Tribuna

Querido Papa Francisco: cerramos Donne Chiesa Mondo

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Querido Papa Francisco:

Con gran pesar le informamos de que suspendemos nuestra colaboración con Donne Chiesa Mondo, la revista mensual de L’Osservatore Romano fundada por nosotras, cuyo nacimiento permitió Benedicto XVI hace siete años y que usted siempre ha alentado y apoyado.



Tiramos la toalla porque nos sentimos rodeadas por un clima de desconfianza y deslegitimación progresiva, desde una mirada en la que no sentimos estima y crédito para continuar nuestra colaboración. Con el cierre de Donne Chiesa Mondo termina, o más bien se rompe, por primera vez, una experiencia nueva y excepcional para la Iglesia: un grupo de mujeres, que se han organizado de forma autónoma, que han votado entre ellas la incorporación de nuevas colaboradoras, que han podido trabajar en el corazón del Vaticano y de la comunicación de la Santa Sede con inteligencia y corazón libres, gracias al consentimiento y apoyo de dos papas.

Nuestra iniciativa, como saben, ha tenido y tiene un éxito inusual, con una edición impresa en español publicada por Vida Nueva, una edición más reciente en francés con La Vie y una edición en inglés publicada online.

“Nuestro objetivo ha sido dar voz a las mujeres”

En estos siete años, nuestro objetivo ha sido dar voz a las mujeres que, como Iglesia, trabajan en la Iglesia y para la Iglesia, abriéndose al diálogo con mujeres de otras religiones. Se ha hecho realidad y ha involucrado a miles de laicas y mujeres consagradas, confrontándose  continuamente con el pensamiento y con la visión de los laicos, de las personas consagradas, de los presbíteros, de los obispos.

Se han abordado muchos temas: desde los descubrimientos científicos hasta la presencia en la política; desde la relectura enriquecida por las miradas históricas más recientes sobre las doctoras de la Iglesia, como Teresa de Ávila e Hildegarda de Bingen, hasta el derecho canónico; desde los dones femeninos específicos que brotaron del Evangelio a las acciones de pacificación en el mundo a las demandas de las mujeres consagradas en la Iglesia de hoy.

En cada edición se ha dedicado espacio a la meditación sobre los textos del Evangelio, editados por las hermanas de la comunidad monástica de Bose, y a la exégesis bíblica por parte de estudiosos, incluso no católicos. De estas propuestas nacieron tres libros sobre las mujeres del Antiguo Testamento, sobre las mujeres de los Evangelios y sobre las mujeres de San Pablo, editados por Nuria Calduch Benages y publicados también en español.

“La realidad es superior a las ideologías”

Nuestro equipo editorial, que se reunía anualmente para un retiro espiritual de tres días en el monasterio de Bose, trabajó como un laboratorio intelectual e interior, atento a escuchar y acoger lo que los lectores nos hacían llegar como un espacio fecundo y para investigar la realidad, convencidas, como usted, de que la realidad es superior a las ideologías, como punto de partida para abrir nuevas vías de diálogo.

Y estábamos listas para caminar incluso por caminos inexplorados. Particularmente rica e interesante fue la profundización de la relación con las mujeres musulmanas, que fue acompañada por el redescubrimiento de una densa presencia femenina en la antigua tradición islámica, hoy casi ignorada.

Muchas veces nos hemos sentido como mineros que descubrieron hilos de metales preciosos y los llevaron a la luz y al conocimiento de todos: una verdadera riqueza humana y universal, y en este sentido “católica”.

Denuncia de abusos a religiosas

Por supuesto, entre las muchas cartas que hemos recibido de lectores, incluidas numerosas mujeres consagradas, también han surgido casos y experiencias dolorosas que nos han llenado de indignación y sufrimiento. Como usted bien sabe, no fuimos los primeros en hablar, como quizás deberíamos haberlo hecho, de las graves denuncias de explotación a las que han sido y son sometidas muchas mujeres consagradas (tanto en la servidumbre como en el abuso sexual), pero lo hemos dicho después. Los hechos habían surgido, también gracias a muchos medios de comunicación. Ya no podíamos guardar silencio: la confianza que tantas mujeres habían depositado en nosotras se habría visto gravemente herida.

Ahora nos parece que una iniciativa vital se reduce al silencio y que volvemos a la costumbre anticuada y árida de elegir desde arriba, bajo el control directo del hombre, de mujeres consideradas confiables. De esta manera, se descarta un trabajo positivo y el comienzo de una relación franca y sincera, una ocasión de parresía, para volver a la autorreferencialidad clerical. Justo cuando este camino es denunciado por usted como infértil.

Santo Padre, a usted y a su predecesor les debemos la gratitud por estos siete años de trabajo apasionado que, estamos seguros de ello, ha contribuido, aunque en pequeña medida, a dar conciencia, pensamiento y alma a la Iglesia en el mundo. Porque como leemos en su exhortación apostólica ‘Evangelii gaudium’, las mujeres “le hacen a la Iglesia preguntas profundas que la desafían y que no se pueden evadir fácilmente” (104).