Los lefebvrianos tratan de enterrar su desobediencia en un credo de 154 puntos

Ante las ilegítimas consagraciones episcopales del 1 de julio, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X envía una profesión de fe a los cardenales ante el próximo consistorio

Consistorio
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Dentro de la campaña de preparación de las próximas ilegítimas consagraciones de cuatro nuevos obispo del próximo 1 de julio, los lefebvrianos han emitido una ‘Declaración de fe católica de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X para iluminar las almas frente a los errores modernos’. Un documento de 28 páginas con 154 puntos organizados en 17 capítulos –con un preámbulo y una conclusión–.



En este credo aparecen frecuentes aspectos clásicos de la doctrina católica aunque se olvidan otras nociones de eclesiología del Concilio Vaticano II o la fidelidad al Papa como responsable de firmar y sellar los mandatos de una consagración episcopal. Parece un ejemplo del procedimiento judicial por el que los abogados a veces aportan sobreabundancia de información para ocultar las pruebas más decisivas.

El documento se presentó este 24 de junio y va acompañado de una “carta abierta a Su Santidad el papa León XIV y a los cardenales de la Santa Iglesia”.

De esta manera, el grupo tradicionalista busca aliados a pocos días del próximo consistorio. Ante los movimientos cismáticos de la fraternidad con estas ordenaciones, señalan que “ha llegado el momento de que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X formule una profesión integral de fe católica, que desearíamos entregar a Su Santidad y a cada uno de los cardenales”.

Una ratificación en la que se incluyen algunos elementos que no son por sí una verdad de fe –como el papel mediador de la Virgen María como corredentora (núm. 50) o la negación de cualquier reforma litúrgica posible aunque adoptan un misal revisado en el siglo XX antes del Vaticano II (núm. 125)– que justifican porque “la Iglesia sufre hoy bajo la presión de nuevas fuerzas, procedentes tanto del interior como del exterior, que la empujan en todas las direcciones posibles, salvo –a nuestro juicio– en la correcta. Ante tal sufrimiento, no podemos permanecer indiferentes”.

La baza de la Tradición

De esta manera, como hiciera Marcel Lefebvre en 1988, justifican este paso motivado por la supervivencia de la propia institución que solo quiere a los nuevos obispos ilegítimos para ordenación de nuevos sacerdotes para mantener su clerical estructura, en la “Tradición, y a la luz exclusiva de ella”, ya que esta “encierra todos los remedios para los males más profundos que padecen la Iglesia y el mundo, y para los que se buscan en vano soluciones fuera de ella. La fe inmutable e integral es el principio, el fundamento y la raíz de la salvación de las almas”.

“Por encima de los cambios y las vicisitudes del tiempo se erige la Tradición inmutable, eco en la historia de la Verdad eterna”, reiteran en la carta firmada por el superior general Davide Pagliarani –quien ha elegido los candidatos al fraudulento episcopado–, y sus consejeros.

Sin citar la desobediencia a una tradición consolidada como el mandato papal de los obispos, aseguran que “no nos queda más que esperar y suplicar que esta Tradición y la pureza de la fe vuelvan a constituir el fundamento de la vida de la Iglesia, para que a partir de ellas pueda iniciarse una auténtica regeneración. Por esta intención rezamos con insistencia”.

Sin diálogo a la vista

Satisfechos de su texto, enmendando la plana al credo apostólico o al niceno-constantinopolitanos, esperan “que, algún día, este texto doctrinal pueda servir de base para un diálogo franco con la Santa Sede, en un clima pacífico, fraternal y caritativo”.

Sin aludir a la línea roja del Vaticano II fijada por el papa León XIV ante los periodistas hace una semana, sentencian que “el texto que os entregamos no es la repetición estéril de un grupo de nostálgicos, sino la necesaria expresión, pacífica y decidida, de nuestra fe”.

Mientras ratifican la eclesiología tridentina, los responsables de la Fraternidad ratifican su huida hacia adelante sin recocer los pasos dados por Juan Pablo II tras la excomuniones de 1988 o, ni siquiera, los de Benedicto XVI que llegó a reconocer la consagraciones episcopales del cismático arzobispo o de Francisco que validó la eficacia de los sacramentos para los fieles.

La conclusión de este documento con tono escolástico: las consagraciones siguen adelante. La cuenta atrás sigue presidiendo la web especial para apuntarse y poder aparcar el coche ese día en una carpa en el seminario de Écône.

Celebración lefebvrianos, en el centro, Davide Pagliarani

En el centro, Davide Pagliarani, superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Foto: Vida Nueva

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