Mateo González Alonso, SDB
Redactor de Vida Nueva Digital y de la revista Vida Nueva

¿Será este un viaje de León por las cuatro Españas?


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El viaje del papa León XIV prometía ser un despliegue de comunión, de unidad en la diferencia como apelaba el propio pontífice en el Bernabéu. Un lienzo único pintado con los colores de la universalidad que representa la cruz luminosa de la Sagrada Familia como aglutinante e invitación a “alzar la mirada”.



Sin embargo, en este primer salto del Pontífice por la Península –y veremos cuando llegue a las islas–, la realidad sobre el terreno desmiente la narrativa de la unidad. Sobre el papel, un único equipo coordinador pilota la visita; en la práctica, el cuaderno de bitácora de cada diócesis local –a la que podemos añadir como feudo a parte a la Sagrada Familia– cambia de criterio, de ritmo y de humor en cada frontera eclesiástica.

Para quienes observan el despliegue con ojo crítico, se impone un conclusión incómoda: esta no es una visita apostólica a España, para quienes peregrinan con León XIV van a asistir a cuatro expediciones distintas a cuatro reinos independientes que apenas se saludan entre sí.

BARCELONA, 09/06/2026.- Operarios trabajan en los últimos preparativos para la llegada del papa al

Últimos preparativos para la llegada del papa a Barcelona. Foto: EFE

Difícil equilibrio

Para la prensa, llegar a Barcelona ha sido darse cuente de que el viaje se ha convertido en un ejercicio de equilibrismo y desconcierto. Lo que en una diócesis es un salvoconducto sagrado y una norma de acceso inamovible, en la siguiente parada es papel mojado o una sugerencia exótica.

Lo fácil es apuntar a otro y remitirte a un formulario que parece elaborado por burócratas de la fe como si fueran tu interlocutor de confianza. Lo que parecía un único sistema de acreditación o de registro para los fieles, resulta que ahora da paso a otras aplicaciones absolutamente incompatibles entre sí.

El mensaje de León XIV busca la cohesión, pero la logística que lo sostiene se desmonta y se vuelve a armar con planos totalmente diferentes en cada destino en forma de entradas en papel, asignaciones diferentes, controles aleatorios… La coordinación parece ser una entelequia, ya que el funcionamiento real es un archipiélago de voluntades aisladas.

Cuatro partituras

Tras la metáfora cantarina del Bernabéu las diferencias de procedimientos y comunicados se convierten en cuatro partituras diversas: la de Madrid, la de Barcelona –y no es solo cosa del idioma–, la Diócesis de Canarias en Las Palmas y la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna en Tenerife. Parece que la caravana papal va a sufrir un constante ‘jet lag’ organizativo.

Un ejemplo, la página presentada como oficial ya no lo es tanto. El apartado de dicha web presentado como repositorio de imágenes para los medios ha enmudecido una vez que el Papa ha dejado IFEMA. En estos caso, está visto que lo de ponerse en la piel del destinatario no es una clave de trabajo para los organizadores de esta visita.

Con cosas así, quienes no solo acuden a un acto aislado del programa papal, se van con la sensación que la visita de León XIV es la de un rompecabezas cuyas piezas fueron cortadas por artesanos que no se hablaban entre sí. El esfuerzo por hilvanar discursos de concordia por parte del Papa del «In Illo uno unum» choca contra la incapacidad de los equipos de las diócesis para comunicarse, delegar o unificar criterios mínimos. Esperaba más comunión y solo ha empezado.

Vista de un cartel anunciando restricciones de movilidad y aparcamiento en las inmediaciones de la Sagrada Familia por la visita del papa León XIV. Foto: EFE