“La Inteligencia Artificial requiere hoy ser ‘desarmada’, liberada de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, de exclusión o de muerte”. Palabra de León XIV. El Vaticano ha presentado hoy su primera encíclica –‘Magnifica humanitas’– en una rueda de prensa inédita, puesto que ha participado el Papa junto a dos cardenales, dos teólogas, un experto y el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin.
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El Pontífice ha reconocido que sus palabras son “fuertes”, pero “se eligieron deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar las conciencias e indicar caminos a seguir para la humanidad”.
“Desde hace tiempo, la Iglesia se compromete a favor del desarme nuclear, como servicio a la paz y a la dignidad de la familia humana. En un sentido análogo, la IA requiere hoy ser desarmada, porque al igual que la energía nuclear, debe estar al servicio de todos y del bien común. Y las decisiones sobre la tecnología nunca deben separarse de la conciencia y la responsabilidad”, ha aseverado Robert Francis Prevost.
Como ha recordado León XIV, “la paz, no solo la ausencia de guerra, es la justicia en acción. Pero cuando la tecnología debilita nuestro sentido crítico, es la paz misma la que está en riesgo. Desarmar, sin embargo, no basta, debemos construir”.
Sobre construir Prevost ha hecho hincapié en que en sus años como misionero en Perú, en 2017, con las inundaciones provocadas por El Niño, “muchas familias vieron cómo el lodo se tragaba sus casas. Allí aprendí que reconstruir no significa simplemente reemplazar lo que ha sido destruido. Significa reparar los lazos, restablecer la confianza y despertar la esperanza en el futuro. Además, nadie reconstruye solo”.
El Papa, en su intervención, ha dicho que se siente “llamado a contemplar esta gran transformación con los ojos de la fe, con la lucidez de la razón, con la apertura al misterio y con los gritos de los pobres y de la tierra que resuenan en mi corazón”.
“Este es el sentido de las aproximadamente 200 páginas, fruto de una reflexión de diez años dentro de la Santa Sede sobre las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial, que hoy en día afecta muchos ámbitos de nuestra vida, influye en las decisiones y está cambiando radicalmente la forma en que se libra la guerra”, ha recalcado el Papa
En sus palabras, el Pontífice también ha advertido su preocupción sobre “algoritmos que pueden impedir el acceso a la atención médica, al trabajo y a la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias”.
Según ha afirmado el Papa agustino, “solo con una visión integral podrá orientarse la Inteligencia Artificial hacia el bien común. Solo juntos —quienes diseñan los sistemas y quienes sufren sus consecuencias, los países más ricos y los más pobres, las instituciones y los individuos, los centros de poder y las periferias— seremos capaces de construir un futuro, no para unos pocos privilegiados, sino para toda la familia humana”.
Sobre la misión de la Iglesia, el Pontífice ha recordado que “no tenemos respuestas técnicas, ni pretendemos sustituir a quienes tienen la competencia necesaria. Pero aportamos una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo necesita desesperadamente: cada persona es única e insustituible, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servir a los demás y de cuidar de nuestra casa común”.
Por último, ha invitado a que “aprendamos a escucharnos unos a otros, a afrontar con valentía los desafíos del presente y a cooperar en la construcción de una sociedad más humana y fraterna”.
Cardenal Parolin: “Hay que mirar la tecnología con confianza”
Por su parte, el cardenal Parolin ha situado la encíclica en continuidad con ‘Rerun novarum’. Si León XIII “reconoció las transformaciones industriales de su tiempo como una cuestión profundamente humana y social”, hoy “la Iglesia está llamada una vez más a discernir las novedades de la historia y a ofrecer una contribución al bien de toda la humanidad”.
“En la era de la Inteligencia Artificial, salvaguardar la dignidad humana implica estar alerta ante nuevas formas de deshumanización y permanecer fieles a la grandeza de la humanidad”, ha agregado Parolin.
Y ha añadido el purpurado: “La tecnología no puede medirse únicamente por su eficacia o la rapidez de sus resultados; exige volver a la verdad de la persona, a la justicia de la vida en común y al bien de todos los pueblos de la Tierra”.
