José Antonio Marina: “Las adicciones no son un problema, sino una mala solución a un problema”

El filósofo y pedagogo José Antonio Marina
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La dificultad de la persona para enfrentarse a un problema acaba desembocando en conductas adictivas, advierte José Antonio Marina (Toledo, 1939), por lo que no se cansa de repetir que las adicciones “no son un problema, sino una mala solución a un problema”.



¿Cómo combatirlas? El veterano filósofo y pedagogo ha recorrido “los laberintos más complejos del comportamiento humano, desde la neurología hasta la ética”, en busca de ‘La vacuna contra las adicciones’ (Ariel). Así es como ha titulado su nuevo libro, una propuesta de ‘Inmunología mental para una especie vulnerable’, que reivindica la mejor vacuna contra las adicciones: la “competencia heurística”, que urge convertir en “el núcleo de la educación”. Mejor aún, de una “buena educación”. Esa que, a su juicio, “debe potenciar las fortalezas cognitivas, emocionales y ejecutivas de la persona para aumentar su capacidad de resolver problemas”.

El filósofo y pedagogo José Antonio Marina

El filósofo y pedagogo José Antonio Marina. Foto: Fundación Educativa UP

PREGUNTA.- ¿Por qué un filósofo se interesa por un tema como el de las adicciones?

RESPUESTA.- Porque las adicciones son una ventana que nos permite introducirnos en los laberintos más complejos del comportamiento humano, desde la neurología hasta la ética. Y solo la Filosofía está en condiciones de enfrentarse con esa complejidad, sobre todo teniendo en cuenta que se plantean temas como la libertad, la voluntad o el sentido de la vida, específicamente filosóficos. No me he ocupado de las adicciones cuando ya están consolidadas, porque ese es un tema médico, sino del camino que lleva a la adicción.

Del uso al abuso

P.- ¿Cuál es ese camino?

R.- Las adicciones son de dos tipos: a sustancias y a comportamientos, como el juego o las redes sociales. El primer contacto suele ser casual y lúdico. El camino a la adicción empieza cuando ese uso se convierte en abuso, es decir, produce efectos negativos para la persona. El siguiente paso se da cuando aparece la dependencia. En ese momento, la víctima pierde el control, sabe que su comportamiento es destructivo, pero continúa realizándolo y los intentos de abandonarlo le producen un doloroso síndrome de abstinencia.

P.- ¿Cuáles son las adicciones más comunes a las que se enfrentan actualmente las nuevas generaciones?

R.- En cuanto a las sustancias, las más frecuentes son al alcohol, al tabaco y a algunos tranquilizantes, porque todas son drogas legales. En lo que respecta a los comportamientos, los provocados por las nuevas tecnologías derivadas de internet: juego en línea, uso abusivo del móvil, redes sociales…

Competencia heurística

P.- ¿Cómo podemos identificar esas adicciones y tener a mano los antídotos adecuados para prevenirlas?

R.- La mayor parte de las veces, el abuso no llega a convertirse en verdadera adicción, es decir, abandonar esa conducta puede resultar difícil, pero sin llegar a producir la experiencia de incapacidad. Lo que conduce a la adicción fuerte es la dificultad que tiene una persona para enfrentarse a un problema. Por eso, he repetido muchas veces que las adicciones no son un problema, sino una mala solución a un problema. La gran vacuna contra las adicciones es la competencia heurística, que debería convertirse en el núcleo de la educación. La inteligencia humana tiene como objetivo dirigir bien la acción y lo hace elaborando proyectos y resolviendo todo tipo de problemas: científicos, técnicos, emocionales, familiares, sociales, políticos, éticos…

El filósofo y pedagogo José Antonio Marina

El filósofo y pedagogo José Antonio Marina. Foto: Fundación Educativa UP

El año pasado publiqué un libro para adolescentes: ‘El club de los buscadores de soluciones’. Comienza con un suicidio en el instituto por un caso de acoso. Un par de semanas después, la profesora de Matemáticas detiene la clase y dice que durante un mes no van a hablar de problemas de matemáticas, sino de resolver problemas en general, porque el compañero que se ha suicidado se había sentido angustiado ante un problema que no había sabido resolver. Es importante insistir en que la competencia heurística no es puramente cognitiva, sino que implica emociones y virtudes morales. Este ‘pack’ es el que debemos enseñar. La ética es, ante todo, el máximo nivel de soluciones que se le ha ocurrido a la inteligencia humana.

