España

El Dios de Rosalía

| 20/05/2026 - 14:42





Tiene 33 años y una presencia que se nota. No es esa coronilla rubia teñida en la cabeza que se antoja un halo virginal, no. Tampoco lo es su indumentaria cuando camina por la calle, por su barrio (cada vez menos) o cuando se sienta frente a un periodista. Dicen que en la distancia corta Rosalía gana muchos puntos y su cercanía es tal que casi se la puede tocar, si es que no lo hace ella antes. Nunca la he escuchado quedarse muda cuando le formulan una pregunta de esas que hace que te recoloques en el asiento y ganes tiempo jugando con los anillos, como si estuvieras despistada. Tiene un punto naíf y es capaz de poner orden en el caos.



Cuando llegó a la música y publicó su primer disco la crítica ya la elevó a los altares. Era 2017, es decir, hace nueve años, lo que hay que descontarle a los años que tiene. Hagan la resta. Imagino que no debe ser complicado mantenerse bien sujeta al suelo y no caminar como Cristo por encima, no de las aguas, sino del asfalto. Era una cría casi. Se miró en su familia y se agarró a su hermana, con la que dice que habla sin despegar los labios. Se asieron las dos. Y a su madre. Y a su abuela. Mujeres bien agarradas para que la niña de la que se hablaba en las cuatro esquinas del planeta no despegara las suelas del asfalto.

Llegaron los modelazos, la alta costura, los diseños abrumadores de Versace, Dior, Vuitton o Palomo Spain, las uñas kilométricas, los vestidos invisibles, pero ella, Rosalía, mantenía su esencia. Han pasado cuatro discos desde aquel primero dedicado a la muerte y ‘Lux’, con el que ha vuelto al mundo del arte (porque este trabajo, como en muchos otros de muchos creadores, excede la palabra disco, a secas), la ha colocado de nuevo en un punto de mira que nunca ha abandonado.

“Rosalía habla a Dios”. A un Dios conocido y a uno desconocido. Incluso le dedica una canción: ‘Dios es un stalker’, que con ironía y atrevimiento habla de la vigilancia constante que hoy vivimos. Ella lo ha repetido casi hasta el hartazgo: que tiene fe y que este disco explica con música lo que ella no sabe decir con palabras. Que quiere a través de esas canciones dar las gracias por todo lo que ha recibido.

Recogerse y rezar

Que en momentos de buscar casi con desesperación algo a lo que asirse porque el largo día amenaza con una tormenta cada vez más inclemente, la artista ha optado por recogerse y rezar. A su manera, como lo ha visto tantas veces hacer a su abuela. Como la veía hacerlo ella de chica cuando iba con la yaya a la iglesia a oír misa. Ese recogimiento y ese sentimiento de la carne, de la sangre, la ha calado hasta los huesos. Tanto que hoy reza. Y agradece.

No es la actitud de esta chica de 33 años, no lo creo, una impostura, un postureo, un afán de vender, un arrimarse a lo que se lleva. Porque no lo necesita. Las cosas del trabajo le han salido bien y no tiene la necesidad de fabricarse un personaje. Rosalía es la que se ve, la que anda subida en unos tacones de plataforma tosca y la que calza deportivas, depende de la ocasión. La portada de ‘Lux’, que es un disco que no viene mal escuchar con cierto aislamiento, la retrata en la imagen de presentación como una monja, con una toca blanca, pero enfundada, parece, en una camisa de fuerza, quizá la que cada cual viste en su día a día.

Rosalía presenta ‘Lux’. Foto: Rosalía

No le busquemos al gato más pies de los que tiene. Está cantado en varios idiomas y parece una plegaria que ella necesitaba musicar en este momento, en el momento en que se publicó el disco y el mundo se puso a sus pies, allá por noviembre del año pasado. Y ahora también.

No es fácil acercarse a Rosalía porque tiene un escudo protector que lo complica todo, pero las cosas de la vida son, muchas veces, la mayoría, bastante más sencillas de lo que queremos interpretar. Porque estamos en un tiempo de interpretaciones, de buscar porqués, de no conformarnos con lo que vemos porque no genera polémica y necesitamos el bullicio, el barullo, las discusiones infértiles y los argumentos sin razón.

