¿Puede estar Dios refrendando una opción política?


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El debate

De un tiempo a esta parte, en las fechas navideñas van encontrando acomodo algunas citas electorales en España. Desde elecciones que se repiten a investiduras que se proponen. El último debate ha ocupado este fin de semana, a la espera de que se reanude la votación mañana martes, 7 de enero. Discursos políticos, decisiones judiciales, pactos firmados en claroscuros y secretos a voces inconfesables se han dado cita en un pleno de investidura que no parece dejar a nadie satisfecho.



A los creyentes que apuestan por una laicidad positiva y un sana integración de lo religioso en el escenario público –como los que se reúnen en el número especial de Vida Nueva de esta semana– entiendo que el debate les ha dejado como estaban, sin mucha claridad y escasas certezas de futuro.

Antes de la nochevieja veían la luz, a pesar de las restricciones periodísticas, las conclusiones del acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos. 49 páginas en las que, como ya se ha señalado en esta web, solo se cita una vez a la Iglesia, “pero incluye recuperar los bienes inmatriculados, una ley de libertad de conciencia sobre la laicidad del Estado y la religión no contará para la media”. Y nada sobre la tantas veces susurrada denuncia los acuerdos Iglesia-Estado o el fin de la educación concertada como se la conoce ahora –aunque se acota que se controlará las aportaciones de los padres y se quedarán por el camino las amenazas de Celaá–.

En el largo discurso de Pedro Sánchez, las menciones se hicieron todavía más escuetas. Decía textualmente el candidato a la investidura que “en un Estado aconfesional no tiene sentido que ninguna confesión se sitúe por encima de la ley ni disfrute de privilegios que hieran el principio de legalidad y el principio de igualdad. Por esa razón, el Gobierno realizara las modificaciones legislativas oportunas para facilitar la recuperación de los bienes que hayan sido indebidamente inmatriculados por la Iglesia”. Una mención que no se sabe si es una amenaza a la Conferencia Episcopal, un guiño a los socios principales del gobierno o la toma de la Mezquita Catedral de Córdoba. Ahora bien, como tampoco es que el seguimiento de las promesas o programas de los partidos sea exquisito, el tiempo tendrá que ver cómo se concretan estos puntos antes los que los obispos aseguraban “colaboración crítica”.

Aunque en los pasillos del Congreso confesaba Adolfo Suárez Illana que era católica a la vez que criticaba al portavoz de EH Bildu y Santiago Abascal de VOX daba algunos datos de cultura general y denunciaba el salto a la valla de Melilla… en el imaginario colectivo poco ha quedado de un debate parlamentario en el que, a fin de cuentas, solo está en juego el inquilino de la Moncloa y no la materialización de las propuestas de algunos sectores que quedan lejos del interés de sus socios y cómplices.

El campeón

En otros contextos, como en el estadounidense, el componente religioso es objeto de referencias continuas de los políticos y no solo de los de un signo. Si bien la apropiación de los valores evangélicos parecen ser una constante. El otro día en Miami, en plena crisis por la postura americana en Irán, el presidente Donald Trump aseguró en un encuentro de con iglesias evangélicas que Dios “está de nuestro lado”, como recoge The New York Times.

Dejando de lado el asesinato de Qassim Suleimani, sacó pecho e incluso criticó a algunas publicaciones cristianas –como ‘Christianity Today’– por afearle la conducta en la gestión del asesinato del militar iraní. Ante los fervientes creyente, la mayoría de origen hispano, durante una hora Trump se rio de los demócratas por ser anti-religiosos –“Esta gente odia a Israel, odian a los judíos” llegó a decir refiriéndose a algunos políticos y a una senadora la llamó Pocahontas– y prometió endurecer las restricciones sobre el aborto y tomar medidas para “salvaguardar el derecho de los estudiantes y los maestros, de acuerdo con la Primera Enmienda, a orar en nuestras escuelas”.

Mientras, bajo el púlpito del ‘Ministerio Internacional El Rey Jesús’, los feligreses no dejaban de corear “cuatro años más”. Y Trump continuaba con su discurso: “Los cristianos evangélicos de todas las denominaciones y los fieles de todas las creencias nunca han tenido un campeón más grande, ni siquiera cercano, en la Casa Blanca, que el que tienen ahora mismo”. “Hemos hecho cosas que nadie pensaba que fueran posibles. Juntos no sólo estamos defendiendo nuestros derechos constitucionales. También estamos defendiendo la religión misma, que está bajo asedio”, continuó diciendo.

“Ya no estamos dando dinero y apoyo gratuito a los enemigos de América y en su lugar tomamos medidas enérgicas; ya no somos escamosos y temblorosos”, concluía el presidente del país norteamericano en este acto que huele a precampaña. Un discurso político en el que o se está muy convencido de que la riqueza es gracia de Dios para los audaces–ese es el gran peligro de la corriente de la teología de la prosperidad o evangelio de la prosperidad– o cuyo tactismo electoralista llega a justificar lo injustificable apelando a la trascendencia.

Los políticos católicos

Hemos leído este fin de semana el testimonio de dos políticos socialistas en el esta web: Francisco Vázquez y Óscar Puente. Lejos de ser agentes dobles surfean las críticas que les vienen de ambos lados conscientes de que lo que dicen o hacen no sienta cátedra –y menos cátedra teológica–. A lo mejor, en sus propias carnes, viven lo que señala la Doctrina Social de la Iglesia y defiende el papa Francisco al hablar de la identidad del católico en el compromiso político.

“Ser católico comprometido en la política no significa ser un recluta de algún grupo, organización o partido, sino vivir dentro de una amistad, dentro de una comunidad”, decía el pasado 4 de marzo de 2010 a la Academia de Líderes Católicos –una asociación de América Latina– reunidos en Roma. “Si tú al formarte en la Doctrina social de la Iglesia no descubres la necesidad en tu corazón de pertenecer a una comunidad… en la que puedas vivir la experiencia de ser amado por Dios, puedes correr el riesgo de lanzarte un poco a solas a los desafíos del poder, de las estrategias, de la acción, y terminar en el mejor de los casos con un buen puesto político pero solo, triste y manipulado”, recordaba el pontífice.

En el mismo discurso acudía a san Óscar Romero para señalar que “el cristiano verdadero debe preferir su fe y demostrar que su lucha por la justicia es por la justicia del Reino de Dios, y no otra justicia”. ¿Por qué nos hemos olvidado tanto tiempo de rezar y trabajar por las vocaciones laicales en la vida política? De haber sido así, Trump –y Sánchez o tantos otros– descubrirían los que es la humildad del servicio al bien común.