Cumplir el turno y marcharse a casa no siempre significa dejar el trabajo atrás. A veces, la jornada continúa en forma de cansancio, de una conversación que vuelve una y otra vez a la cabeza o, simplemente, de falta de energía para hacer después aquello que antes apetecía.
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Fue una de las realidades que comenzaron a detectar en Fundación Hospitalarias en Tenerife, donde acompañan a personas con discapacidad intelectual y daño cerebral adquirido que, en muchos casos, necesitan el apoyo permanente de una tercera persona. “Nos dábamos cuenta de que dentro de la plantilla de personas que se dedicaban a cuidar, había muchos momentos en los que el nivel de estrés supone un consumo de energía”, explica su directora gerente, Carmen Delia Álamo González.
Con el tiempo, empezaron a aparecer las consecuencias. “Esto en el día a día iba haciendo que las personas terminaran con un agotamiento físico y mental. Íbamos viendo que subía el índice de absentismo laboral”, explica Álamo. Fue de observar todo, y mantener entrevistas con el personal, de donde nació el proyecto Bienestar y, dentro de él, el programa Cuidarnos para poder cuidar, dirigido al conjunto de trabajadores de la entidad y diseñado para proporcionar herramientas de gestión del estrés, autocuidado y apoyo mutuo.
La plantilla, durante los rituales con los que comienzan y acaban todas las jornadas. Foto: Fundación Hospitalarias
El punto de partida era reconocer que quienes acompañan diariamente los proyectos de vida, las necesidades y las dificultades de otras personas también gastan sus propios recursos. “Somos un personal especializado que se dedica a acompañar a otras personas en sus vivencias, en sus proyectos de vida, en sus inquietudes, en sus deseos, en sus propias necesidades. Y eso te consume también a ti”, señala Álamo.
“Espacios seguros”
Por ello, se diseñaron sesiones que se realizan en grupo y buscan crear lo que denominan “espacios seguros”, donde los trabajadores puedan hablar de lo que les ocurre sin convertirlo inmediatamente en otro problema que resolver. “Se comparten vivencias, se comparten experiencias y sistemas de relajación, de tener recursos a los que acudir que te puedan hacer sentir bien, el saber cuándo necesitamos realizar una parada, salir un momento y luego volver a entrar…”, explica.
Además, el trabajo incorpora ejercicios corporales para aliviar molestias musculares, cuentos, canciones o fragmentos de películas. La propuesta oficial incluye además ejercicios de respiración consciente y otras herramientas sencillas de autocuidado, dentro de un ambiente basado en la escucha, la confianza y el apoyo entre compañeros. “Hacemos un trabajo muy integral”, resume la directora.
Resultados fabulosos
Los resultados se evalúan también durante el proceso. Al comenzar se pasa a los participantes un cuestionario de síntomas somáticos y posteriormente se observa su evolución, además de recoger la valoración de cada encuentro. “Los resultados han sido fabulosos”, afirma Álamo. De hecho, desde que comenzaron el programa, los trabajadores “están siempre esperando esa sesión que tienen mensualmente para poder tener ese espacio de cuidado”.
Entre lo que ha aparecido en esas sesiones hay una consecuencia que inicialmente no resultaba tan evidente: la dificultad para desconectar una vez terminada la jornada. “Tú piensas que cumples con tu turno y luego te vas”, reconoce Álamo. Pero cuando comenzaron a escuchar a los profesionales aparecieron frases diferentes: “Veo que me está faltando energía cuando llego a casa”, o “ya no tengo tantas ganas de salir o de hacer actividades”. “Nos dimos cuenta de que estaban abandonando un poco, debido a esta sobrecarga, el disfrute en la vida personal”, explica.
Los trabajadores comparten sus “espacios seguros” para desconectar una vez terminado su turno. Foto: Fundación Hospitalarias
La Fundación introdujo entonces dos pequeños rituales. Uno al comenzar el día, para prepararse antes de entrar en contacto con las necesidades de los usuarios, y otro al terminar.
“Ponemos un ritual a la entrada donde hacemos unos ejercicios específicos para prepararnos para afrontar el día y un ritual a la salida que me permita dejar lo que tengo en el trabajo para poder enfrentar mi vida personal, que es a la que voy después”, explica, señalando que el objetivo de ese último momento es que el trabajador no abandone físicamente el centro mientras continúa mentalmente dentro.
“Les ha funcionado muy bien y les ha gustado mucho, porque no se van rumiando lo que les haya pasado ese día o lo que les haya afectado ese día en el trabajo”, agrega.
