El domingo 7 de junio el papa León XIV ha podido marcarse un nuevo “por primera vez en la historia”. El pontífice presidió la solemnidad del Corpus Christi fuera del entorno de Roma y ha sido todo un éxito. Tanto en la convocatoria, en la organización de una sencilla procesión con sabor a folklore español, en la satisfacción de los participantes, en representación de la Casa Real, en lo meteorológico, en el dispositivo de seguridad... hay tantos elementos positivos y a destacar.
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Además, el Papa hizo una autentica catequesis de cómo pasar de la eucaristía a la adoración eucarística de la procesión y de la procesión a la vida cotidiana. La homilía, muy comprensible para cualquier cristiano de práctica habitual no deja lugar a confusión. Se entiende claramente lo que León XIV quiere decir. Basta con repasar frases como estas:
- “No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada…”.
- “…que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”.
- “…nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano…”.
- “…la procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro”.
- “Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres…”.
- “Que el Señor Jesús presente en la Eucaristía os haga pan partido, entregado y ofrecido, para que una vida plena pueda brotar para vosotros, para vuestras familias y para vuestro país”.
El papa León XIV en el encuentro ‘Tejer redes con el mundo de la cultura, la educación, la empresa y el deporte. Foto: EFE
El otro acto
Bajo las panorámicas de la mañana a golpe de drones o helicópteros, la agenda de este domingo de Corpus ha tenido más momentos de interés. Tras la misa el Papa volvió a la nunciatura apostólica para la comida. Allí mismo, recibió en torno a las 16:30 h a cuatro autobuses de agustinos y agustinas que ya se habían juntado para comer y que pudieron compartir un encuentro en privado con quien fuera superior general, su hermano de familia religiosa.
La discreción parece ser una máxima de esta cita –como lo fue con el encuentro similar durante la gira africana del pontífice–. Después salió en coche y se pasó al papamóvil en la sede de Torrespaña de Televisión Española para llegar a la gran cita de la tarde en el cercano Movistar Arena en coche panorámico. En una noche el polideportivo se convirtió en un espacio para el encuentro de la Iglesia con los agentes sociales. Con el título “Tejer Redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte” el Papa participó en un acto que se sale un poco de lo que son las agendas de los viajes papales a los que estamos acostumbrados.
La cultura del encuentro se construyó en la tarde madrileña escuchando la voz rasgada de Antonio Banderas o el taconeo de Sara Baras y su grupo. También desde la Universidad con alguien de la Complutense o, desde la economía las caras más reconocibles del diálogo social –Antonio Garamendi de la CEOE, Unai Sordo de CCOO, Pepe Álvarez de la UGT y Ángela de Miguel de CEPYME– reivindicando a cora la reconstrucción de un nuevo contrato social para el siglo XXI y tirando de las ideas de la última encíclica de León XIV. O emocionándose con el sentido testimonio de las deportistas paralímpicas Carolina Marín y Teresa Perales.
Así como muchos salían emocionados de la misa de la mañana, no ha sido menor la emoción que han contagiado el propio Banderas o Rozalén reconciliándose con su pasado familiar y cantando Y Busqué clamando con tono casi agustiniano que “la respuesta estaba dentro de mí”. Con razón el cardenal Cobo le había dicho al Papa a si llegada: “Gracias por convocar a este grupo diverso de buscadores”
Con razón el público no dejó de aplaudir durante todo el acto, incluyendo una ovación del diez minutos al pontífice durante su entrada. Quedan para el recuerdo esa aclamación a Antonio Barderas recordando Semana Santa de la Málaga de su niñez. “allá por los años 60 del siglo pasado. Esas manifestaciones populares que toman las calles desarrollando un ritual majestuoso de arte y fe, de raíces y devoción. Un poliedro multicolor de elegante belleza, de liturgia teatral que cada año transforma la ciudad en un espacio donde lo artístico y lo espiritual se funden”. Un testimonio que también invita a “alzar la mirada” y construir redes de diálogo en una Iglesia que no se cierra en sí misma.