Alumnos vulnerables

P.- ¿Adónde nos conduce el uso descontrolado de la tecnología (móviles, redes sociales, inteligencia artificial…)?

R.- Hay algunas consecuencias muy evidentes: el excesivo tiempo dedicado a las pantallas, el tipo de información al que pueden acceder, la falta de sueño de nuestros adolescentes, pero me preocupan más otros efectos más profundos, como el debilitamiento del sujeto humano, de su capacidad de enfrentarse a los problemas. Las nuevas tecnologías se presentan como la solución a todos ellos, y ofrecen la “utopía de la felicidad fácil”.

La Vacuna Contras Las Adicciones

Lo hacen los populismos políticos, el sistema de mercado, y se ha metido en el sistema educativo con las teorías de la “gamificación” del aprendizaje, la idea de “para qué lo vas a aprender si lo puedes encontrar”, el descrédito del esfuerzo, la hipertrofia de los derechos y la defensa de una “moral indolora” (Lipovetsky). Todo esto sería estupendo si fuera real, pero lo que provoca es una vulnerabilidad en nuestros alumnos, una falta de resistencia frente a la frustración, una quiebra de la competencia heurística que conduce a muchas personas a la dependencia.

Tecnologías adictivas

P.- ¿Hasta qué punto esas herramientas que nos prometen mayor independencia limitan nuestra libertad y condicionan cualquier pensamiento crítico sobre la realidad?

R.- Las grandes plataformas han elegido una forma de negocio que las obliga a utilizar tecnologías adictivas. Se basan en vender “espacio mental de los consumidores” para que lo ocupe la publicidad, proporcionar los datos para una publicidad personalizada (‘microtargeting’) y usar la información de que disponen para aprovechar su “excedente conductual”, es decir, para cambiar el comportamiento de los usuarios. Los ‘likes’, el ‘scroll’ infinito o las cámaras frontales en los móviles son tecnologías diseñadas para ser adictivas. Desde su aparición, en 2008/2009, se ha constatado un aumento de problemas de salud mental en la gente joven. Por eso, la Unión Europea está intentando prohibir el uso de las redes sociales a los menores de edad.

El filósofo y pedagogo José Antonio Marina

José Antonio Marina, durante una ‘masterclass’ sobre talento impartida en Madrid en abril. Foto: Fundación ManpowerGroup

Estas tecnologías favorecen la aparición de un “sujeto light”, débil, manipulable, pero no son las únicas fuerzas sociales que lo han hecho. Hay otras instituciones socialmente beneficiosas que pueden colaborar al desarme crítico del sujeto. Empezando por la filosofía posmoderna, que, como respuesta a un exceso de certezas ideológicas de la primera mitad del siglo XX, defendió un “pensamiento débil” (Vattimo), un relativismo identitario y cultural, una dependencia de la verdad respecto del poder (Foucault).

También la democracia, al tener que contar con la opinión pública, emplea sistemas de persuasión. A los partidos políticos no les interesa tener votantes críticos, por ello utilizan mensajes conceptualmente pobres y emocionalmente potentes. Las religiones también han desconfiado del pensamiento crítico y han favorecido siempre los argumentos de autoridad. Y a la publicidad le interesa compradores compulsivos, no analíticos. La inteligencia artificial (IA), al proporcionar respuesta inmediata a cualquier tema, está debilitando la capacidad de análisis. (…)

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