Hace unos días, unas palabras de Mons. Luis Argüello, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, levantaron bastante revuelo. Primero, por hablar de que un Estado sin moralidad acaba en una banda de ladrones: “Cuando el Estado se olvida de la ética, se convierte en una banda de ladrones”.
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No se sabe muy bien por qué ‒o sí‒, el Gobierno se dio por aludido, confundiendo Estado y Gobierno. Más tarde, Mons. Argüello, tratando de aclarar una referencia que hizo al movimiento LGTBIQ+ y el orgullo (“el orgullo es el pecado de Satanás”), también dijo: “Yo hice referencia a la palabra ‘orgullo’, y la palabra ‘orgullo’ es una palabra reivindicada por Luzbel. No dije otra cosa”.
Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, en un desayuno informativo en el diario ‘La Razón’. Foto: Jesús G. Feria/ Vida Nueva
Esta cuestión de Satanás y el orgullo encuentra su origen en una tradición apócrifa, según la cual Satanás se negó a postrarse ante Adán por considerarse superior. Este es el texto: “‘Adán, toda mi hostilidad, envidia y dolor vienen por ti, ya que por tu culpa fui expulsado de mi gloria y separado del esplendor que tuve en medio de los ángeles; por tu culpa fui arrojado a la tierra’. Adán le contestó: ‘¿Qué te he hecho o en qué está mi culpa, si no te había conocido?’ Insistió el diablo: ‘¿Qué estás diciendo? ¿Que no has hecho nada? Sin embargo, por tu culpa fui arrojado. Precisamente el día en que fuiste formado me arrojaron de la presencia de Dios y me expulsaron de la compañía de los ángeles, cuando Dios inspiró en ti el hálito vital y tu rostro y figura fueron hechos a imagen de Dios; cuando Miguel te trajo e hizo que te adorásemos delante de Dios, y dijo Dios: ‘He aquí que hice a Adán a nuestra imagen y semejanza’. Entonces salió Miguel, convocó a todos los ángeles y dijo: ‘Adora la imagen del Señor Dios’. Yo respondí: ‘No, yo no tengo por qué adorar a Adán’. Como Miguel me forzase a adorarte, le respondí: ‘¿Por qué me obligas? No vaya a adorar a uno peor que yo, puesto que soy anterior a cualquier criatura, y antes de que él fuese hecho ya había sido hecho yo. Él debe adorarme a mí y no al revés’. Al oír esto, el resto de los ángeles que estaban conmigo se negaron a adorarte. Miguel me insistió: ‘Adora la imagen de Dios’. Y contesté: ‘Si se irrita conmigo, pondré mi trono por encima de los astros del cielo y seré semejante al Altísimo’. El Señor Dios se indignó contra mí y ordenó que me expulsaran del cielo y de mi gloria junto con 1os ángeles. De esta manera fuimos expulsados por tu culpa de nuestras moradas y arrojados a la tierra. Al instante me sumí en el dolor, porque había sido despojado de toda mi gloria, mientras que tú eras todo mimos y alegrías. Por eso comencé a envidiarte, y no soportaba que te exaltaran de esa forma. Asedié a tu mujer y por ella conseguí que te privaran de todos tus mimos y alegrías, lo mismo que había sido yo privado anteriormente’” (‘Vida de Adán y Eva’ [versión latina] 12-16).
¿Es bueno el orgullo? Sin duda, sí según la primera acepción de la RAE, pero no según la segunda. Bastaba con consultar el diccionario, que para eso está.

