Licenciado en Teología por la Universidad Católica de Argentina (UCA)
El teólogo y profesor de Religión argentino, residente en Madrid, es también licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades por la Universidad Nacional de Quilmes. Así, cuenta con un máster en Doctrina Social de la Iglesia por la Universidad Pontificia de Salamanca y un posgrado de experto en Proyectos de Cooperación para el Desarrollo por la Universidad de Alcalá de Henares.
El recurso legal de los lefebvrianos que pretende anular la excomunión tiene una lógica de casta: negociaciones entre clérigos para proteger a clérigos, con el Pueblo de Dios ausente.
Habría que revisar tanta piedad mojigata, tanta “santidad” de meapilas, tanta espiritualidad burguesa que tranquiliza. La Iglesia está llamada a acompañar la vulnerabilidad
Que esta dolorosa fractura ayude a comprender mejor que la identidad católica no se define por aquello contra lo que combate, sino por Aquel a quien anuncia. Así, la Iglesia habrá transformado una herida en purificación, discernimiento y esperanza.
Dios no ha esperado a que la humanidad alcanzara una perfección técnica para habitarla. Ha elegido la precariedad de un pesebre, la vulnerabilidad de una vida ordinaria y las heridas de una cruz.
Cuando se transmite la idea de que el ministro ordenado es superior por su condición célibe, se genera una cultura de autosuficiencia e inmunidad crítica que impide revisar estructuras y favorece dinámicas de abuso.
El Reino de Dios no se construye mediante la imposición, la exclusión o el poder, sino allí donde hombres y mujeres aprenden a reconocerse como hermanos y colaboran en la construcción de una auténtica civilización del amor.
Estas herramientas pueden parecer débiles frente a las poderosas maquinarias de propaganda, manipulación emocional y polarización digital. Pero eran más débiles aún las palabras de León Magno frente a los ejércitos de Atila.
León XIV propone un nuevo creyente encarnado, sinodal y misionero: capaz de dialogar con la cultura contemporánea, discernir críticamente la realidad, custodiar la dignidad humana y construir fraternidad, justicia y esperanza.
Pentecostés recuerda que la verdadera identidad cristiana no es control ni uniformidad, sino apertura al Espíritu que convierte la diversidad en comunión viva. No crea sectas religiosas.
El dios-mercado necesita consumidores insatisfechos para seguir funcionando. Esta “economía que mata” es un sistema que no solo vende productos, sino también identidades, deseos y falsas promesas de salvación emocional.
Hoy, estas víctimas se han convertido en un signo de los tiempos. Su voz, tantas veces silenciada, interpela a toda la comunidad cristiana y exige una conversión real, no cosmética.
La Iglesia, que anuncia a Jesucristo crucificado y resucitado, no puede colocarse fuera de esta historia de pecado. También ha sido, en distintos momentos, cómplice de dinámicas de poder, exclusión y violencia.
El viaje apostólico del papa León XIV es un reconocimiento de que África evangeliza a la humanidad en un momento en que “un puñado de tiranos está devastando el mundo”, como ha dicho estos días en Camerún.
Dios deja de ser misterio y se convierte en herramienta. El cristianismo es reinterpretado como defensa cultural, legitimación política y frontera frente al diferente. No se niega a Dios, sino que se lo pone al servicio de intereses concretos.
Cada generación tiende a absolutizar su modo de creer, generando lecturas parciales del Evangelio. Así aparecen los “pendularismos”: una fe horizontal que pierde a Dios o una espiritualidad que olvida al pobre.
Introducción: la confesión que rompe todos los esquemas
En el momento más oscuro de la historia cristiana —un condenado a muerte, humillado, ejecutado como criminal— surge una de las confesiones más …
La Semana Santa se vuelve incisiva e incómoda porque nos pregunta: ¿a quién estamos dejando fuera en nombre de Dios? La misericordia no puede quedarse en palabras: exige decisiones concretas, reformas reales, apertura de caminos.
Este blog nace desde la mirada de Jesús hacia los pobres, las víctimas y las periferias. No como recurso literario, sino desde la propia experiencia teologizada de sacerdote casado, en la Iglesia y el mundo.
Representa a millones de hombres y mujeres que, como él, sostienen la historia desde el trabajo humilde, desde la responsabilidad asumida y desde la capacidad de amar más allá de sí mismos.
El ayuno bíblico es pedagógico: nos enseña a sentir el hambre que otros no eligen. No es una prueba de fortaleza, sino una escuela de empatía. En el desierto, Jesús no solo pasa hambre; rechaza las lógicas de manipulación y poder.