Francia, el bastión histórico de los lefebvrianos

Lefevrianos. Ordenación episcopal
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Domingo por la mañana. Un mercadillo de objetos de segunda mano ocupa el atrio de la iglesia de Saint-Nicolas-du-Chardonnet, en pleno corazón de París, no lejos de Notre-Dame. En los alrededores del templo –ocupado de manera ilegal en 1977 por la Fraternidad San Pío X, que desde entonces celebra allí sus oficios–, familias, personas mayores y muchos jóvenes se apresuran a asistir a misa, provistos de su misal y, en el caso de las mujeres, de su mantilla.



La ceremonia de las consagraciones episcopales, celebrada en Écône el 1 de julio sin la autorización de Roma, está en boca de todos. Florent, de unos 30 años, acaba de regresar de allí. Como otros feligreses, viajó en el autobús fletado por Saint-Nicolas hasta esa pequeña localidad del cantón suizo de Valais para participar en un “acontecimiento histórico” al que brinda todo su apoyo. “Vivimos una misa de una enorme intensidad espiritual”, recuerda.

El joven, a punto de ser padre por primera vez, explica que procede de una familia católica, pero que “perdió la fe” durante la adolescencia por “las enseñanzas de la Iglesia modernista”, a la que reprocha haber “querido introducir en su seno las ideas del mundo” y no conceder la importancia debida “a la santa presencia y a los verdaderos sacramentos”.

Lefebvrianos ceremonia

Ceremonia organizada por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en Ecône (Suiza). Foto: EFE

Aunque hoy los lefebvrianos son más numerosos en Estados Unidos que en Francia, el distrito galo sigue siendo la cuna histórica de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En efecto, fue un francés, Marcel Lefebvre –arzobispo de Dakar (Senegal), posteriormente obispo de Tulle (Francia) y, más tarde, superior general de la Congregación del Espíritu Santo– quien fundó la fraternidad en 1970 con el objetivo de preservar las tradiciones doctrinales y litúrgicas anteriores al Concilio Vaticano II.

La esposa de Florent, Lucie, por su parte, creció en una familia vinculada a la Fraternidad y subraya la necesidad de “seguir el combate de monseñor Lefebvre”, considerado por muchos dentro de esta comunidad como un “Atanasio de los tiempos modernos”, llamado a combatir el error como hiciera el santo frente al arrianismo.

Resistencia

No es casualidad que este movimiento haya experimentado un importante desarrollo en Francia durante las últimas décadas. Desde la Revolución francesa de 1789, el catolicismo galo ha mantenido una sólida tradición de resistencia frente a las transformaciones políticas y religiosas. Durante mucho tiempo, parte de los católicos se negó a adherirse a la República y se opuso a la ley de separación entre la Iglesia y el Estado de 1905.

Esta hostilidad se plasmó, entre otras cosas, en el desarrollo de la Action Française, un movimiento monárquico cuyo fundador, Charles Maurras, pese a ser agnóstico, consideraba el catolicismo uno de los pilares fundamentales del orden social. De ahí, las duraderas afinidades entre esta corriente y la extrema derecha. “Este sustrato antimoderno fue especialmente fértil para el desarrollo del tradicionalismo en los años posteriores al Concilio”, explica a ‘Vida Nueva’ Martin Dumont, historiador experto en el catolicismo francés.

Actualmente, la Fraternidad San Pío X afirma contar en Francia con 190 sacerdotes, 46 prioratos repartidos por todo el país y una decena de centros educativos. Cada domingo, Saint-Nicolas-du-Chardonnet reúne a unos 2.000 fieles en sus misas.

Aunque buena parte de ellos pertenece a familias numerosas vinculadas desde hace décadas al tradicionalismo, las filas de la Fraternidad se han diversificado considerablemente desde 1988, con la llegada de personas alejadas de la Iglesia, a veces no bautizadas, así como de fieles procedentes, por ejemplo, de las Antillas francesas. Cada año, en Pascua, la Fraternidad asegura celebrar alrededor de un centenar de bautismos de adultos, una cifra nada desdeñable dada la dimensión relativamente reducida del movimiento.

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