El secretario de Estado ha concluido su intervención insistiendo en que ‘Magnifica humanitas’ invita a “mirar la tecnología con confianza y discernimiento”, pero también con “vigilancia, para que la “grandeza de la humanidad” nunca disminuya y no se pierda la “libertad” de “utilizar herramientas poderosas sin ser dominados por ellas, de seguir siendo humanos en un entorno cada vez más moldeado por la lógica automatizada”.
Cardenal Fernández: “¿Deseo pertenecer a esa magnífica humanidad que Dios soñó?”
El cardenal prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel ‘Tucho’ Fernández, ha centrado su intervención en los puntos más teologales del documento.
“El título de la encíclica nos lleva a contemplar a la humanidad como ‘magnífica’. Y lo hace aunque el texto reconozca la terrible capacidad de maldad que hay en nosotros, destacando cuan herida que está esta humanidad nuestra que llega a asesinar a miles de niños e inocentes en guerras contrarias al derecho internacional, que no pueden justificarse de ninguna manera”, ha señalado.
Y ha continuado Fernández: “Sí, esta humanidad nuestra que es capaz de reducir a tanta gente a la esclavitud en las formas más diversas, incluso si estamos en el tercer milenio. Sí, esa humanidad nuestra que puede alcanzar niveles de indiferencia, cinismo y crueldad que nunca dejan de asombrarnos”.
A pesar de todo esto, “el Papa no se avergüenza de llamarla ‘magnífica’. Porque todo ser humano tiene una dignidad infinita y nunca pierde esa sublime capacidad de amar que Dios le dio cuando lo creó”, ha agregado el purpurado.
Fernández ha recordado también que la encíclica busca frenar el posthumanismo. “Algunas formas de transhumanismo nos invitan a pensar que, gracias a dispositivos futuros y sofisticados que resolverán problemas y aumentarán nuestras capacidades, nuestra vida será un paraíso”.
Pero “los dispositivos y recursos tecnológicos dan al individuo una alegría inicial, y poco después el vacío regresa, con la sensación de que falta algo”, ha agregado el cardenal argentino.
Para el purpurado, “diferentes formas de posthumanismo consideran que esto ocurre porque la humanidad ha llegado a su fin, simplemente necesita ser reemplazada, y es necesario un salto evolutivo hacia una nueva forma de vida, un nuevo nivel en la evolución de la especie. Es un salto que siempre depende de la tecnología”.
Por eso, “como creyentes, estamos seguros de que todo esto no llenará el vacío, no colmará el espacio infinito de nuestros corazones, no dará un sentido estable y consistente a nuestra vida humana”.
Según ha remarcado Fernández, “detrás de esta idea de progreso se esconde una falsa mística que es justo lo opuesto a lo que cristianos y otros creyentes llamamos nueva vida: la vida teologal, esa vida que está verdaderamente en otro nivel, esa vida que ciertamente nos lleva más allá de nosotros mismos hacia una verdadera superación. Es una vida que se vive en la fe, la esperanza y la caridad”.
En la cosmovisión hipertecnológica, en cambio, “la fe es reemplazada por una confianza total en las capacidades tecnológicas; la esperanza se transforma en una expectativa superficial de un nuevo producto que elimine nuestro aburrimiento; el amor se olvida, porque uno prefiere el apego a las cosas, el deseo de tener más, mientras los otros, hermanos y hermanas, desaparecen del horizonte”, ha destacado Fernández.
Por otro lado, “existe el riesgo de ignorar el hecho de que la persona humana tiene una dimensión espiritual, creada inmediatamente por Dios, que no puede reducirse a los mecanismos de un sistema tecnológico, ni puede ser reproducida por ellos”, ha rematado el purpurado.
El cardenal Fernández ha concluido su intervención dejando una doble pregunta en el aire, cuya respuesta ha invitado a hacerse cada uno de forma personal:
“¿Quiero pertenecer a esa humanidad cerrada sobre sí misma, decadente, vacía e insensible, orgullosa de sus recursos tecnológicos hasta el punto de adorarse a sí misma en lugar de adorar a Dios? O deseo pertenecer a esa magnífica humanidad con la que Dios soñó, esa capaz de amar, de dar la vida por los demás, de sufrir con ellos, de permitir ser llevada más allá de sí misma para ser plenamente ella misma en la amistad con Dios?”.
