Hace 37 años, me encontraba viviendo una situación de desesperanza, no era capaz de ver el horizonte, fue una etapa en donde todo se había detenido, parecía que nada podía cambiar. Era muy joven, me encontraba camino a casa después de estudiar y recuerdo aquella reflexión que hice en ese lugar tan particular, una avenida con enorme afluencia vehicular. Ahí le hice una pregunta precisa a Dios: ¿Cuándo sucederá?… La respuesta vino muchos años después, acompañada de la característica generosidad de Dios.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
El tiempo de Dios es perfecto, todo sucede cuando debe ser, ni antes ni después. He sido testigo de esto, muchas veces me he impacientado, hasta desesperado porque alguna petición, deseo o anhelo no lo he visto realizado en mi vida y tal vez no lo veré por una razón: “no es para mi bien”. Después de mucho tiempo me he dado cuenta que todo aquello que ha sucedido en mi vida tiene un plan, un objetivo y un verdadero propósito. No hay casualidad, no puede ser aleatorio y mucho menos circunstancial.
Quienes confiamos en Dios, sabemos que cada momento es una valiosa oportunidad donde nuestra libertad nos acerca o aleja de la fuente de amor inagotable. Una decisión tomada con amor, nunca será errónea y sin duda, tomará su tiempo conocer los frutos de cada acción. Hoy veo cuánto amor y generosidad emana de un Padre bondadoso, pero tuvo que pasar un muy buen tiempo para comprenderlo. “Su Padre sabe bien qué les hace falta antes de que se lo pidan”. Mateo 6, 8.
Dios nos ha moldeado entre sus manos
Sugiero que se lea detenidamente el versículo anterior, con toda calma, que se reflexione con detenimiento, porque contiene una profundidad que de entenderlo, nos emocionaría hasta las lágrimas. Nos conoce, entiende nuestras necesidades, sabe lo que nos conviene y porque nos ama nos da la oportunidad de elegirlo. Parece algo sencillo, pero mis queridos amigos, se requiere de tiempo y de una confianza enorme hacia nuestro Padre que nos ama de una forma extrema.
¡Qué bueno es Dios! Y a veces le comprendemos tan poco, es nuestra necesidad imperiosa la que nos hace dudar y en ocasiones hasta abandonarlo. “Dios puede colmarlos de toda gracia, para que siempre tengan lo suficiente y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras”. 2 Corintios 9, 8. Te invito a que juntos hagamos un recorrido por nuestras vidas y nos demos cuenta de cómo Dios nos ha moldeado entre sus manos, que nunca nos ha abandonado en los desiertos que hemos caminado y cuando tenía que ser… sucedió.
“Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande”. Benedicto XVI. Deseo agradecer con sinceridad a quien responde en el momento preciso, a mi Padre Celestial, porque algunos lo llamarán: esfuerzo, disciplina, dedicación y todo aquello que permite realizar un cambio, pero para quienes tenemos fe es: Gracia. Y gracias a mi Padre celestial por todo y tanto.
