Tribuna

Fernando Rivas, ante su última lección en Comillas

Compartir

El investigador y profesor, experto en historia de la Iglesia antigua y de la patrología, impartirá de modo solemne su última lección el próximo día 23 como docente de la Universidad Pontificia Comillas.



Desde la amistad y la fraternidad apostólica y docente yo leía su quehacer y entrega a la luz del evangelista Lucas cuando en su primer capítulo nos dice:“Excelentísimo Teófilo: muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido” (Lucas 1,1-4; 4,14-21)

Amantes de Dios, Teo-filo

 La sed, el agua y la fuente. Me seduce la oración del salmista cuando nos habla de la cierva que busca corrientes de agua viva, y la compara con la búsqueda del alma ante el misterio de Dios. La clave de la sed, del agua y la búsqueda de la fuente viva se convierte en hilo transversal de la historia de la salvación. Buscar desde lo profundo deseando beber en el sentido de la luz, de la verdad, la vida, para tener horizonte y esperanza. Es de admirar como en la misma historia habitan aquellos que tienen por oficio acompañar y ayudar a encontrar el misterio de esa fe tan gratuita como firme, los testigos y los que hacen de su vida investigación para servir más y mejor. Cuántos “Lucas” verdaderos para llegar a la muchedumbre de los “teófilos”, de los humanos buscadores inquietos de la fuente para su sed.

Lucas y Fernando Rivas

Leo, joven seminarista, compañero de pupitre en la materia de “espiritualidad en el evangelio de Lucas”, me comentaba si iba a asistir a la última clase del profesor Fernando Rivas, pues él sabe de mi amistad con él. Le pregunté de qué se trataba, que no tenía noticias, aunque si era conocedor del proceso de su jubilación en docencia en la facultad de Comillas.

Me dijo que le habían enviado un correo a profesores y alumnos comunicando que daría su última intervención en el aula con cierta solemnidad celebrativa y que él no se la esperaba. Seguidamente me reenvía el correo para informarme, el comunicado decía escuetamente lo siguiente: “Queridos compañeros, profesores y alumnos: os anuncio que el martes, 23 de abril de 2024, a las 10.00 de la mañana, en el Aula Magna del campus de Cantoblanco, tendremos la última lección del profesor D. Fernando Rivas Rebaque con motivo de su inminente jubilación. Su última disertación llevará por título: “Elogio del maestro cristiano”. Reservad por favor la fecha. Para facilitar la asistencia de alumnos y profesores se interrumpen las clases ordinarias, tanto en el Grado como en el Máster en teología, entre las 10.00 y las 11.10.

Está previsto que el acto comience a las 10.00. La lección durará de unos 30 o 35 minutos. A continuación, todos los asistentes podremos celebrar en la cafetería, con Fernando, sus años de docencia e investigación con un sencillo ágape…”. Pienso en mis adentros tras esa lectura, sin duda, allí estaré. Me une bastante a este sacerdote diocesano que vive su ministerio de una forma singular, original y para mí referente. Lo conocí en un encuentro interdiocesano, con militantes de la ACO (Acción católica Obrera) celebrado en Madrid. Pero fue después, desde las redes, cuando conectamos y comenzamos una relación fraternal sacerdotal creativa y profunda, que ha ido creciendo y extendiéndose a otros compañeros sacerdotes. Ahora mismo nos reunimos en un grupo de estudio del evangelio en el que participamos sacerdotes jóvenes, eméritos, consiliarios de Acción Católica especializada, religioso de Latinoamérica y también él. Un modo de cuidarnos y de cuidar ese ministerio que llevamos en vasijas de barro, un ejercicio de nuestro ser apostólico y universales, una gracia de Dios en torno a su Palabra y la misión.

Fernando Rivas, profesor de la Universidad Pontificia Comillas

Fernando Rivas, profesor de la Universidad Pontificia Comillas

Fernando es de la Diócesis de Getafe y hace varios decenios se formó y cualificó para la docencia teológica después de pasar por otros ámbitos laborales con editoriales. Ha sido tocado por la enfermedad, lo cual le ha hecho escapar de ser “idiota listo”, como él mismo dice. Pero su vivencia de los límites le ha llevado al desarrollo magistral de sus cualidades como investigador y docente, a la vez que nunca ha dejado de tocar el barro de la realidad viva del pueblo de Dios tanto en los ámbitos obreros (consiliario de JOC y después ACO) como en ámbitos parroquiales (Actualmente vinculado a la parroquia de Ntra. Sra. de la Guía), y muy involucrado en tareas formativas y de acompañamiento a congregaciones religiosas con su riqueza de discernimiento espiritual. A veces le he oído decir que le hubiera gustado aportar mucho más en su propia diócesis, pero su ofrecimiento no ha encontrado cauces.