Cardenal Czerny: “Cuida el futuro depende de la educación”
Ingenio, conciencia y cuidado han sido las tres palabras escogidas por el cardenal Michael Czerny, SJ, prefecto del Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral, para reflexionar sobre ‘Magnifica humanitas’.
“La inteligencia artificial es uno de los grandes logros del ingenio humano. Esta realidad ofrece una prueba elocuente de las extraordinarias capacidades de investigación y diseño que poseen los seres humanos. La humanidad puede estar con razón orgullosa de los logros alcanzados por innumerables hombres y mujeres dedicados a la ciencia y la tecnología”, ha comenzado advirtiendo sobre el ingenio.
No obstante, “hay un aspecto aún más profundo que merece la pena destacar. En la inteligencia artificial, la humanidad puede vislumbrar un reflejo de sí misma: la capacidad de abstracción, de aprendizaje y de búsqueda de orden en medio de la complejidad“, ha aseverado Czerny.
El jesuita ha insistido en que “esta perspectiva nos permite afrontar los retos que plantea la IA con una actitud de gratitud y discernimiento. Es comprensible que haya quienes se entusiasmen de forma acrítica o quienes sientan un miedo paralizante, dado que los cambios provocados por las nuevas tecnologías avanzan a un ritmo que supera los procesos culturales, políticos y educativos”.
En relación a la conciencia, el purpurado americano ha destacado que “la inteligencia artificial influye en la calidad de nuestras relaciones vividas y configura el entorno humano en el que se toman nuestras decisiones y se desarrollan nuestras relaciones. La cuestión tecnológica se convierte en algo inseparable de la cuestión humana”.
“Una cuestión relacionada es si podemos hablar de conciencia en relación con los sistemas de inteligencia artificial más avanzados, y en qué sentido. Se trata de una cuestión seria que merece atención y un estudio más profundo. Sin embargo, cabe señalar que no se trata únicamente de una cuestión tecnológica. En realidad, se trata de una cuestión filosófica“, ha remarcado.
Según Czerny, “la Iglesia acoge estos debates con respeto y reconoce el valor de las aportaciones científicas y filosóficas. Su compromiso en estos temas surge de su propia concepción de la persona humana, recibida a través de la Revelación y desarrollada en el seno de su tradición viva”.
Por último, sobre el cuidado, el cardenal ha remarcado que la encíclica “destaca el impacto de la inteligencia artificial en nuestra Casa común y, desde esta perspectiva, se inscribe en una profunda continuidad con ‘Laudato si’’ y ‘Laudate Deum'”.
Para Czerny, “cuidar el futuro depende de la educación. Educar en la era de la IA significa formar personas capaces de utilizar herramientas poderosas mientras mantienen su libertad interior; acceder a grandes volúmenes de información mientras conservan un juicio crítico; y vivir en entornos digitales sin perder la alegría de la escucha auténtica, los encuentros y las relaciones interpersonales”.
Anna Rowlands: “Transformemos las estructuras de poder dominantes en formas de poder compartido“
“¿Qué significa realizarse plenamente como ser humano en la era de la IA?”. Esta es, a juicio de Anna Rowlands, profesora del Departamento de Teología y Religión de la Universidad de Durham (Reino Unido), la gran pregunta que plantea ‘Magnifica humanitas’.
En su opinión de Rowlands, la encíclica “no ofrece una reflexión neutral sobre dicha cuestión, del mismo modo que las tecnologías contemporáneas tampoco encarnan cosmovisiones neutrales. Esta encíclica, más bien, aplica la visión del Evangelio a las culturas de la IA. Al hacerlo, advierte sobre el auge de una cultura del poder en expansión que está reconfigurando el trabajo, la familia, la educación y la vida política”.
Asimismo, la profesora señala que la encíclica “nos insta a transformar las estructuras de poder dominantes en formas de poder compartido y a evaluar el desarrollo tecnológico en función de su contribución a un auténtico progreso social y ético”.
