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El cardenal Czerny anima a Cuba en pleno bloqueo de Trump: “La justicia requiere valentía espiritual”

| 18/05/2026 - 17:19

  • El prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral preside una misa por el pueblo cubano en la iglesia de San Ignacio de Loyola, en Roma
  • Denuncia que “toda lógica de confrontación permanente” solo puede “agravar el peso que ya recae” sobre los más vulnerables
  • “Las ayudas humanitarias deberían llegar en cantidad suficiente y sin obstáculos, sin ser nunca instrumentalizadas con fines políticos”





En plena crisis en Cuba, con el país desabastecido por el bloqueo impuesto desde enero por Estados Unidos y la amenaza del presidente, Donald Trump, de que se hará con el “control” del país, su pueblo ha recibido el abrazo papal.



León XIV lo ha hecho a través del cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, quien ha querido tener un gesto con la isla caribeña.

“Por la paz y el desarrollo social”

Así, el pasado 15 de mayo, presidió una misa en la iglesia de San Ignacio de Loyola, en Roma, que tenía como principal fin orar “por la paz y el desarrollo social en Cuba”.

Entroncada a partir del “no tengas miedo, sigue hablando y no calles”, con el que Dios animó a Pablo en un momento en el que este estaba “cansado, probado y expuesto a la incomprensión y al rechazo”, de ahí se extrae un mensaje de “esperanza”.

Del mismo modo, dos milenios después y cuando el pueblo cubano sufre, urge “una palabra que sostiene el corazón del creyente en los tiempos difíciles de la historia. Una palabra que custodia la confianza cuando todo parece frágil y precario”.

Como el mismo Jesús enseñó a sus discípulos

Algo que el mismo Jesús enseñó a sus discípulos cuando les hablaba “de la mujer que sufre los dolores del parto y que, luego, con el nacimiento del niño, experimenta una alegría nueva, capaz de transfigurar el dolor vivido”.

Con esa potente imagen, Cristo se dirigía así a quienes le acompañaban “para prepararlos para el tiempo de la prueba, enseñándoles que el sufrimiento de la historia no es ajeno a la obra de Dios y que todo auténtico camino humano hacia la paz y la justicia requiere paciencia, discernimiento y valentía espiritual”.

Imagen de pobreza en Cuba. Foto: EFE

Sin citar a Trump en ningún momento, en una eucaristía en la que había distintos “representantes institucionales”, incluidos “embajadores”, el purpurado jesuita canadiense ofreció “ante el altar del Señor los sufrimientos, las esperanzas y las expectativas del pueblo cubano”.

Dignidad, cultura, sacrificio, fe y resiliencia

Algo que hizo “con respeto, con sinceridad y con un profundo afecto por una tierra que custodia una historia rica en dignidad, cultura, sacrificio, fe y resiliencia”.

Y es que “la Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda con claridad que la paz auténtica se fundamenta en pilares morales y espirituales antes incluso que políticos o económicos”.

De hecho, “san Juan XXIII, en la ‘Pacem in Terris’, indicaba, en la verdad, la justicia, la libertad y el amor, las condiciones indispensables para una convivencia humana digna del hombre. Son palabras que conservan una fuerza extraordinaria también en nuestro tiempo”.

Atención concreta hacia quienes más sufren

En este sentido, Czerny insistió en que “la justicia exige una atención concreta hacia quienes más sufren”. Del mismo modo que “la libertad reclama espacios reales de participación, escucha y responsabilidad compartida”.

En cuanto a otro principio fundamental como “la verdad”, esta “se convierte en un estilo de diálogo sincero, capaz de superar la propaganda, las rigideces y las desconfianzas recíprocas”.

Palabras, estas, que tienen mucha resonancia en un conflicto directo entre un régimen comunista que lleva casi siete décadas en el poder y un Gobierno vecino, el de Estados Unidos, que busca adelantar su fin mediante la asfixia.

El amor abre el camino a la solidaridad

Ante este paradigma marcado por la ausencia del cuidado de las personas y del bien común, el Evangelio ofrece una alternativa: “El amor abre el camino a la solidaridad y al compartir de los bienes materiales, culturales y espirituales entre los pueblos”.

Dese esta mirada, “toda lógica de confrontación permanente corre el riesgo de agravar el peso que ya recae sobre las personas, especialmente sobre los más pobres, los ancianos, los enfermos y los niños”.

Protestas contra Trump en Cuba

En este punto, el cardenal apeló a León XIV, quien recuerda que “ningún orden estable puede nacer de la fuerza de las armas ni de la presión que humilla a los pueblos”.

A través del diálogo y del derecho internacional

Además, Robert Prevost recalca que “el desarrollo humano crece a través del diálogo, del derecho internacional, de la cooperación entre las naciones y de la protección de la dignidad de todo ser humano”.

Por ello, Czerny argumentó que “las ayudas humanitarias deberían llegar en cantidad suficiente y sin obstáculos, sin ser nunca instrumentalizadas con fines políticos o geopolíticos”.

Sobre este punto hay que tener en cuenta que, en el reciente encuentro entre Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, y el Papa, esto habría estado sobre la mesa. Y, según expresó el político en la víspera, tales ayudas se podrían canalizar a través de la Iglesia católica.

Referencias a Francisco y a Juan Pablo II

Al final de su homilía, el purpurado recordó a Francisco, que, “durante su viaje a Cuba en 2015”, llamó a “colocar a la persona concreta en el centro de la vida social y política”, siendo un hecho que el servicio “nunca es ideológico”.

Del mismo modo, se retrotrajo a san Juan Pablo II, quien, también en la isla caribeña, pidió “que el mundo se abra a Cuba y Cuba se abra al mundo”. Para el representante vaticano, “no era un eslogan político”.

Al contrario, “era una invitación espiritual y humana a derribar muros de incomprensión, a abrir espacios de confianza recíproca y a permitir que los pueblos se encuentren sin miedo”.

El dolor de los pueblos y las heridas de la historia

Así, Czerny concluyó su prédica como la inició: “El Señor crucificado y resucitado lleva en sí el dolor de los pueblos y las heridas de la historia. Ante Él encomendamos a las familias cubanas, a los jóvenes que buscan esperanza, a quienes gobiernan, a quienes sufren y a quienes esperan días más serenos”.

Porque “el Evangelio nos entrega una promesa: ‘Su tristeza se convertirá en alegría’. No es una promesa ingenua. Es la certeza cristiana de que Dios sigue actuando dentro de la historia humana, incluso cuando predominan la oscuridad y el desconcierto”.

Ahora, solo cabe esperar “que toda decisión política, económica e internacional esté iluminada por la sabiduría, la prudencia y una sincera búsqueda del bien de las personas. Roguemos al Señor para que convierta el corazón de los hombres a la fraternidad universal”.

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