Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia y director del Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia Comillas

Los 10 retos de la nueva Conferencia Episcopal Española


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¿Cuáles son los grandes desafíos que tiene la Conferencia Episcopal Española (CEE) en este nuevo periodo que tiene al frente a los cardenales Omella y Osoro? Sin duda, el reto fundamental es la evangelización de todos, que tiene su mapa actual en ‘Evangelii gaudium’. Pero, dadas las competencias y la significatividad de la CEE, ¿cuál podría ser la agenda que se podría plantear para estos cuatro años? Destacamos 10 retos que seguramente están entre las preocupaciones de quienes tienen las máximas responsabilidades en la CEE.



  1. Reforma organizativa y profesional de la Casa de la Iglesia de Añastro. Para poder poner en marcha todo lo que hay que hacer, es necesario profundizar en la reforma de los equipos humanos y la reorganización de la sede de la CEE en la calle Añastro. Es necesario que continúe una mayor profesionalización, el rigor organizativo de los horarios y procesos de trabajo, transparencia y calidad en los procesos de selección, eficacia de la operativa administrativa y una dirección general profesionalizada que haga de la entidad más importante de la Iglesia española una organización moderna y eficaz.
  1. Mayor pluralidad en los medios de comunicación de la Iglesia. La Iglesia se expresa en una gran diversidad de opciones políticas, culturales, intelectuales y espirituales. Es urgente que esa pluralidad encuentre acogida en todos los medios de comunicación que dependen de la CEE. No es correcto que la gente se pueda formar la idea de que una radio o televisión de la Iglesia está principalmente alineada con una ideología política concreta o principalmente con un movimiento o sensibilidad eclesial. Hay destacados cristianos en todo el abanico profesional, sociopolítico e intelectual que pueden ayudar a que en los medios de comunicación de la CEE se haga un discernimiento más completo de la realidad.
  1. Más participación y dinamismo en las comisiones y subcomisiones de la CEE. Hay subcomisiones que son dinámicas, profundizan, están bien organizadas y acogen a la pluralidad de voces y sensibilidades de la Iglesia. Otras, necesitan una mejora sustancial. Las subcomisiones son un excelente lugar de encuentro, discernimiento y emprendimiento donde debe poder participar el amplio abanico de instituciones e iniciativas que construyen Iglesia en cada uno de los temas. No se trata de convertirlas en asambleas, sino que se constituya en cada una comunidad deliberativa rica en calidad, creatividad, transparencia y pluralidad.


  1. La Iglesia de los Encuentros. La Iglesia dialoga con el conjunto de la sociedad a través de múltiples canales y cristianos en sus compromisos profesionales y ciudadanos. No obstante, es cierto que es preciso que la CEE amplíe la piel de contacto con el conjunto de liderazgos culturales, políticos, económicos, sociales, etc. de la sociedad No solamente con un tipo de contactos, sino abrir un espacio continuo de encuentros donde sea posible el diálogo y el discernimiento. Sin duda es necesario el diálogo profundo con los gobiernos, pero también con la pluralidad de liderazgos sindicales, sociales, culturales, mediáticos, científicos, empresariales, etc.
  1. Sanar y madurar nuestra cultura política. La Iglesia tiene una gran incidencia y responsabilidad sobre la cultura de nuestro país. La CEE podría ejercer un gran papel como “madre” que ayude a reconciliar y curar heridas, aumentar la inclusión social, fomentar la conversación cívica, animar la construcción de una sociedad civil más densa y viva, crear una cultura más cosmopolita que acoja a los extranjeros y nos solidarice con el mundo, etc. Ser puente entre unos y otros, solidarizarnos alrededor de las verdaderas causas urgentes o generar una cultura pública de discernimiento son desafíos en donde se juega la fraternidad y lo que verdaderamente importa.
  1. Poner primero a los últimos. La sociedad invisibiliza, oculta, no escucha y excluye. No ocupan los titulares, no acuden a los centros de decisión ni están en las agendas del poder. Son inmigrantes, pobres, enfermos, personas con discapacidad, jóvenes hiperexplotados, prostitutas, víctimas de abusos, niños no nacidos, personas sin hogar, mayores que sufren soledad, habitantes de la España vaciada, etc. La Iglesia, sin embargo, les tiene como sus hijos preferidos. La Iglesia haría un gran bien al conjunto de la sociedad poniéndoles no solamente entre sus mayores preocupaciones, sino haciéndoles más visibles a la sociedad y dándoles voz por todos sus medios.

Detalle de manos de obispos durante la Plenaria de noviembre de 2017. Fotos: Jesús G. Feria

  1. Revitalización y apertura de las parroquias. Quizás lo más urgente es que sintamos de nuevo la centralidad de las parroquias y concentremos nuestros mayores esfuerzos en crear en ellas comunidades abiertas, fraternas, profundas y creativas, lugares donde estén todos los dones de la alegría y el buen espíritu. El tejido de las parroquias se ha empobrecido en las últimas décadas y los movimientos no son la solución. Pueden ayudar, pero debe haber un tejido común y plural, de todos. Es crucial que la parroquia no sea un templo, sino una fraternidad –una eucaristía viva– que está en las calles, en los hogares, en los centros de trabajo, en las asociaciones, en la plaza… Es necesario que la parroquia sea de nuevo sentida como Casa de Todos porque Dios es con todos. La mayor parte del nuevo plan pastoral debería dirigirse, en el nuevo contexto social, a esa urgente revitalización de las “parroquias en salida”.


  1. Reconexión con el 45% de españoles que son católicos no practicantes –y que son el 70% de los católicos en España–. Son diversos los motivos por los que tantos católicos se sienten desconectados. Muchos se sienten heridos, otros necesitan profundizar en la vida, hay quien se siente excluido, habrá gente que necesita activarse, a muchos les cuesta identificarse con la imagen que da la Iglesia, otros buscan lugar, pero no encuentran. La inmensa mayoría son cristianos “sin hogar”, sin comunidad. Los gestos y signos que puedan hacer desde la CEE –por su gran visibilidad, significado y representación del conjunto de la Iglesia en el país- ayudan muchísimo. Sorprendería cuánto ayudan a reconectar los mensajes, las actitudes, los símbolos hechos en una sala de prensa.
  1. La formación del clero es otro de los mayores desafíos. La atención a una población progresivamente formada, libre y diversa, exige mucha mayor profundidad en la teología y las ciencias, grandes capacidades de sensibilidad y relación, interiorizar el arte del acompañamiento… Es difícil concebir a curas que no tengan una experiencia intensa de comunidad y que sean capaces de encontrarse sanamente con todo tipo de personas. Los procesos formativos son la clave y dados los pequeños números de seminaristas en las diócesis, es necesario que la CEE fortalezca especialmente la universidad de la CEE, en conexión con el resto de universidades católicas.
  1. Sinodalidad con los laicos. El Congreso de Laicos 2020 ha marcado un hito que nos lleva a mejorar la arquitectura interna de la Iglesia. Es preciso que donde hay todo centro de decisión en la Iglesia sea una comunidad de discernimiento donde también participen los laicos. Se puede hacer por distintas vías, pero es necesaria mayor comunión y en estos momentos comunión significa inclusión, integración, participación, diversidad, fraternidad. Es hora de que en este terreno haya un cambio muy significativo para hacer realidad la sinodalidad.

Donde el Espíritu suscita esperanza, tenemos la obligación de avivar esa llama.