Christopher Olah: “¿Cómo podemos garantizar que los beneficios de la IA se compartan globalmente?”
El cofundador e Anthropic, Christopher Olah, ha querido dejar tres preguntas para el discernimiento eclesial en su discurso, tras agradecer al Papa por su encíclica.
En primer lugar, ha recordado el deber con los pobres. “Existe una posibilidad real de que la inteligencia artificial desplace el trabajo humano a una escala enorme. Si eso ocurre, apoyar a quienes resulten desplazados será un imperativo moral de proporciones históricas. Esta tarea ya será bastante difícil, pero me preocupa que gran parte del diálogo actual ignore un desafío aún mayor”, ha destacado.
“El desarrollo de la inteligencia artificial está concentrado en un pequeño número de naciones ricas. ¿Cómo podemos garantizar que los beneficios de la inteligencia artificial se compartan globalmente? No tenemos un mecanismo para ello. Es un problema sin resolver, y es precisamente el tipo de problema que históricamente la Iglesia se ha negado a permitir que el mundo ignore”, ha rematado Olah.
En segundo lugar, el canadiense ha remarcado la necesidad de imaginación y ambición moral respecto al florecimiento humano. “Si los modelos de inteligencia artificial van a estar ampliamente presentes, ¿cómo será una vida floreciente para las personas, las familias y el mundo?”.
“Hoy, los padres ya están preocupados por la mente de sus hijos; las personas, por el futuro de su trabajo. Estas no son preguntas que un laboratorio pueda responder. Son preguntas que tradiciones como la suya han sostenido durante milenios, y necesitamos que sigan sosteniéndolas en este nuevo momento de la historia”, ha insistido Olah.
En tercer lugar, el científico ha hablado sobre la necesidad de discernimiento sobre la naturaleza misma de los modelos de inteligencia artificial.
“Seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes. Encontramos estructuras que reflejan resultados de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. Encontramos estados internos que funcionalmente reflejan alegría, satisfacción, miedo, dolor e inquietud. No sé qué significa eso, pero merece un discernimiento continuo”, ha fanilizado Olah.
León XIV saluda a Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Foto: EFE
Leocadie Lushombo: “Hemos de mirar más allá del PIB”
Leocadie Lushombo, doctora en Teología Política y Pensamiento Social Católico de la Escuela Jesuita de Teología de la Universidad de Santa Clara (California), se ha detenido en su intervención en las cuatro preocupaciones de León XIV en torno a la influencia de la Inteligencia Artificial.
La primera advertencia se refiere a salvaguardar la capacidad de la mente para alcanzar la verdad. “El Papa nos recuerda que las máquinas no deben sustituir nuestra responsabilidad de comprender la verdad según nuestra propia agencia intelectual. Debemos encontrar la verdad en nosotros mismos y en relación con los demás, creciendo en la conciencia de quiénes somos realmente, ha señalado Lushombo.
La segunda advertencia se centra en preservar la libertad interior. “Los seres humanos pueden no solo conocer hechos, sino también darles coherencia, construyendo así una visión del mundo. Si delegamos nuestros juicios en las máquinas, dejaremos de buscar el todo y nos limitaremos a reconocer aspectos parciales”, ha dicho la teóloga.
La tercera advertencia se refiere al hecho de que la verdad es relacional. “El conocimiento es fundamentalmente comunitario porque está enraizado en la confianza mutua y en la apertura al diálogo. La naturaleza social y relacional de la conciencia y del aprendizaje se enriquece con experiencias históricas diversas, vínculos humanos, emociones, alegrías y sufrimientos”, ha remarcado Lushombo.
La cuarta advertencia se centra en laprotección de los trabajadores, especialmente los más vulnerables. “La IA está aumentando la vulnerabilidad de los países en desarrollo. ‘Magnifica humanitas’ recuerda la necesidad de mirar más allá del PIB. El Papa denuncia un desarrollo tecnológico que reprime la dignidad humana y amplía la brecha entre ricos y pobres”, ha finalizado.
