Hermanitas de los Ancianos Desamparados: entrega total a los últimos hijos de Dios

Residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Valencia
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Al cumplirse 20 años de la Ley de Dependencia, es un hecho que su recorrido ha sido cuanto menos complejo; especialmente, por las carencias en materia de financiación en diversas autonomías. Ante esta realidad, emerge aún con más fuerza el testimonio de comunidades eclesiales cuya identidad está marcada a fuego por ese compromiso inquebrantable con las personas más mayores y cuyo estado de salud las tiene muchas veces postradas.



Es el caso de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, fundadas en 1873 en Barbastro (Huesca) bajo el impulso del sacerdote Saturnino López Novoa y de Teresa Jornet, cuyo gran afán era acompañar a muchas personas mayores que, viviendo solas o sin apenas medios, sufrían una extrema vulnerabilidad. Casi siglo y medio después, su sueño se encarna en 197 hogares repartidos en 21 países de los cinco continentes.

La casa madre, en Valencia

Buena parte de ellos están en España, destacando la comunidad de Valencia, donde reposan los restos de Teresa Jornet y donde se encuentra la casa madre. Allí atienden a Vida Nueva las hermanas Rosa Parra (44 años) y Noemí Carbajo (46), cuya vocación se nutre al abrazar tantas heridas físicas y del alma.

Y, como detalla la segunda, fieles a su carisma, desde la donación absoluta: “Aunque seamos una residencia, aquí nadie se queda fuera si no tiene recursos. Aceptamos a todos los que podemos (tenemos una larga lista de espera) y cada uno aporta económicamente según sus posibilidades. A los que no tienen nada, los acogemos igualmente”.

De hecho, “muchos ancianos son derivados directamente desde Cáritas y por sus parroquias, donde conocen su situación de vulnerabilidad”.

“Realmente, este es un hogar”

Rosa incide en otro aspecto fundamental: “Realmente, este es un hogar. Una casa en la que buscamos encarnar el amor de la Madre por sus hijos. Todo se mima con mucho cariño: el cuidado, la ropa, la comida…”.

Algo que todos, sin excepción, cultivan aquí, como recalca Noemí: “Somos 60 hermanas, de las que 20 están de un modo continuo con los mayores, estando otras en la enfermería o en las etapas de formación. Además, contamos con 65 contratados para labores sanitarias, administrativas, de limpieza o de gerocultura. En cuanto a los ancianos, son 125. Estamos de obras, precisamente, para poder ampliar nuestra capacidad y que entren más”.

Noemí Carbajo, en la residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Valencia

Noemí Carbajo, en la residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Valencia. Foto: Hermanitas de los Ancianos Desamparados

Sobre su estado de salud, “muchos llegan ya en con una gran dependencia, por lo que pasan mucho tiempo en la enfermería; algunos están totalmente impedidos”. Los que tienen más autonomía viven en sus habitaciones.

La dimensión creyente está muy presente

Para todos se busca generar “ese espíritu de hogar en el que la dimensión creyente está muy presente. Por supuesto, cada uno decide si participa o no, pero aquí se celebra la eucaristía, se reza el rosario y hay pequeñas romerías en el patio, que está muy cuidado y donde es un placer pasear”.

Rosa apunta que “el tiempo litúrgico es el que vertebra nuestra vida aquí. En Adviento y Cuaresma se palpa esa actitud de espera, la Semana Santa se vive muy intensamente y, en Navidad, decoramos la casa todos juntos. Nuestros belenes son conocidos en toda Valencia y vienen muchos colegios a visitarnos. Lo que aprovechamos para pedirles que nos canten villancicos y pasen un rato con los mayores”.

De hecho, Rosa impulsa una pastoral juvenil: “Involucro a un grupo de jóvenes voluntarios, niños y adolescentes, con una presencia habitual aquí. Siempre tengo presente lo que dijo Francisco a quienes iban a participar en la JMJ de Lisboa: ‘No vengáis si antes no habéis ido a visitar a un anciano solo’. Él hizo mucho por fortalecer ese puente intergeneracional”.

Un tiempo en el que la ancianidad se invisibiliza

Algo fundamental “en un tiempo en el que la ancianidad se invisibiliza. Recuerdo a una chica que, estando aquí, no quería pasar… Decía que no podía, pues sus abuelos estaban muy enfermos y sus padres jamás la llevaban a verlos. Era una realidad que desconocía por completo y que no sabía afrontar”.

Noemí comparte esa reivindicación: “Hoy prima lo útil y lo inmediato, y a los ancianos se les aparta. Olvidamos que el final es parte de la vida y que todos vamos a llegar ahí. Además, cuando los niños conocen a los mayores, se suele producir una conexión muy especial entre ellos. Es una cuestión de amor y de no renunciar a una rica experiencia; la de quienes nos preceden”.

Noemí Carbajo, en la residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Valencia

Rosa Parra conversa con varias ancianas al repartir la comida. Foto: Hermanitas de los Ancianos Desamparados

En ello, Rosa reconoce que, “a veces, cuando vienen los jóvenes voluntarios, lo hacen con ganas de ‘hacer cosas’… Y se sorprenden cuando les digo que lo mejor que pueden hacer es estar con una persona mayor y sentarse con ella y escucharla, sin más”.

Cuando van unos días a casa, se sienten muy desconectados

En esa charla, lo ideal es “que la persona mayor sea la que se sienta protagonista: que le cuente su vida y a lo que se dedicaba. Eso es lo que más disfrutan. Porque la realidad es que muchos, cuando van unos días a casa, se sienten muy desconectados incluso entre su familia. Todo ha cambiado, el tiempo se ha acelerado y se canaliza a través de una pantalla. Ellos necesitan contacto físico, cariño e ir a su ritmo”.

De hecho, “de las cosas más bonitas es cuando le pido a algún voluntario que acompañe a una persona en estado vegetativo. Se sorprende, pues piensa que no puede ‘hacer nada’, que ‘pierde el tiempo’. Y se maravilla cuando le digo que le coja la mano, que le susurre cosas bonitas al oído… Y esa persona responde parpadeando. ¡Claro que nota ese cariño! Es el mejor de los regalos”.

Residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Valencia

Residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Valencia. Foto: Hermanitas de los Ancianos Desamparados

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