Me sorprendió que mi hija haya encontrado una gran fascinación por tejer con estambre y ganchillo, cuando la veo concentrada, mirando con cuidado y realizando con calma cada movimiento me imagino que la vida es eso, un entramado de hilos que poco a poco se van ordenando y así dan forma a una hermosa transformación.
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La humanidad desde sus inicios ha creado con diferentes materiales objetos de gran utilidad empleando la técnica del tejido, agregando algo maravilloso y me refiero a la comunicación y encuentro, ya que esta actividad además de traer calma, permite el diálogo acerca de lo que importa en la vida, un té o un café es el acompañante perfecto para las largas horas que se dedican a entrelazar hilos de estambre.
Las tejedoras, empleaban su tiempo para dialogar y socializar, porque cuando se teje se comparte se imagina, es un tiempo dedicado a observar con detenimiento cómo se van transformando madejas en algo más que la escénica de un hilo. Estoy convencido de que tejer debe traerse como herencia, las generaciones anteriores practicaron con esmero y esfuerzo esta actividad y en ocasiones no fue solo por gusto, sino por una necesidad: cubrir sus cuerpos con esas creaciones.
La túnica de Jesús, tejida de una sola pieza, una prenda especial y valiosa
Recuerdo que mi abuela y mis tías tejían cosas hermosas, aún tengo en mi mente aquel suéter amarillo que tanto me gustaba, era parte de mi atuendo en temporada invernal. Las manos de ellas eran realmente maravillosas, hoy lo recuerdo con gran amor y cariño, al pasar los años, esa actividad dejó de estar presente en mi vida, las personas a mi alrededor dejaron de tejer o por lo menos eso parecía y de vez en cuando alguien de edad avanzada estaba tejiendo algo.
Hace unos meses, mi hija comenzó con esta inquietud, pidió aprender a tejer y su búsqueda en internet fue intensa. Aún no ha tomado clases con nadie, su curiosidad la ha llevado a explorar materiales y técnicas desconocidas para mí. Su intuición es innegable, sin maestros, sin acompañantes ha logrado realizar objetos de una gran belleza, por eso estoy seguro que el tejido es una actividad que se trae como herencia. La veo tejer y me deleito, cuando sus pequeños dedos estiran esas ‘cadenas de hilo’, sonríe, celebra su esfuerzo y puedo ver que en su mirada es capaz de proyectar lo que será su futura creación.
“El Señor los ha dotado de un talento especial en el arte de grabar, de diseñar, de tejer y bordar en hilo azul, púrpura y escarlata de lino fino”. Éxodo 35, 35. En tiempos de Jesucristo, tejer era una actividad muy importante para la vida diaria, las familias hilaban la lana de oveja o el lino, y luego tejían telas para hacer túnicas, mantos, cobijas y otros objetos necesarios. La Biblia menciona varias veces las vestiduras, los mantos y los tejidos, lo que muestra lo importantes que eran en la vida cotidiana.
La túnica de Jesús, que no tenía costuras y estaba tejida de una sola pieza, era una prenda especial y valiosa, esto nos ayuda a entender que tejer no solo era un oficio práctico, sino también una expresión de cuidado, amor y servicio dentro de la familia y la comunidad. Hoy tejer es una forma de preservar las tradiciones y crear estética en un mundo donde la rapidez y el uso inmediato hacen de nuestras prendas de vestir sea algo temporal y funcional.
