Democracia, abusos, reformas, bendiciones LGTBIQ+, sinodalidad y ecumenismo han marcado un encuentro en Würzburg convertido en termómetro político y eclesial de la Alemania actual
Congreso Católico Alemán. Foto: EFE/EPA/ANNA SZILAGYI
El 104.º Congreso Católico Alemán, celebrado esta semana en Würzburg y convertido, durante cinco días, en una suerte de radiografía espiritual y política del país, ha llegado a su fin. Bajo el lema ‘¡Ánimo, levántate!’, más de 60.000 personas —entre inscritos y visitantes— participaron en la mayor reunión de laicos católicos de Alemania, marcada por un mensaje transversal: frente al auge de la polarización, la extrema derecha, el desencanto democrático y las fracturas internas de la Iglesia, el catolicismo alemán quiere reivindicarse como espacio de diálogo, cohesión y reforma.
No faltó a la cita el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, quien inauguró el encuentro advirtiendo de que el país vive “un momento especialmente delicado”. “Debemos dejar de autoengañarnos y de llevar al país al abismo”, afirmó. Asimismo, Steinmeier, de confesión protestante, pidió “atreverse a abrazar un mayor ecumenismo” y reclamó una cooperación más estrecha entre católicos y protestantes en un momento de creciente fractura social.
En la misma línea, el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Heiner Wilmer, reclamó “más optimismo y confianza” y pidió a las Iglesias combatir “los eslóganes sin sentido de la extrema derecha y la extrema izquierda”. “Queremos tender puentes y ofrecer espacios para el encuentro”, aseguró.
La preocupación por el ascenso de la ultraderecha atravesó buena parte del Congreso. De hecho, Steinmeier alertó sobre las consecuencias que tendría una eventual llegada de la Alternativa para Alemania al poder en Sajonia-Anhalt, mientras el vicepresidente del Bundestag, Bodo Ramelow, fue ovacionado al afirmar que la AfD es “el partido más anticlerical”.
La presidenta del Comité Central de Católicos Alemanes (ZdK), Irme Stetter-Karp, fue aún más contundente: “No les ofrecemos espacio para su demagogia”, dijo al justificar el veto del ZdK al partido ultraderechista. En este sentido, el presidente del episcopado alemán advirtió de que no puede permitirse que declaraciones que recuerdan “los capítulos más oscuros de la historia alemana” vuelvan a normalizarse socialmente. “No debemos permanecer en silencio”, afirmó.
Pero el Congreso no miró solo hacia fuera. También sirvió para que los católicos alemanes hicieran examen de conciencia y reconocieran las tensiones internas que atraviesa hoy la Iglesia católica en el país, empezando por las reformas impulsadas por el Camino Sinodal, las bendiciones a parejas homosexuales, el papel de las mujeres y la sinodalidad, que protagonizaron algunos de los principales debates del encuentro.
Ante esto, el obispo de Würzburg, Franz Jung, pidió “valentía para las reformas”, citando expresamente “el papel de la mujer en los cargos eclesiásticos”, la sinodalidad y la prevención del abuso de poder. En este sentido, Stetter-Karp aseguró que “la estructura de la Iglesia Católica no ha abandonado el patriarcado”, reclamando una mayor participación de las mujeres en la vida eclesial.
En cuanto a la cuestión LGTBIQ+, la realidad es que, más allá de los debates, más de 200 personas participaron en un servicio religioso queer celebrado en la iglesia agustina de Würzburg, organizado por colectivos como #OutInChurch o la Red de Lesbianas Católicas, quienes, bajo el lema ‘La vida es colorida’, reclamaron reconocimiento pleno para las personas homosexuales dentro de la Iglesia.
El acto se celebró en pleno debate sobre las bendiciones a parejas del mismo sexo y después de que en Alemania se publicara una guía pastoral que incluye celebraciones para parejas “en toda su diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género”.
Ante todo ello, la celebración tuvo lugar con la presencia del secretario general del Sínodo, el cardenal Mario Grech, quien intervino para recordar que la sinodalidad “no es una lucha de poder ni una mera toma de decisiones por mayoría”.
En este sentido, Grech defendió una “sinfonía de comunión” entre las Iglesias locales y la Iglesia universal. “No existe Iglesia universal sin iglesias locales ni una iglesia local sin la Iglesia universal”, afirmó, insistiendo –sin mencionar específicamente el Camino Sinodal Alemán– que “el Espíritu Santo no crea una suma de opiniones, sino armonía”.
El escándalo de los abusos también estuvo muy presente, y el encuentro contó con la participación de la comisionada del Gobierno alemán para casos de abuso, Kerstin Claus, quien reclamó más implicación estatal y criticó la falta de estructuras políticas para investigar los casos. “El esclarecimiento no se limita a la persecución penal”, afirmó. “Se trata de rendir cuentas, asumir responsabilidades e investigar de forma independiente”.
Con todo ello, el Congreso concluía el domingo con un nuevo llamamiento a la paz y la cohesión social, en el que Wilmer defendió una Iglesia “que salga al centro del caos y del sufrimiento de este mundo. Una Iglesia que quiere apagar los incendios puede cansarse, puede ser atacada y puede ser incomprendida, pero brillará”.