En el Santuario de San Cayetano, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, presidió la celebración central, bajo el lema: “San Cayetano, aquí está tu pueblo”. Destacó que cada año la comunidad vuelve a este espacio como a su propia casa, para poner en sus manos las angustias, anhelos, impotencias, esperanzas y agradecimientos.
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Un pueblo que sigue esperando
Dirigiéndose su mensaje al patrono del pan y del trabajo, le presentó al pueblo que:
- a pesar de las dificultades y “cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades”, continúa acercándose para pedir paz, pan y trabajo;
- sigue creyendo que el trabajo es un derecho y es dignidad. Como expresa el papa León XIV la ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo, para que pueda ganarse una vida más acorde a su dignidad;
- no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias;
- tiene la fe heredada de los abuelos y sabe que la responsabilidad y la solución concreta a los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado.
Heridas de la sociedad
A partir del evangelio de Mateo que relata la llegada a Jesús de una multitud formada por personas enfermas y necesitadas, el arzobispo comparó esa situación con la realidad actual. Dijo que la sociedad está “paralítica” cuando pierde las ganas de avanzar y de buscar caminos de fraternidad y paz; “lisiada” por las heridas del odio, la descalificación y la discriminación; “ciega” por la desesperanza y los prejuicios, y “muda” cuando deja de reclamar frente al aumento del transporte, las tarifas, los alquileres y los alimentos.
Sin embargo, afirmó que, aun frente a este escenario, el pueblo no baja los brazos y conserva la esperanza anunciada por el profeta Isaías. En ese sentido, destacó que la fe permite seguir adelante aun cuando la realidad cotidiana está marcada por el sufrimiento y la incertidumbre.
García Cuerva subrayó que Jesús se compadece de la multitud hambrienta, hace suyo el sufrimiento de los pobres y no se desentiende de ellos. Por eso, pidió al Santo “no ser indiferentes, no maquillar el sufrimiento, no empujarlo debajo de la alfombra para que todo parezca limpio y ordenado. Le pedimos a Dios que nos regale la empatía y la solidaridad, el compromiso y la amistad social”. Y agregó que San Cayetano no es indiferente frente a todo lo que pasa. “Hay un pacto de amistad entre el santo y su pueblo. San Cayetano, nosotros somos tuyos y tú eres nuestro”, reafirmó.
Compartir para multiplicar
En otro momento de la homilía, reflexionó sobre el pasaje de los siete panes y unos pocos pescados, y sostuvo que Jesús apuesta por la solidaridad y el compartir. Aunque esos alimentos parecen insuficientes, resultan valiosos en la lógica de la fraternidad. Invitó a cada persona a poner en común sus propios panes y pescados. Cree que estos gestos de solidaridad pueden multiplicarse y contribuir a que en el país haya más amor, paz, justicia y alegría, para que todos se sientan invitados a “la mesa grande de la Argentina”.
Pidió que, por intercesión de San Cayetano, se multipliquen el diálogo, la búsqueda de consensos, las oportunidades laborales para los jóvenes y el bien común. También reclamó que se multiplique la justicia social, entendida por León XIV como una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio.
Destacó que, según esta perspectiva, en el centro de toda dinámica laboral deben estar la persona, la familia y su bien, por encima del capital, las leyes del mercado y el lucro. “Que San Cayetano interceda para que estas palabras del Santo Padre se hagan realidad en nuestra Argentina”, concluyó.
