Hay una justicia que transforma las palabras en puentes en lugar que en veredictos. Aparece cuando se encuentran víctimas, acusados y responsables a través de la mediación. Claudia Mazzucato es profesora asociada de Derecho Penal de la Università Cattolica del Sacro Cuore y una de las mayores expertas europeas en justicia restaurativa.
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PREGUNTA.- ¿La justicia penal y la restaurativa pueden convivir?, ¿qué diferencias hay?
RESPUESTA.- La justicia punitiva limita los horizontes: separa, segrega y priva del futuro no solo a quienes han cometido un delito, sino también a quienes lo han sufrido. La justicia restaurativa integra las tres dimensiones del tiempo: mira al pasado sin borrarlo, se centra en el presente e intenta imaginar un futuro diferente. De acuerdo con los principios internacionales, produce efectos concretos al mitigar la respuesta al delito, incluso hasta el punto de extinguirlo en algunos casos. En un país democrático, el encuentro entre la víctima y el autor del delito representa la materialización de los propósitos profundos del sistema.
P.- Usted ha contribuido a escribir el decreto legislativo sobre la justicia restaurativa en Italia, ¿cómo se estructura el sistema?
R.- El servicio es gratuito, accesible para cualquier delito, desde robo hasta genocidio, a lo largo del juicio, durante la sentencia e incluso después. Por ley, debe establecerse al menos un centro de justicia restaurativa en cada distrito judicial de apelación. Ya existen 36. Para ser mediador, se requiere una licenciatura, además de formación teórica y práctica. Soñamos con mediadores que sean matemáticos, astrofísicos y artistas, para que puedan representar la diversidad de la comunidad.
P.- ¿Qué ocurre en las salas de mediación?
R.- Lo inesperado sucede. Parafraseando a Montale, lo inesperado es nuestra única esperanza. Solemos imaginar una justicia que satisfaga el deseo de venganza. La primera sorpresa es descubrir que ni siquiera es eso lo que la gente busca realmente. El mediador no es neutral, reconoce que una acción ha ofendido y herido, pero al mismo tiempo que lo reconoce, también considera la historia del otro y lo respeta con la misma dignidad que toda persona.
El valor de la vida
P.- ¿Nos da un ejemplo?
R.- Parents Circle reúne a padres israelíes y palestinos que han perdido un hijo. No es casualidad que los únicos dos idiomas que tienen una palabra para describir esta situación sean el árabe y el hebreo. Ante esa pérdida, se encuentran iguales, aunque no idénticos. Esa experiencia singular los une en lo más profundo de su ser, en el valor universal de la vida.
P.- ¿Cómo se desarma el odio?
R.- Con lo que John Braithwaite llama la diplomacia restaurativa que la gente corriente puede poner en práctica. Los procesos de paz no pueden delegarse solo en los gobiernos porque se corre el riesgo de permanecer en las altas esferas sin descender a la vida común y corriente. Me conmovió una estudiante rusa que asiste a un curso con estudiantes ucranianas, pero tiene miedo de acercárseles. Si cada uno de nosotros creara el espacio para estos encuentros, realmente se construiría la paz.
