Las protagonistas de una página del Evangelio: ¡¡Ha resucitado!!


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Me gusta recordar y resaltar la única página del Evangelio protagonizada por mujeres.

Los cuatro autores les reconocen ese espacio y las identifican: María Magdalena y la otra María (Mt 28,1), escribió Mateo; María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé (Mc 16,1), escribió Marcos; Juan solo mencionó a María Magdalena (Jn 20,1-10). Según Lucas, eran “mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea” (Lc 23,55), refiriéndose a las que el mismo evangelista contó que seguían a Jesús cuando “andaba por muchos pueblos y aldeas, anunciando la buena noticia del reino de Dios” (Lc 8,1), y citando, entre ellas, a María, la llamada Magdalena; Juana, esposa de Cuza, que era administrador de Herodes; y Susana (8,21-3). También escribió Lucas que fueron María Magdalena, Juana, María la madre de Santiago y las otras mujeres, “las que llevaron la noticia a los apóstoles” (Lc 24,10). Eran mujeres y eran discípulas las protagonistas de esta página del Evangelio.



También los cuatro autores señalan que fue el primer día de la semana cuando las mujeres fueron al sepulcro y el Evangelio de Marcos precisa que era “muy temprano, apenas salido el sol” (Mc 16,2).

Ungir el cadáver

Como mujeres les correspondía ungir el cadáver que habían depositado en la tumba. Por eso “compraron perfumes para perfumar el cuerpo de Jesús” (Mc 16,1) y “llevaban los perfumes que habían preparado” (Lc 24,1).

Una mujer, en una procesión en Costa Rica

Una mujer, en una procesión en Costa Rica

Pero los evangelistas no las mencionan por haber cumplido este ritual. Las mencionan porque ellas fueron las primeras testigos de la resurrección de Jesús y a ellas correspondió convertirse en las primeras apóstoles cuando fueron a buscar a los discípulos para contarles que habían encontrado la tumba vacía y que Jesús había resucitado.

Encargo cumplido

Porque lo propio del apóstol es anunciar la resurrección de Jesús. Y porque fueron enviadas a llevar este anuncio. “Vayan y digan a sus discípulos [a los discípulos de Jesús], y a Pedro: ‘Él va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán, tal como les dijo’” (Mc 16,7), según la versión de Marcos, les encargó a las mujeres que fueron al sepulcro el joven vestido de blanco que encontraron allí. “Vayan pronto y digan a los discípulos: ‘Ha resucitado, y va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán’” (Mt 28,7), en la versión de Mateo, un ángel del Señor que quitó la piedra del sepulcro para que las mujeres pudieran entrar.

“Ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con el que es mi Padre y Padre de ustedes, mi Dios y Dios de ustedes” (Jn 20,17), en el Evangelio de Juan, es el encargo es del Resucitado a María Magdalena, cumpliendo el encargo del Resucitado “ella fue y contó a los discípulos –a los discípulos varones que estaban escondidos, vale la pena aclarar, “con las puertas cerradas por miedo a las autoridades judías” (Jn 20,19)– que había visto al Señor y también les contó lo que él le había dicho” (Jn 20,18).

No les creyeron

Como es de suponer, los discípulos no les creyeron. No podían dar crédito a habladurías de mujeres: según el evangelio de Marcos “no querían creerles” (Mc 16,11); según el de Lucas “les pareció una locura lo que ellas decían” (24,11). Era un mundo en el que las mujeres no podían ser testigos en un juicio. Un mundo en el que las mujeres debían guardar silencio.

Un grupo de religiosas, en Cuba

Un grupo de religiosas, en Cuba

Y después de protagonizar esta página del evangelio como testigos de la resurrección de Jesús y primeras apóstoles, no se volvió a hablar de ellas. A pesar de que los evangelios constatan que el Resucitado les confió la misión de ser apóstoles, en un mundo en el que las mujeres debían guardar silencio, la tradición de dos mil años, solo registra apóstoles varones, invisibilizando a las apóstoles mujeres que fueron, de verdad, las primeras.

Desaparecieron porque eran mujeres y porque ellas eran mujeres desapareció la misión como apóstoles que el Resucitado les confió.