energía fotovoltaica, “no está siendo buena noticia para muchas comunidades originarias, que prevén que sus estilos de vida, sus modos de trabajo, sus prácticas culturales y la flora y fauna serán sacrificados bajo la premisa de que se está produciendo ‘energía limpia’”.
Consideró que no basta con que los ciudadanos lleven bolsas de tela al supermercado si, al llegar ahí, casi todos los productos están plastificados; “los hábitos individuales necesitan transformarse, pero la industria debe hacer lo propio, porque la casa la habitamos todos, sin distinción”.