El arzobispo de Zaragoza en el funeral de Javi Sánchez: “Cuántos encontraron en su música la caricia y el rostro de un Dios cercano”

El sacerdote fallecía ayer como consecuencia de las quemaduras sufridas el pasado fin de semana durante la vigilia pascual en el convento de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas de la capital aragonesa

Javi_Sanchez

“Despedimos a Javi, el sacerdote que tantas veces nos hizo rezar cantando al amor más sincero. Sí, al amor que dio su vida por amor, al que Javi entregó su vida entera”. Así ha comenzado el arzobispo de Zaragoza, Carlos Escribano, su homilía en el funeral de Javi Sánchez, el sacerdote madrileño que vivía en Zaragoza desde hace tres décadas y que fallecía ayer en el hospital Miguel Servet, como consecuencia de la quemaduras sufridas el pasado fin de semana durante la vigilia pascual en el convento de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas de la capital aragonesa.



“No hemos hecho otra cosa que compartir nuestra sorpresa incrédula ante la noticia que fue corriendo de boca en boca, de mensaje en mensaje, mientras compartíamos la mala noticia no dando crédito, como si nuestra extrañeza herida y perpleja pudiera cambiar las cosas”, ha continuado el arzobispo. “Nuestra Iglesia diocesana, está triste y en nombre de todos queremos expresaros nuestras condolencias, querida familia. Es inútil darle vueltas, por más que nuestro dolor por una pérdida como la de Javier Sánchez, nuestro querido Javi, nos ha sumido en ese pliegue de preguntas que nos dejan pobres, de dudas que nos zarandean, de lágrimas como humilde expresión de lo que no sabemos decir abrumados por la noticia”.

“No ha sido el desenlace final tras una larga enfermedad que minaba a una persona y que poco a poco nos iba preparando para aceptar y asumir el golpe último que siempre nos impone una muerte, sino del sobresalto fiero de un hecho con el que nadie contaba: ni su familia que le quería y le quiere, ni las monjas Concepcionistas que se estaban preparando para celebrar la Resurrección del esposo, ni los compañeros sacerdotes que le lloramos con desazón, ni nuestros cofrades de la Humildad que en el epílogo de la semana Santa reciben la peor de las noticias, ni la feligresía y los vecinos de San Gregorio que no tuvieron la oportunidad de celebrar con él la fiesta del triunfo de la Vida, ni tantos amigos que han encontrado en su música y en sus canciones la caricia y el rostro de un Dios cercano”, ha lamentado Escribano.

“Cada mañana nos adentramos en las rutinas de una nueva jornada. Así, al dar comienzo un nuevo día miramos la agenda de nuestros quehaceres donde hemos anotado un sinfín de cosas. Tantas tareas de esas que a diario llevamos adelante sin caer jamás en la osadía de anotar: esta semana me encontraré contigo cara a cara Padre bueno. Esa anotación está escrita, pero sólo la conoce Dios que es quien lleva nuestra agenda verdadera que nunca nos comunica y que sólo conocemos cuando llega”, ha apuntado. “Es cierto que muchas veces decimos: ‘haremos tal cosa si Dios quiere’. Lo decimos, sin caer en la cuenta de la verdad que encierra esa expresión tan cristiana”.

Al amor más sincero

“Tantas veces Dios escoge caminos insospechados para venir a nuestro encuentro y decirnos algo. Acaso, ante nuestras sorderas pertinaces y nuestras distracciones fugitivas, Él escoge el silencio y la ausencia para venir a nuestro encuentro. Un silencio que nos deja mudos y una ausencia en la que parecemos huérfanos, como ahora nos encontramos nosotros ante un hecho tan incomprensible humanamente hablando”, ha afirmado.

“Es quizá en este momento cuando necesitamos que Javi nos preste aquellas muletas de las que nos habla en una de sus canciones: ‘Con madera de la cruz han hecho mis dos muletas las dos cargan con mi peso, yo las llevo, ellas me llevan”, ha apuntado. “Necesitamos apoyarnos en las muletas de la fe y del consuelo mutuo, para dar alguna bocanada de esperanza que nos oxigene y que amortigüe el dolor que sentimos. Pero si tenemos la confianza filial, a pesar de no entender lo que nos ha pasado con la muerte de Javier, entonces nuestro corazón lleno de lágrimas se abre también a la esperanza que no defrauda”.

“Porque hay una santa rebeldía que nos grita en los adentros, esa que se hizo también grito y plegaria en el mismo Jesús cuando le llegó su implacable momento con el que abrió para siempre el callejón sin salida con el que nos acorrala la muerte”, ha dicho el arzobispo. “Una rebeldía que se hace rezo, poniendo así en nuestra mirada el consuelo de saber que por fuerte y duro que sea tener que escuchar la palabra muerte, ella no es la última que se escuchará sobre nuestra historia personal y comunitaria. Por eso el evangelio ha sido una ráfaga de consuelo. El Señor se nos manifiesta en lo inesperado para mostrarnos su triunfo definitivo: Resurrección es la última palabra que el Padre pronuncia después del silencio de tres días de la que sus apóstoles son testigos”.

Así, ha dado gracias por la vida del sacerdote: “Damos gracias, querido Javi, por tu vida, por la impronta que tus manos sacerdotales y tu música han dejado en tantos. Ayer los presos de Daroca elevaban una oración agradecida por los ratos compartidos contigo. Damos gracias por tu cercanía a tantos hombres y mujeres de nuestros barrios en los que has servido y que han recibido tu palabra, amistad y compromiso para descubrir a Jesús. Y por estar cerca de los enfermos a quienes atendiste en la pastoral hospitalaria. Y por las hermanas concepcionistas a quienes cuidaste y protegiste hasta el final. Estoy convencido de que el Padre bueno te está acogiendo y te esta contando en su regazo toda tu vida para que con Él reconozcas los lances de tu biografía, en donde la última palabra no le corresponderá a nuestra debilidad, a nuestra confusión o pecado, sino a su misericordia, porque en el corazón de Dios no son las cosas trágicas las que se imponen, sino las cosas salvadas, perdonadas y redimidas”.

“Dejamos que los versos de tus canciones sigan acompañando nuestro camino”, ha concluido el arzobispo, “al amor más sincero, al amor sin fronteras, al amor que dio su vida por amor, encontré un día cualquiera. Y a ese amor sin fronteras, ese amor más sincero, ese amor que dio su vida por amor, Le entregué mi vida entera. ¡Descansa en paz!”.

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