Primera Comunión: un momento personal


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Después de dos años de espera, clases en línea, explicaciones de catequistas y padres de familia, mi hijo hará su primera comunión. Con todo y pandemia, sin clases presenciales y con todos los pronósticos poco favorables para que este sacramento se llevara a cabo, por fin sucederá. Toda la familia está muy emocionada, mi pequeño recibirá por primera vez el Cuerpo Eucarístico y se ha preparado, veo en sus ojos ese brillo auténtico de la esperanza por recibir el sacramento.



En su tierno corazón, con sus más nobles deseos e ilusiones, me imagino el gozo que debe sentir Nuestro Padre Celestial, sin duda habrá una auténtica alegría y verdadera entrega por comer y beber esa fracción del pan. Para nosotros como familia el sacramento es lo más importante y lo único, realmente disfrutaremos la misa y el momento de la comunión, hemos decidido no hacer ninguna reunión, fue una decisión junto con mi esposa, no habrá invitados, fiesta, ni evento social.

Hemos querido ser muy coherentes con la importancia de este sacramento, lo verdaderamente importante es lo que recibe nuestro hijo, a nuestro Señor y eso es motivo de alegría, la fiesta y el convite puede ser en otra ocasión, un cumpleaños tal vez, pero no ahora. Tenemos la certeza y firme convicción que la Primera Comunión debe ser un momento tan especial y personal que muchas veces por planear reuniones para este momento, se puede perder la centralidad del evento, Dios como centro y acción en nuestras vidas.

La Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana”. No habrá invitados, ni celebración después de este importante evento, nada eclipsará el acontecimiento, nada quitará de nuestras mentes y corazón lo verdaderamente importante.

Eucaristía: compendio y suma de nuestra fe

Tampoco es una crítica para quienes sí lo hagan, están en su derecho a celebrar como deseen, de hecho nuestra Iglesia católica no tiene una postura concreta ante el hecho, pero, para ser sinceros, he presenciado algunas comuniones en donde lo más importante es el evento después del sacramento, donde los invitados son el centro de la reunión, así como los regalos que llevarán; de hecho, muchos de los asistentes no se presentarán a la Santa Misa, se esperarán al evento en el salón para felicitar a los padres y a los pequeños.

Por esa razón hemos decidido hacer algo muy íntimo, una comida en familia muy sencilla y es todo. La Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe: “Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar” (San Ireneo de Lyon).

A veces creo que hemos desvirtuado el sacramento para transformarlo en un evento social donde se hace a un lado lo verdaderamente importante, pero como siempre, este es solo un punto de vista y nada más. Felicito a mi hijo por su entrega y dedicación para comprender el gran Misterio de la fracción del pan y ahora comienza mi pequeña quien en menos de dos años también recibirá el sacramento. Por cierto, cómo lo hubieran disfrutado mis padres que ahora están muy cerca de Dios.

En el numeral 1325 del Catecismo de la Iglesia católica menciona: “La comunión de vida divina y la unidad del Pueblo de Dios, sobre los que la propia Iglesia subsiste, se significan adecuadamente y se realizan de manera admirable en la Eucaristía. En ella se encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo, Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los hombres dan a Cristo y por él al Padre”.