1. En la vida cotidiana
Que emoción tan grande vivimos cuando descubrimos que hay gente que con solo estar transforman la existencia. Si llegáramos a evocar nuestro pasado, seguramente encontraremos rostros y nombres que “estuvieron presentes” en los diferentes momentos de la historia.
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Que conmoción redescubrimos al percibir “presencias” liberadoras y sanadoras que nos ayudan a caminar sobre nuestros propios pies. Que riqueza tan humana es tener presentes con quienes queremos y nos quieren.
Lo más maravilloso de la vida es que estar y ser parecen ser lo mismo. Lo más problemático de la existencia, por lo general, proviene de ausencias. A su vez, estar presentes en la vida de otras personas, no es una invasión o una iniciativa que anula la autonomía.
A menudo estar presente es con… miradas, gestos, palabras, silencio contemplativo, risas, llantos, etc., en donde un momento compartido la vida se recrea, se orienta a vivir de una manera distinta.
¡Lo más hermoso de esta vivencia es que esas presencias son… personas, afectos, vínculos, identidades “de gente tan necesarias” (Hamlet Lima Quintana).
2. En la fe cristiana
Desde el punto de vista teológico, profesamos, celebramos y anunciamos a un Dios que “es y está” y viceversa… ¡No sabemos por qué motivos dualistas esquizofrénicos hemos separado lo que la Trinidad unió!
Dios es amor y está presente como tal.
Dios es ágape y está cercano.
Dios es ternura y está acompañando la vida.
Dios es misericordia y sale a nuestro encuentro (Lc. 15).
Dios es salvación y se encarna asumiendo nuestra naturaleza.
Dios es alegría y hace fiesta.
Dios es compasión y se “conmueve su ser” al vernos y pronunciar nuestro nombre.
Cuando se invoca lo más hondo de su misterio, lo primero que balbuceamos se expresa en palabras que manifiestan su identidad: “Yo soy, yo estoy”. Y lo comparte manifestando su comunión en la diversidad… Es el Dios de lo diverso, es el Dios de la comunión. Y en ella (la Trinidad) ser y estar de ese modo, manifiesta que es comunión en la diversidad. ¡No se correría el riesgo de herejía decirlo, por el contrario, separar diversidad de comunión si!
Cuando queremos ahondar en la fe cristiana nos encontramos con un misterio de amor que se comunica (Concilio Vaticano II – DV, 1965) como “alfa y omega, principio y fin, a él le pertenece el tiempo y la eternidad” (CEA – MRC, 2011).
3. En la práctica pastoral
Desde este misterio de amor que se ha revelado y que nos hace partícipes de su naturaleza, es que la pastoral eclesial tiene consecuencias profundas y concretas:
- Ser iglesia, es ser comunión y diversidad. Si solo la comunión se entiende como “hacer todos lo mismo” estaríamos rozando una herejía de “monofisismo pastoral”.
- Dios es y está como es… ¡Si predicáramos algo contrario o que perdona algo, pero no todo, que invita a muchos y no a todos, que se ofrece como alimento material para varios y espiritual para otros, estaríamos contradiciendo la misma encarnación del Verbo y su pedagogía de “ser y estar” como pan vivo!
- Ser iglesia orante, no es “no estar” o evasión, sino que somos “plenitud de encuentro y de presencia”(Pironio, Eduardo Francisco, 1980, pág. 230).
- Ser iglesia es estar en el mundo, junto con el mundo… porque la comunidad cristiana es “análoga al Verbo encarnado” (Concilio Vaticano II – LG, 1965) (#8); y si él es “como uno de nosotros” (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#22), nosotros somos y estamos como él. ¡Si, somos y estamos al modo de la Trinidad!
- Dios es amor servicial… por ende, la iglesia vive todo lo que hace “unida al servicio pastoral”(Pironio, Eduardo Francisco, 1980, pág. 223) y así no predica dicotomías sino que une, porque Dios es unidad en la diversidad.
- Si Dios es salvación… la iglesia mira al “mundo en una perspectiva de redención: de salvación ya realizada por Jesucristo”(Pironio, Eduardo Francisco, 1986, pág. 195). ¡Por lo tanto, la pastoral eclesial contempla los signos de los tiempos!, es decir, la “presencia” de la Trinidad.
