Eran las siete de la tarde y la noche comenzó a caer, en la esquina un hombre sin hogar (en algunos lugares les llaman ‘homeless’), se disponía a dormir; comenzó a abrigarse y a poner un lazo en cada una de sus pertenencias, imagino que por seguridad, para que nadie le pudiera robar. Era un hombre muy mayor y se movía con dificultad.
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De pronto, una mujer se acercó con algo que sin duda era comida, aquel hombre lo agradeció e inmediatamente se lo comió. Unos minutos después otra persona se acercó con un café y se lo ofreció con respeto, el hombre bebió unos sorbos y de la misma forma agradeció. Pasó otro momento y una mujer le ofreció un billete de baja denominación, el hombre volvió a agradecerlo.
Realmente me sorprendió la manera en que las personas ayudaban y ofrecían lo que podían a aquel hombre, esto me hizo pensar en la cita bíblica: “Por eso les digo: no se inquieten por su vida pensando qué van a comer ni qué van a beber, ni por su cuerpo pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?”. Mateo 6,25.
La providencia de Dios se hace presente
Y es que aquel hombre ya no puede trabajar, ni ser productivo, vive de la caridad y este es un aspecto que se repite en América Latina, donde la jubilación no es un beneficio para muchas personas, simplemente quedan desplazadas y en muchas ocasiones ni siquiera la familia puede o quiere hacerse cargo del adulto mayor. Es muy triste ver esa realidad y cuestionarse si alguno de nosotros estaremos en esa condición cuando envejezcamos.
Creo que las personas somos sensibles, por lo menos en mi país México, ante esta brutal realidad, una gran cantidad de personas somos empáticos y vemos este tipo de situaciones con sensibilidad. Las diferentes situaciones por las que este hombre vive en la calle pueden ser innumerables, tratar de comprenderlas puede llevarnos a un laberinto de posibilidades.
Lo que sin duda puedo afirmar es que la providencia de Dios se hace presente en este hombre y cuando seguía pensando en la generosidad de Dios, una mujer joven se acerca con un libro y comienza a hablar con aquel hombre, estaba viendo la compañía real de una mujer que entregaba lo más valioso: su tiempo; fue algo que no me esperaba.
La respuesta de Dios se hace presente
La conversación no duró poco, más bien fue larga y ella encendió un cigarrillo. Parecía que todo giraba en torno al libro, fue algo tan especial ver aquella escena, era como si esa chica conversara con su padre, realmente fue muy conmovedor. Le dejó el libro y se retiró.
Quedaron muchas preguntas en mi mente, seguramente nunca podré aclararlas y quedarán en ese instante del que fui testigo. No cabe duda que la respuesta de Dios se hace presente de diferentes maneras.
Aquel hombre volvió a acomodarse para dormir en una silla portátil. Tuve que irme del lugar, pero queda en mi mente esta crónica que me ha hecho reflexionar acerca de las diferentes maneras de afrontar la etapa de madurez ¡Qué Dios nos bendiga a todos en ese tiempo!

