José Francisco Gómez Hinojosa, vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)
Ex vicario general de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

Rezar por la paz: ¿tiene sentido?


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El papa León XIV nos convocó a realizar ayer una vigilia por la paz. Mi arquidiócesis invitó a colocar veladoras, mantas y signos con la palabra PAZ, en las instalaciones parroquiales y espacios eclesiales; a replicar las campanas y a rezar el santo rosario a las 12 del mediodía; a promover espacios de oración comunitaria, e iniciativas de encuentro que fortalezcan la unidad de nuestras familias y comunidades. Inclusive, se creó el hashtag #SomosPazSeremosMás para compartir en redes sociales los signos y momentos vividos durante la Vigilia.



Un amigo medio agnóstico, pero con un comportamiento ejemplar que ya quisiéramos muchos creyentes, me pregunta con toda sinceridad si tiene sentido rezar por la paz, dadas las características de personajes como Donald Trump o Benjamin Netanyahu, impermeables a cualquier atisbo de conversión y giro conciliador.

Además, él ha leído ‘Matar a nuestros dioses’, de José María Mardones (+), quien recomienda desechar la idea de un dios intervencionista. Asumiendo esta tesis, le comenté la importancia que tiene para mí el rezar por la paz, y cuáles son mis razones para ello.

Jesucristo Nuestro Señor nos dijo: “Bienaventurados los que trabajan por la paz…”, no los que desean la paz, ni los que hablan de paz. Así entonces, rezar por la paz exige laborar por ella, y no quedarnos con los brazos cruzados esperando que algo o alguien resuelva los conflictos del mundo. La oración tiene que ser activa, constructiva, promotora.

Rosario por la paz de León XIV

Rosario por la paz de León XIV en la basílica de san Pedro. Foto: Vatican Media

Orar por la paz nos cambia el corazón, atacando nuestro orgullo, nuestra soberbia. Nos vuelve más pacientes, comprensivos, tolerantes y misericordiosos; capaces de mediar, de reconciliar, de invitar al diálogo, de mirar lo positivo de la vida y no solo lo negativo.

Por lo mismo, rezar por la paz nos impide cerrarnos en nuestra íntima burbuja, y nos compromete con los demás, buscando los cómos para una atmósfera más amable, pero también más justa; con una sonrisa y un saludo, pero también con la exigencia de la atención a quienes más sufren con las guerras y la violencia. Como ese grano de mostaza del que habla el evangelio, la plegaria en favor de la paz se acompaña de pequeñas acciones, casi imperceptibles, y que comienzan en el ámbito personal y familiar.

Y, concediendo que Dios no es intervencionista, y respeta nuestra libertad, le podemos pedir al Espíritu Santo que ilumine las mentes de quienes gobiernan este mundo, y cambie sus corazones para que, de ser rocas férras incapaces de mutar, se transformen en misericordiosos y sensibles ante el dolor ajeno.

No sé si convencí a mi amigo. Pero, al despedirnos vi -¿o quise ver?- en su mirada un dejo de recogimiento, de piedad… ¿de oración?

Pro-vocación

Reconforta enterarnos de que buena parte de los católicos pertenecientes al ultraderechista MAGA (Make America Great Again – Hagamos América grande otra vez) se están desmarcando de las amenazas apocalípticas que se regodea en vociferar Donald Trump. La demente frase: “Una civilización entera morirá esta noche” encontró el rechazo obvio no solo de León XIV, sino hasta del conservador obispo Joseph Strickland, destituido por el papa Francisco. Al menos algo de cordura sale a la luz en medio de este mundo del que, como diría Mafalda, a veces queremos que se detenga para bajarnos de él.