Búsqueda de la verdad

Dedicado a la historia de la Iglesia en sus orígenes y a la patrología es hoy un verdadero referente en dichas materias, tanto por su docencia como por su extensas y ricas publicaciones que van marcando líneas de profundidad y de novedad. En su investigación ha estado siempre la búsqueda de la verdad y la iluminación de los grandes temas que la propia iglesia actual se vienen planteado, para poder hundirnos en las raíces más ricas y sacar la mejor savia que pueda hoy día seguir dando frutos de evangelio y novedad cristiana. La mujer en la iglesia primitiva, la paz, la sinodalidad, el Espíritu y las enfermedades espirituales, la eclesiología, la imagen de Dios, la cristología, el diálogo, el encuentro con la cultura, la vida de las comunidades. Especialista en los siglos primeros y presentando la personalidad, el pensamiento y las obras de los grandes padres de la Iglesia: clemente de Alejandría, Ignacio de Antioquia, Orígenes…

El cura joven del grupo cuando hacemos el estudio del evangelio le encanta ver como lee directamente los textos en la lengua original y nos ayuda a precisar términos y conceptos, pero sobre todo le seduce la sencillez y la desnudez de esta gran persona, que tiene como sentido de su saber el servir desde la humildad y la entrega radical.

En él veo hoy al evangelista Lucas y ese modo de trabajar para ofrecer lo mejor de lo mejor a la comunidad cristiana para su crecimiento en la fe verdadera y en el espíritu de lo bueno y la generosidad. Y junto a él pongo a todos los que saben gastar su vida en ese deseo de ir a la verdad más pura y ofrecerla, así como buen pan a los demás, sin pedir nada a cambio. Me siento orgulloso de ser testigo y hermano de Fernando, de saberme muy cuidado con él. Junto a él estoy viviendo momentos ministeriales de gracia y de luz. Yo dejé la docencia en la universidad hace unos meses, ahora revivo todo este proceso, y me alegro de que junto a él estoy siendo más fecundo. ¡Cuántos modos hay de vivir y realizar el ministerio y cuántos hermanos hacen de la dificultad y el límite su posibilidad de entrega y servicio’!

Testigos del “hoy”, Fernando uno de ellos

La historia salvífica está marcada por acontecimientos que se convierten en hitos de referencia permanente en el sentir y el vivir del pueblo. Son los eventos que van actualizando el “hoy” de la actuación de Dios, a esos tiempos vividos les llamamos los kairós divinos. El momento de la creación abre la realidad al tiempo, a la historia en la que se va desarrollando una relación entre creador y criaturas con dirección y sentido. Creados por el amor y para el amor.

En la historia siempre van apareciendo personas que ayudan a entender e interpretar dichos acontecimientos, lo suelen hacer desde la comunión con Dios y con la mirada en las fuentes que dan cuenta de los modos de ser y de hacer del Señor de la vida. Abrahám, Moisés, los reyes, los profetas, María… son personas que van viviendo acontecimientos y los van leyendo y compartiendo desde la acción salvífica y las promesas que la van avalando en ellos, ante el pueblo y para todo el mundo.

Jesús se presenta y se revela desde ese hoy salvífico que da a conocer la realidad del Reino que se cumple y se va realizando día a día, trayendo al momento actual la mirada teológica e iluminadora del Dios que cumple la promesa y salva. Será el ángel de su nacimiento el que grite que hoy nos ha nacido el salvador para el pueblo, será el mismo mesías quien proclame que hoy se cumple la escritura que se acaba de oír en la sinagoga, quien diga que ya ha llegado su hora y ayude a entender a los de Emaús que todo tenía que pasar según las escrituras, y el que desde la propia cruz diga al ladrón que hoy estará con él en el paraíso, para arribar así al momento luminoso de la resurrección donde se abre ya el domingo sin ocaso que estrena claridad y nos adentra en el tiempo de la actualidad permanente, en el hoy de la vida eterna.

Desde el anuncio del evangelio que cumple promesas de salvación la Iglesia tiene entre sus compromisos el ir despertando y señalando la claves de una lectura teológica y mística del momento histórico en el que se va situando, dando luces para encontrar la luz. Para ello necesita hijos que sepan ejercer el ministerio de llevar la Palabra y de presentarla actualizada como respuesta a lo que la humanidad necesita para poder llegar a entender el mensaje de la salvación. En este ministerio están los padres que transmiten la fe, los catequistas que acompañan lo procesos de iniciación en la fe, los que se dedican a la predicación, y los que en el ejercicio de teólogos investigan y profundizan en la verdad de la fe vivida y creída en la comunidad eclesial a lo largo de los siglos para poder acompañar y formar en la actualidad. Todos hemos de estar muy unidos y complementarnos en esta función de “id y enseñad”. Cuánto bien y cuántas gracias nos vienen por estos hombres y mujeres que se entregan y dan su vida desentrañando la doctrina de la fe y de la salvación en medio la comunidad eclesial. Fernando es uno de ellos.