- Si la Trinidad salva, vive, comunica, injerta, transforma… desde lo cotidiano, la evangelización de la iglesia hace lo mismo, porque “es una iglesia que adora a la Trinidad y salva al hombre, que vive de Cristo y lo comunica, que se inserta en el mundo y lo transforma” (Pironio, Eduardo Francisco, 1986, pág. 180). Ser y estar así, no cuadra con eclesiologías y pastorales dualistas, intimistas, yoístas, clericalistas, “papolátricas”, maniqueas, pelagianas, etc. ¡Si la iglesia no es al estilo de la Trinidad, quienes tenemos que cambiar somos nosotros, no Dios! ¡Es imperioso dejar a Dios ser tal y a nosotros se nos exige convertirnos a su modo de ser y estar!
- Si Dios se hace visible en el mundo… nuestra pastoral nos hace vivir como iglesia que se “inserta en todas las partes del tejido social, cuya textura modifica”(De Lubac, Henri, 2008, pág. 180).
- Si Dios es santo y la fuente de toda santidad… ¡somos santos! Y lo vivimos “estando” en, con y junto al mundo; es decir, siendo “presencias”.
Como nos recordara nuestro querido y venerado Padre de la catequesis renovada en Argentina:
“La primera característica de la santidad que exige el mundo de hoy es una verdadera presencia. La actualización o aggiornamento de la Iglesia y de los cristianos no es sólo una cuestión de oportunismo o de método, sino que es una característica de la manera como Dios realiza la salvación de la humanidad. La presencia cristiana en el mundo es signo de la presencia de Cristo en la carne, es una señal de la encarnación del Hijo de Dios que asumió todo lo humano. El testimonio de santidad de la Iglesia está íntimamente ligado a este misterio de fe, porque la santidad cristiana asume también con su presencia todo lo que es propio de nuestra época: “Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. La santidad cristiana es una auténtica presencia en el mundo, en la ciudad moderna, en los medios de comunicación social, en el tercer mundo, en el ambiente científico, etc. (De Vos, Frans, 1990)
Somos y estamos presentes… para acompañar, no asfixiar, no ser aduanas, ni para atosigar, sino para comunicar que en Cristo somos “presencia, solidaridad y alegría” en una aventura maravillosa de compartir (Curia, Christian, 2022) que ya somos santos, aunque quizás nos falte la plenitud, porque:
Hay gente que con solo decir una palabra enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos nos invita a viajar por otras zonas, nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente, que con solo dar la mano rompe la soledad, pone la mesa, sirve el puchero, coloca guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con solo abrir la boca llega hasta todos los límites del alma, alimenta una flor,
inventa sueños, hace cantar el vino en las tinajas y se queda después, como si nada.
Y uno se va de novio con la vida, desterrando una muerte solitaria, pues sabe que, a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria (Hamlet Lima Quintana)
El VII Domingo de Pascua, nos recuerda esto… “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20).
Feliz Pascua desde la Vida Nueva. ¡Felices desde este misterio gozoso de un Dios Viviente y vivificador, que “sigue haciéndose historia en medio de nosotros” (De Vos, Frans – ICD, 1983).
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Trabajos citados
CEA – MRC. (2011). Misal Romano Cotidiano. CABA: Oficina del Libro.
Concilio Vaticano II – Dei Verbum (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Concilio Vaticano II – Gaudium et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Concilio Vaticano II – Lumen Gentium (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Curia, Christian. (2022). Una aventura maravillosa. CABA: PPC – Bonum.
De Lubac, Henri. (2008). Meditación sobre la iglesia. Madrid: Ágape.
De Vos, Frans – ICD. (1983). La alegría de la fe para un mundo en cambio. Lomas de Zamora: Junta Catequística Diocesana.
De Vos, Frans. (1990). Presencia, solidaridad y alegría. La santidad. Lomas de Zamora: La Semilla.
Hamlet Lima Quintana. Gente necesaria (s.f.). Obtenido de https://goo.su/wQCedU2
Pironio, Eduardo Francisco. (1980). Queremos ver a Jesús. Madrid: BAC (Biblioteca Autores Cristianos).
Pironio, Eduardo Francisco. (1986). Diálogo con laicos. CABA: Patria Grande.