Apetito espiritual

“Tengo hambre de conocimiento y mucha energía”, ha dicho. Y a ese apetito ha dado salida a través de una ‘Lux’ que no sabe muy bien lo que es, pero que la ilumina, que pone luz en una espiritualidad que es la suya, que tiene raíces cristianas, claro, y a la que trata de dar forma ayudada por mujeres, muchas de ellas santas, que la sirven como guía. Ahí están Santa Teresa de Jesús, Santa Clara de Asís, Santa Rosa de Lima, Hildegarda Von Bingen, qué gran pionera en tantas materias y qué enorme música, nunca lo suficientemente reconocida, o Simone Weil, de quien toma una frase que es una declaración de intenciones y principios: “El amor no es consuelo, es luz”.

Cuando habla de ellas y de ellos, de su espiritualidad, le hablan las manos, entorna los ojos y se concentra. Baja el tono y se refugia en el respeto. Porque ella respeta el rosario de su abuela y la liturgia, pero busca esa luz no solo en Dios, sino en otros dioses de los que habla a través de la música. La Biblia, el Corán, los Vedas, que son los textos sagrados más antiguos del hinduismo, forman parte de esa búsqueda para completarse.

Piezas de un puzle

Son piezas capitales en un puzle que es ella misma, que es su esencia y que es su formación. Cuando se conoció la imagen de la portada no hubo sorpresas. Era bella, simplemente, no había de dónde rascar. No era, tampoco, un reclamo para que las vocaciones en España aumentaran exponencialmente y los conventos se llenaran con novicias dispuestas a profesar por haber escuchado la llamada de Rosalía. Ni quita ni pone. Simplemente está.

Una llamada que ha hecho en 13 lenguas (hay quienes añaden una más) en forma de rumba, de copla, canto lírico casi operístico (ahí, como siempre sucede, se levantaron las voces más puristas dispuestas a quemar en la hoguera la osadía de Rosalía de querer lucir garganta lírica, menuda estupidez).

Rosalia en un podcast. Foto: Vida Nueva

Ha pasado meses estudiando textos religiosos y cuando ha tenido lo que quería entre las manos, porque en su cabeza ya se había forjado la idea, ha parido ‘Lux’, que no es un disco católico, sino que es el reflejo de una sociedad multicultural y de pensamiento abierto en la que todo aquello que signifique aportación y enriquecimiento tiene un lugar o al menos deberíamos saber dárselo. Todas las mujeres de las que habla la han acompañado en este proceso y en este trabajo. Cada una de ellas ha aportado su sabiduría y ella se ha llenado con cada verso, con cada prosa. Cuando habla de la santa de Ávila parece que levitara como ella. Siempre ha mostrado respeto.

Lo mismo que con las religiones que aborda. En todas las que canta se ha sentido tocada. Hay algo, aunque sea una pizca, que la toca, con lo que se identifica. Pero para eso, para llegar a ese momento, ha sido necesario conocer a fondo lo que canta, un proceso de inmersión de una trabajadora nata cuyo ritmo, dicen sus allegados, a veces es casi imposible de seguir. Esta ‘Lux’ es muy seria. Es una luminaria potente. Y ella lo sabía y lo sigue sabiendo.

Debajo del chándal o del vestido de alta costura late una mujer de 33 años que busca y que, a tientas, como cada quien, encuentra. ‘Lux’ es el disco más vendido de las ‘plataformas online’. Y con él se ha ido de gira mundial. Un tour agotador que empezó en Lyon, donde desplegó todo su universo de teatro y belleza y que sigue convocando a almas deseosas de grabarla con el móvil, porque hoy miramos y vemos a través de ese aparato. Mejor, mucho mejor es sentir que canta para cada quien. Y que su voz se puede convertir, por qué no, en una plegaria.


*Reportaje original publicado en el número de mayo de 2026 de Donne Chiesa Mondo. Traducción de Vida Nueva

Etiquetas: Rosalía
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