Rixio Portillo
Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey

¿Quiénes son los peores?


‘La Divina Comedia’ de Dante Alighieri hace una jerarquía de pecados (y pecadores) en los círculos del Infierno, en los que entre más abajo están, peores son.



El tema es tratar de ver qué cosas pone el poeta supremo como el peor referente humano, o cuáles son las peores acciones que merecieron estar condenados en el Infierno y un puesto más cercano a Lucifer.

Contrariamente a lo que se podría creer, la lujuria no está como el peor de los pecados, aunque la cultura mediática y cierta narrativa ve un tabú en tema de la sexualidad, para Dante, la cosa no va por allí.

¿Quiénes están en la jerarquía del mal?

En el antepenúltimo círculo están los fraudulentos, aquellos que roban, y que no tienen nada que ver con Robin Hood, roban y son corruptos para enriquecerse, haciendo mal con su robo a millones. A los que les interesa el dinero a cualquier costo, porque todo lo miden con el bolsillo. Los que acumulan riqueza material y pobreza humana, con tal de tener más.

El penúltimo círculo es el lugar de los violentos, los que creen en el uso de la fuerza para imponerse, en los que las amenazas se convierten en realidad, en los que renuncian al bien porque el único camino es el odio y la venganza.

Aquellos que, ciegos por la furia, levantan la bandera de la guerra en nombre de la paz, los que se creen más fuertes, más grandes, y superiores, pero son inferiores en humanidad.

Infierno Divina Comedia

El nivel de mayor mal

El último círculo es el peor lugar y son para los traidores, los que sin escrúpulos juegan a su favor siempre, los que con vileza se aprovechan de la confianza, estos tienen algo de hipócritas, porque con caras de yo no fui, no tienen límites para la estocada final.

Los traidores no tienen principios, no tienen límite, son capaces de vender a quién sea, incluso a quién tienen cerca, a quién los promueve, a quién los mantuvo en equis cargo por mucho tiempo. La traición cocinada a fuego lento.

El tema es que de los otros dos niveles habría un camino de retorno. El violento puede intentar resarcir el mal con la afabilidad; el corrupto con la honradez y la transparencia; pero el traidor cuando rompe la confianza no hay forma de ganarla de nuevo. La traición crea un abismo en la convivencia.

El traidor no se ve como traidor, normaliza la doblez, se encierra en la mentira de sí mismo, no le importa generar confianza en los demás porque cree saber cuándo será traicionado, entonces vive en guardia contra los demás.

Aún peor, el traidor que traiciona (si, así sea redundante) como parte de su venganza personal, es decir, máquina a través del tiempo cómo traicionará y qué provecho sacará para esa traición: ¿dinero?, ¿privilegios?, ¿poder?, ¿inmunidad?

Pero el traidor, aunque crea que sale ganando, y se engolosina de soberbia y altivez, en la Divina Comedia no tiene un final feliz, y en la realidad tampoco. Al contrario, en Judas, el traidor de toda la historia, se recoge toda la traición humana, y padece en la eternidad, la ira de la desconfianza.

Los últimos versos de la Divina Comedia en el círculo del Infierno, en el que Lucifer mastica a los traidores, dice:

«En cada boca hería con los dientes

a un pecador, como una agramadera,

tal que a los tres atormentaba a un tiempo.

Al de delante, el morder no era nada

comparado a la espalda, que a zarpazos

toda la piel habíale arrancado.

“Aquella alma que allí más pena sufre

-dijo el maestro- es Judas Iscariote,

con la cabeza dentro y piernas fuera”».

Ay de ustedes traidores, que masticados por el mal, pasarán a la eternidad bajo el tormento de la desconfianza, con el corazón maltrecho y vaciado de bien, alimentándose del veneno de sí mismos, y viendo que jugaron en su contra, perdiendo la cabeza en el juicio.

Ay de usted, los traidores.

Ay de usted, los traidores.

Ay de usted, los traidores.


Por Rixio G Portillo R.. Profesor e investigador de la Universidad de Monterrey.

Ilustración: Gustavo Doré